sábado, 30 de enero de 2010

De la muerte, la vida y las respuestas que vamos encontrando


Todos estamos obligados a morir porque pertencemos al gran ciclo de la naturaleza. Y por que la naturaleza nos dió un cerebro más complejo que el de otros animales, todos sabemos que habremos de morir, aun si la medicina aleja temporalmente las fronteras de la muerte. Esta certeza nos empuja a darle un sentido a nuestra existencia y a dejar un rastro de nuestro paso sobre la Tierra. Es por esto que pensamos, creamos obras de arte, inventamos y fabricamos todo tipo de cosas, transformamos el mundo y conquistamos el espacio, y erigimos tumbas para nuestros muertos. Aún si nuestra cultura no nos permite modificar nuestra naturaleza mortal, nos ayuda a tener conciencia de ella, a aceptarla y superarla.

San tiene días preguntando sobre la muerte, sobre el significado de la vida, a veces mis respuestas no le bastan por supuesto. Creo que a sus cuatro años comienza a darse cuenta que no tengo todas las respuestas y que incluso algunas de sus preguntas, siguen siendo cuestiones insondables no sólo para sus padres, sino para toda la humanidad. Leímos el texto anterior en la biblioteca, nos gustó a los tres como respuesta y papá insistió en comprar el libro para tenerlo a la mano en casa: ¿Contrarios? Un libro para ejercitar el arte de pensar.

Desde que somos muy pequeños aprendemos que las ideas se oponen y comprenden una gracias a la otra: La oscuridad sólo se entiende en oposición a la luz, la alegría a través de la tristeza, el frío por el calor...
Luego, nuestro pensamiento se vuelve más sutil y nos permite comprender nociones más abstractas. Pero siempre continúa necesitando a los contrarios para progresar y ayudarnos a comprender la realidad y a nosotros mismos.
Este libro propone al joven lector (y también, por qué no, a los mayores) una forma de ejercitar y desarrollar el pensamiento a partir de doce pares de opuestos que a veces también se fusionan o se vuelven complementarios.
Por eso, leerlo, conversarlo y rumiarlo es una forma de ejercitarse en el arte de pensar que es uno de los instrumentos más valiosos para habitar y participar en nuestro complejo mundo. Un libro que crece con los lectores.
Una obra que no da respuestas pero que alienta a buscarlas.


Ayer mientras leía, José Saramago me dió su opinión en un párrafo por demás interesante, en Ensayo sobre la ceguera , que no dudé en compartir con mi hijo:

"...Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de manera equilibrada y uniforme, por todos los días del futuro, incluyendo aquellos, infinitos, en los que ya no estaremos aquí para poder comprobarlo, para congratularnos o para pedir perdón, hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla, "

jueves, 28 de enero de 2010

Pesadillas maternas sin importancia ¿?


Podrá parecer una tontería, o no. Pero quiero compartirlo.

Anoche, todos dormían en casa menos yo que preparaba mi clase de hoy. Recibí una llamada, era la mamá de un amiguito de San pidiéndome permiso para que nuestros hijos jugaran en su casa hoy por la tarde...hasta aquí ningún problema, lo hacemos a menudo, nos reunimos dos o tres mamás en una casa a tomar un té mientras nuestros críos juegan. Pero esta mamá me propone pasar por ellos a la escuela y llevárselos a su casa, que las otras mamás pasemos por ellos al atardecer. Yo me quedé con el corazón en un puño...mi hijo es pequeño para pasar la tarde sólo con amigos...¿o no?...Le prometí una respuesta para el día de hoy por la mañana.

Pase una noche terrible, sopesando los pros y contras, pensando entre sueños si estaba siendo "posesiva" al no dejarlo ir sin mi, o si era muy permisivo dejarlo...perguntándome cómo se sabe cuándo los hijos crecen, siempre los vemos peques o hay un momento en que ya no?...Tuve hasta pesadillas. Ahora me río pero...soñé que esta mamá en cuestión llegaba e irrumpía en mi consultorio con dos de sus hijos mayores para recoger a San y que se lo llevaba diciéndome que irían de vacaciones...y mi hijo se iba tan felíz...


