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viernes, 19 de marzo de 2010

Libros con alma...

“…Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien los escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte…”
Carlos Ruiz Zafón en “La sombra del viento”

Sí, lo comencé a leer y ya me atrapó para marzo y abril.

Y hablando de libros con alma, este fin de semana elijo de la literatura infantil uno que ya mencionè, El pájaro del alma. Ojo, no porque ataña a los niños sino porque los adultos quienes tenemos niños cerca no debemos olvidar ciertas cosas de la naturaleza humana, en pos de no amargarles la existencia.

El pájaro del alma
Mijal Snunit. Ilustraciones de Francisco Nava Bouchaín

Colección Los Especiales de A la Orilla del Viento

¿Qué es el alma? ¿En dónde se aloja esta sustancia espiritual que todos llevamos dentro, pero que nadie puede ver? ¿Nacemos con ella? ¿Es verdad que cuando alguien nos hiere, el alma entristece? Y que, cuando alguien nos hace enojar, se encierra en sí misma, silenciosa y abatida.
Para Mijal Snunit el alma es como “un pájaro que está de pie sobre una sola pata; con la otra –doblada bajo el vientre a la hora del descanso– gira la llave, moviendo la manija y todo lo que hay dentro se esparce por el cuerpo”. Quizá por ello el título de su obra: El pájaro del alma, reflexión poética que hace a un lado lo trivial para instalar sus alas en la conciencia de quien se sabe sumanamente vulnerable.

“Hondo, muy hondo,
dentro del cuerpo habita el alma.
Nadie la ha visto nunca
pero todos saben que existe.
Y no sólo saben que existe
saben también lo que hay en su
interior”,

así comienza esta expedición por lo recóndito de un aviario en el que la vida transcurre con la transparencia de los sentimientos cotidianos. Amor, alegría, tristeza, curiosidad, enojo, envidia, miedo, soledad, vacío…, encuentran respuesta en los íntimos prados de la voluntad.
“Hasta ahora no ha nacido hombre sin alma.
Porque el alma
se introduce en nosotros cuando nacemos,
y no nos abandona
ni siquiera una vez mientras vivimos.
Como el aire que respira
desde su nacimiento hasta su muerte”,

asegura el filósofo cuyo pensamiento y lenguaje conmueven al lector, llevándolo a discurrir sobre la esencia de su propio pájaro del alma.

¿De qué está hecha esta volátil sustancia? Es muy sencillo: de cajones y cajones que no se pueden abrir así nada más… Cada uno está cerrado por una llave especial, que únicamente posee el personaje en turno. Un cajón para la alegría y uno para la tristeza. Un cajón para la envidia, uno para la decepción y uno más para la desesperación. Uno para la paciencia y otro para la impaciencia. Uno para el odio, otro para el mal humor, y otro más para los mimos.
¡Cuántos cajones! Y eso que aún resta referirnos al de la pereza, el vacío y los secretos más ocultos. Éste último, un cajón que casi nunca abrimos, tal vez porque tememos dejar salir lo que hay dentro. A veces, el hombre puede elegir, señalar al pájaro qué llaves girar y qué cajones abrir. No obstante, a veces sucede que el hombre quiere callar y ordena al ave abrir el cajón del silencio; pero éste, por su cuenta, abre el cajón de la voz y el dueño de las gavetas habla y habla. El pàjaro del alma nunca es obediente, y hay que darle la libertad para abrir el cajòn que considere necesario.

Obra entrañable de la literatura infantil que cobija a lectores de todas las edades, El pájaro del alma establece un hábil código de interacción entre la razón, la emoción y el sentimiento. A la creatividad y espontaneidad con que el escritor aborda un tema tan complejo –por su cualidad de abstracto–, se une la sencillez de las ilustraciones de Francisco Nava: corazones, rostros multifacéticos, armarios, monstruos y seres amigables, fortalecen la experiencia lectora de quien, a cada página, va descubriendo la materia de su alma. Un libro para dialogar con uno mismo y escuchar, en silencio, los dolores y las alegrías del espíritu.

sábado, 6 de marzo de 2010

Libro del fin de semana

Así es -suspiró el coronel-. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.
Gabriel García Márquez

Hoy es cumpleaños de Don Gabo...Y a mi el sólo hecho de escuchar o leer su nombre me evoca muchos de los mejores momentos que he pasado frente a un libro. Hace muchos años que con sus "cien años de soledad" y su "amor en los tiempos del cólera" comenzó mi amor por escaparme a otros mundos posibles. Donde quiera que esté, feliz cumpleaños querido Don Gabo.