Llegó la mañana de hoy y yo aún no tenía una respuesta. Así que le conté a San:

- hijo, llamó la mamá de X, que si pasa por ustedes a la escuela para que jueguen en su casa.
- y tú mientras vas a platicar con ella y a tomar café?
- no hijo, yo llegaría después por ti
- No mami, no quiero irme sólo con la mamá de X.

Así, tan tranquilo y felíz, tan simple... No, no ha crecido, no está listo, ya me lo dijo él mismo ;) Respiro aliviada.
La imagen es de Daniela Wolpari.

miércoles, 27 de enero de 2010

Proyecto FRIO

Muy acorde con los tiempos, el proyecto de Meninheira para esta quincena nos invitó a jugar con la palabra FRÌO.
Para cambiar de estación nuestra ventana de la cocina, nos pusimos a hacer snowflakes con esta sencilla manualidad: Les ofrecí a los niños cuadros de ese plástico que viene ya con pegamento y un montón de recortes de papel china de distintos tonos azul.



Cuando terminaron de “nevar” en los cuadros, me dispuse a recortar siguiendo este patrón para principiantes jeje. Y así quedó nuestra ventana invernal.



Otro día por la tarde, se me ocurrió sacar una bolsa con calcetines pequeños, de esos que ya no les van quedando a los niños, y jugamos a “encalcetinar” muñecos para que no tuvieran frío.



De esos calcetines pequeños reservamos un par para jugar otra tarde. Vimos esta manualidad y quisimos hacernos nuestros propios pingüinos de calcetín.
Son facilísimos, sólo se necesita un calcetín oscuro y retazos de fieltro de los que siempre quedan por ahí. Los niños rellenaron con algodón, ya que tuvimos el cuerpo del pingüino les iba yo poniendo silicón (por ser caliente decidí manejarlo yo) y ellos ponían las piezas en su lugar.

Les quedaron tan bonitos y nos estábamos divirtiendo tanto que papá (quien llegaba del trabajo en ese momento) decidió unirse, fue corriendo a sacar uno de sus calcetines y se puso a hacer su “Papá pingüino” para que cuidara de los pingüinos pequeños… Por cierto, no hay mamà pingüino, como buena familia pingüino el que cuida las crías es el papá.


Viendo el éxito de nuestra tarde y visto que esos pingüinos tendrán una vida ajetreada, decidí esperar a que los dueños durmieran para pasarlos por mi hilo y aguja, y hacerlos más aptos a la “vida con niños”.



Y así quedaron, les presento a los nuevos habitantes de nuestra libroteca: Jerónimo (papá pingüino), Blaster (hijo pingüino) y Jeffers (hija pingüino, ausente la mayor parte del tiempo porque Azul se la lleva a donde vaya).

Cada dueño nombró a su pingüino, a mi me encantó que Azul dijera: la mía se llama Jeffets –y por qué Azu? Jeffets! como el pinguino de Olivet Jeffets! =) Lo cual por supuesto fue pretexto para leer de nuevo uno de nuestros cuentos favoritos.

martes, 26 de enero de 2010

Martes mudo de papá

Receta para una mañana entretenida: trigo en el piso... Y ya.





lunes, 25 de enero de 2010

La flor más grande del mundo


Ayer encontré un tesoro en la librería. Me llamó la atención ver el nombre José Saramago en la mesita de los libros para niños, así que me acerqué a hojear y me quedé semi-hipnotizada a leerlo completo. Por supuesto, me lo traje a casa. La verdad no lo compré para los niños sino simplemente por darme a mi misma el gusto de tenerlo. Ibamos en el carro y se lo iba leyendo a José mientras él manejaba (le fascinó por supuesto), pero, para sorpresa de los dos, al terminar la lectura vimos por el retrovisor que los niños estaban atentísimos a la historia y para rematar, San me dice, -mamá, lo puedes leer otra vez? Y Azu agrega: pero, muesta las imágenes mami...