Terminó febrero y terminé de leer a los Maridos... Aún no tengo novela para marzo porque tengo ya entre ceja y ceja: sincrodestino (Deepak Chopra), uno de psicomotricidad en preescolares y uno más de lectoescritura. Así que va a estar en chino que me de tiempo para una novela... Pensaba leer La sombra del viento que está leyendo ahora mi José y me la recomendó, ojalá haya oportunidad.
__________



Este fin de semana hemos leído con los niños El león que no sabía escribir, pensaba que a San le encantaría y sería un pretexto para celebrar su nueva habilidad. Le gusto pero a secas... Y para mi sorpresa a Azul le encantó, sobretodo por el detalle de la Leona guapa e inteligente que tiene unos lentes pink como ella ;).



Un león que no sabía escribir, pero que le daba igual, total con sus dientes y su fiereza le sobra para hacer lo que quiera y tener atemorizado al personal que habita la selva. Pero un día se encuentra con una leona doble, leona por la especie y leona por el hábito: lee. Y justo cuando va camino de besarla, se acuerda de lo que un día le dijo un misionero antes de comérselo (señal de que comer misioneros siempre trae algo bueno): una leona que lee es una dama y a las damas se las conquista con cartas de amor.

El león hace uso de su fiereza y comienza a recorrer la selva amenazante y a todo aquel que se encuentra le exige que escriba la más bella carta de amor. Y lo hacen. Lo hace el mono, lo hace el hipopótamo, lo hace el escarabajo pelotero, la jirafa (con un triste final para ella), el cocodrilo y el buitre... Y claro, todos escriben la carta de amor con lo que más le gusta hacer a cada uno, pero eso al león no le sirve porque ¿le gusta trepar a los leones a los árboles?, ¿y los plátanos?, ¿las algas a caso?, ¿arrastrarse bajo tierra?, ¿el estiércol?, ¿sobrevolar la selva?...

Pues eso. No, no y mil veces no. No le sirve ninguna de las cartas que le escriben sus amigos.

Yo escribiría lo hermosa que es. Le escribiría lo mucho que me gustaría verla. Sencillamente, estar juntos. Estar tumbados, holgazaneando, bajo un árbol. sencillamente, ¡mirar juntos el cielo al anochecer! ¡Eso no puede ser tan difícil!

Rugía el león enfadadísimo y no entendiendo nada. Gritando lo que él escribiría si supiera escribir. Hasta que alguien le increpa: ¿Por qué entonces no escribió usted mismo? Y, ¿quién era? Sí. La leona.

El león reconoce suavemente su carencia y la leona, tras sonreír le empuja tiernamente con su nariz y se lo lleva con ella. Y tiene un final bien romántico.

Una historia genial, de lo más divertida, acompañada además por unas ilustraciones de trazos sencillos y colorido justo pero que matizan mucho el tono divertido de la historia caricaturizando a veces a los personajes, la fiereza dle león frente a la tranquilidad, por ejemplo, del escarabajo pelotero. Una historia que nos invita a jugar con las voces al contarla a uno o cincuenta oyentes. Una historia para contar y disfrutar de hacerlo. Un libro que juega con las tipografías en color rojo y aumentando el tamaño de la fuente conforme el león se va enfadando hasta ocupar una página entera.

domingo, 21 de febrero de 2010

Mi lectura off topic de febrero


A inicio de la semana pasada terminé Del amor y otros demonios, del cual voy a coleccionar unas letras que me gustaron, casi todas argumentos del Doctor Abrenuncio:

"El cuerpo humano no está hecho para los años que podríamos vivir"

"No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad"

"Ningún loco está loco si uno se conforma con sus razones"

"Así que lo escencial no es que tú no creas, sino que Dios siga creyendo en ti"

" La incredulidad resiste más que la fe, porque se sustenta de los sentidos"

"Siempre había pensado que dejar de creer causaba una cicatriz imborrable en el lugar en que estuvo la fe"

"(Las mujeres) Le parecían dotadas de un uso de razón intransferible para navegar sin tropiezos por los azares de la realidad"



Y como me sobraron días de febrero, estoy disfrutando de Maridos, de Ángeles Mastreta, una colección de pequeñas historias de esposas y maridos que me tiene encantada porque está muy digerible: tienes cinco-diez minutos, son suficientes para leerse una de las historias y dejarse tocar en las fibras más profundas. He reido, de derramado alguna lagrimilla, he soltado alguna duda y he atrapado alguna verdad...Y no he llegado ni a la mitad del libro ;)


Después de años de no verlo, Julia Corzas le abre la puerta a su tercer marido. Mientras juegan una partida de ajedrez, ella le cuenta historias de amor y desamor. Él se abandona a su voz y la escucha sin más que una pregunta final: ¿Y nuestra historia? ¿No vas a contar nuestra historia? En estos relatos de ingenio, variedad y elegancia estilística, Ángeles Mastretta ha ido a buscar el destello difícil de la pareja, el lugar donde la vida lucha con la costumbre y se renueva o desaparece. El tiempo de los maridos cruza clases sociales y épocas distintas. Devela sin herir y ríe sin olvidar. Un aire de familia une estas páginas con el hilo encantado del amor aun si ha perdido el encanto, del amor que se va pero reincide, traiciona pero alumbra, lamenta pero sonríe.

En el mundo literario de Ángeles Mastretta es tiempo de maridos. Tiempo para querer la serenidad antes y después de la pareja. Tiempo de imaginar una vida que vence a la costumbre o se rinde como quien triunfa. Tiempo de la pareja en vilo, en trance de ser y dejar de ser: la pareja fugitiva, cambiante, belicosa, alegre e irrenunciable.

miércoles, 3 de febrero de 2010

De lecturas y propósitos

Viviendo en medio de la vorágine que implica tratar de criar conscientemente a dos hijos a veces me olvido de mi misma dejo colgadas en el perchero mis necesidades, mis gustos, mis ganas de una siesta vespertina... Quién sabe si eso es bueno o malo, solo sé que ocurre, y a veces ni siquiera me doy cuenta de ello. Supongo que es algo inherente a la femineidad eso de ser expansiva, de abarcarlo todo, de acallar las necesidades de los otros y solo hasta sentir que hemos cumplido, dedicarnos a nosotras mismas... excepto cuando el sueño o el cansancio nos vence.


Nunca hago propósitos de año nuevo, ni es momento de hacerlos ahora. Pero me he propuesto que leeré un libro cada mes. Un libro por supuesto que no hable de niños ni de crianza (esos son aparte jeje), un libro para darme el placer de leer por leer, me parece un excelente pretexto para sentarme a solas conmigo misma y regalarme un viaje imaginario a un "otro mundo" aunque sea sólo unos minutos al día o en días alternos.

Comencé en enero Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, no lo he terminado pero es que comencé tarde jeje.

Para este mes del amor, me pongo uno cortito para terminar los dos a tiempo, voy a releer Del amor y otros demonios del adorado García Márquez, lo leí hace más de diez años e intuyo que esta vez lo voy a saborear de una manera distinta, lo cual me emociona.





Otra de las propuestas, (también para darme gusto porque la literatura infantil me fascina), es que voy a postear un libro infantil por semana de los que leemos en casa. La idea del meriendacuento desfalleció por falta de participantes pero nosotros le guardamos cariño. Así que seguiremos compartiendo aquí un libro por semana los fines de semana (quién sabe, tal vez alguno hasta con merienda incluida).







**La primera imagen la firma Chema Lera.