Antes de subir esta entrada para recomendarlo, vine a googlearlo y me encontré un tesoro más grande, este video, lo acabamos de ver San y yo y estamos con una sonrisa en la cara y con el corazón contento e hinchado jeje. Lo vimos abrazaditos, mientras yo narraba a su oído lo que iba recordando del texto.

" ¿ Y si las historias para niños fueran
de lectura obligatoria para los adultos?
¿ Seríamos realmente capaces de aprender lo que,
desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?

Que lo disfruten tanto como nosotros.



Invitación: Charla atea entre blogs


Lanzo la invitación animada por el comentario de vilmati, viendo que hay varios temas de interés para compartir sobre la crianza sin dios.

La idea es: proponemos un tema o pregunta sobre el cómo vivimos el día a día de la crianza sin dios y quien quiera aportar sube una entrada en su blog, al final reunimos todos los links a las respuestas en una entrada. En este caso, como yo lanzo la primera ronda me comprometo a hacer la entrada correspondiente con las participaciones. Les parece bien si nos damos de plazo 1 semana para emitir nuestras aportaciones?


El tema número uno: La navidad.


Tanto papá como yo venimos de familias católicas, por tanto, no podemos aislar a los niños de ciertas influencias. O más bien, ciertas influencias permean a nuestra casa, queramos o no, aún si no provienen de nuestras familias extendidas, está la escuela, la televisión, los amigos.

Conforme van creciendo los niños, nosotros hemos ido buscando las respuestas con las que nos sentíamos más cómodos. Nuestros hijos ahora tienen cuatro y tres años, así que no hemos tenido mucho problema.

No sé muy bien por dónde comenzar a contestar a la pregunta. Me voy por subtemas:

El concepto de navidad: Les hemos explicado a nuestros hijos que en la noche del 24 de diciembre se celebra el nacimiento de un hombre llamado Jesús, un hombre importante para la historia de los humanos porque cuando fué adulto hablaba de la importancia del amor, de la importancia de compartir, del respeto. Todo en palabras super sencillas, con ejemplos de la vida cotidiana. Lo más simple. Tenemos en casa unas figuras de Little people que conforman la escena de navidad, y la ponemos como parte de la decoración navideña en una mesita al alcance de los niños de modo que hay una temporada del año (de estos últimos dos años) que los niños juegan con "la mamá María" "el papá José" "el bebé Jesús", los reyes y los animalitos. A mi me gusta que ubiquen en el juego la idea de "familia" como base. Les hemos dicho que en este día que se celebra este cumpleaños de Jesús se acostumbra cenar en familia por la misma razón, para celebrar que este hombre hablaba del amor y de todos esos conceptos que nacen dentro de la familia.

Calendario de adviento: este año hicimos uno, con dibujos de los "personajes" del nacimiento y un montón de estrellas y animales, que iban coloreando y pegando en la ventana de la cocina. Con la misma idea: cuántos días faltan para la cena familiar. Y de hecho, en base a que descubrí que les encantó la idea de ir siguiendo un calendario (los conceptos de día, semana, mes, de que cada día tiene un número, etc), ahora seguimos un calendario todo el año, lo colgamos a su altura y vamos viendo qué día es hoy y cuántos días faltan para tal o cuál cosa.

Decoración de navidad en casa: se coloca como colocamos la decoración de otoño, la de primavera, etc. Como una más de todas las épocas del año, en todas hay algo que celebrar.

Santa o papá Noel. No existe en casa, los Santas de las tiendas son hombres disfrazados que están ahí para recordarnos la historia de un buen hombre que regalaba a los niños. Incluso creo que tenemos por ahí algún libro infantil de Santa, pero ellos lo toman así, como un personaje de una historia más de las que hay en nuestros libros.

Reyes magos: bueno, aquí ya he dicho que tenemos un dilema, y al día de hoy no tengo respuesta que me acomode. Sobretodo por las circunstancias que nos rodean, no estamos sólos los cuatro en una isla sino que interactuamos (y muy estrechamente) con nuestras familias extendidas.

Estoy escribiendo a correvuela como lluvia de ideas así que seguro me quedo muchos detalles, pero quiero compartir ya esta entrada y darle el banderazo a esta idea. La verdad, nos sentimos un poco en medio del desierto con este tema y la idea de tener con quién hablar del tema nos emociona.

Gracias por participar.

miércoles, 20 de enero de 2010

"Libroteca"


Desde las vacaciones quedó lista y quería venir a presumirla... Se ha convertido en el rincón favorito de la casa.

lunes, 18 de enero de 2010

Rabietas


Más sobre Rabietas, nunca está de más leer y releer, sobre todo para tener las ideas frescas al respecto cuando suceden y no dejarme llevar por mis propios sentimientos de enojo al respecto. Al interiorizar las lecturas me hago mis propias conexiones cerebrales para que esté el camino habilitado hacia mi "cerebro racional" y poder ayudar mejor a mi hija a pasar por estos dolorosos episodios. Estos párrafos son mi resumen del tema como lo aborda el libro "La ciencia de ser padres" (ya saben, quitando lo que no me gusta, en este caso, quito por ejemplo la referencia al "tiempo muerto" y algunos otros detalles) :

**la imagen, de Paula Metcalf.

Debido a su intensidad las rabietas no solo asustan al propio niño sino que provocan en los padres sentimientos de impotencia, ineptitud, agobio o la sensación de estar a punto de estallar. Esto es particularmente cierto cuando las emociones intensas de los padres no recibieron la respuesta adecuada cuando eran niños. Controlar los sentimientos propios mientras dura la rabieta de un niño puede ser todo un arte. Es vital que la situación no se convierta en asunto de ganadores y perdedores sino que el adulto mantenga la calma y piense en formas de afrontar los sentimientos del niño.
Por qué las rabietas son importantes
La regulación emocional de los sentimientos del niño durante esta tormenta de emociones le permite establecer conexiones cerebrales esenciales para el control del estrés y la confianza en si mismo cuando sea mayor.
No todas las rabietas son un pulso de poder
Muchas nacen de un auténtico dolor emocional. Algunas contienen un dolor terrible como por ejemplo, la frustración de no conseguir que los amados padres comprendan algo sumamente importante para él.


Hay dos tipos distintos de rabietas:


Rabieta de angustia

Su estallido significa que se ha activado uno de los tres sistemas de alarma del cerebro inferior del niño (ira, miedo, angustia de la separación). Como resultado el sistema de excitación del niño queda descompensado y niveles excesivamente altos de cortisol recorren su cuerpo y su cerebro. Con estas dramáticas alteraciones el cerebro suspende sus funciones reflexivas y los centros verbales. Así que intentar hablar con el niño en este estado o esperar que nos hable de sus sentimientos es una pérdida de tiempo. Lo único que puede hacer es descargar sus emociones.
Se debe tomar en serio estas rabietas y responder con comprensión y sensibilidad al dolor. Enfadarse con la angustia genuina del niño significa que este nunca llegue a desarrollar mecanismos inhibidores en su cerebro superior: imaginemos a un hombre que da patadas a una máquina expendedora que no funciona bien.
Ayudándole a afrontar sus intensos sentimientos de ira, frustración o angustia contribuimos a que el niño desarrolle conexiones cerebrales que le permitirán calmarse en situaciones de estrés. Los niños se sienten muy reconfortados cuando descubren que los adultos pueden calmar y entender las tormentas que sacuden sus cuerpos y cerebros. Pero se trastornan mucho cuando, ante su terrible dolor emocional, mamá se enfada o lo deja solo.
Cómo tratar las rabietas de angustia: puntos clave.
Recurre a acciones simples y tranquilas, ofrécele una elección sencilla por ejemplo si está trastornado por tener que vestirse.
La distracción es una técnica fabulosa porque activa el sistema de búsqueda del cerebro inferior, le despierta la curiosidad y el interés en algo y esto se impone por naturaleza a los sistemas de ira y de angustia. También libera dopamina (importante sustancia química de excitación positiva del cerebro que reduce el estrés).
Abraza a tu hijo con ternura, la cercanía de tu cuerpo tranquilo le devuelve el equilibrio a sus sobreexcitados sistemas de alarma corporal y estimula la secreción de oxitocina y opioides.
En ocasiones basta sentarse tranquilamente junto al niño y hablarle con voz suave.
Evita usar el “tiempo muerto”, si tu mejor amiga estuviera llorando y retorciéndose por el suelo no la dejarías sola.
Recuerda que la angustia de tu hijo es auténtica. El niño de dos años que chilla porque le han quitado un carro de juguete no pretende hacer una escena. Los estudios demuestran que la sensación de pérdida activa los centros del dolor del cerebro y causa una angustiosa falta de opioides. Los niños pequeños llevan pocos años en este mundo y no cuentan con una perspectiva clara de la vida. Los adultos contamos con un bagaje de conocimientos y experiencias que nos dicen que la pérdida de un juguete no es un hecho grave.


Rabietas del pequeño Nerón
La actividad cerebral que tiene lugar durante una rabieta de angustia es muy distinta a la que caracteriza las rabietas del pequeño Nerón. El niño que sufre una rabieta de angustia no puede pensar ni hablar racionalmente. En cambio, el niño que tiene una rabieta de pequeño Nerón utiliza sus lóbulos frontales o cerebro superior para mostrar un comportamiento calculado y deliberado. Es importante que las diferenciemos. Si recompensas a menudo las rabietas de este tipo cediendo a las exigencias del niño corres el riesgo de moldear en él un sistema de Ira muy sensible en su cerebro. Es así porque la mera experiencia de la ira sin la capacidad del pensamiento racional puede hacer que la ira acabe formando parte estructural de la personalidad del niño.
Técnicas para hacer frente a estas rabietas.
Pronuncia un “no” claro y firme e intenta controlar tu propia rabia. A ningún ser humano le gusta que le controlen.
Enfréntate con firmeza a las órdenes de tu hijo. Explícale con claridad y firmeza que las órdenes no se toleran como medio para conseguir lo que uno quiere.
Háblale del encanto social. Funciona mejor con niños mayores, con un cerebro superior más desarrollado: “si pretendes dar órdenes a la gente, no querran escucharte. Si quieres algo de mí ¿puedes pensar en una forma de pedirlo que despierte ganas de complacerte?
Recurre al humor y al juego. “Parece que tienes muchas ganas de dar órdenes, hagámoslo juntos con el cepillo de dientes” “Ven aquí ahora cepillo de dientes!” La treta sirve para redituarle y entrar ambos en el mundo del humor. También sirve para enseñarle que no tomas en serio los abusos.


Distingue entre las rabietas de angustia y las de pequeño Nerón. No siempre es fácil y además una puede conducir a la otra. Obviamente nunca hay que recompensar frases como “cómprame un bollo YA!” Pero si el niño tiene una reacción de angustia ante tu negación, necesitará ayuda para calmar sus emociones. El mensaje que has de transmitir a tu hijo es “no acepto órdenes pero te ayudaré si estás sufriendo” Todos los mamíferos están genéticamente programados para reaccionar con ira cuando no reciben la recompensa deseada y sus lóbulos frontales no están desarrollados para apaciguar esta emoción.

miércoles, 13 de enero de 2010

Hijos sin dios


Nosotros, los grandes de la cama, no nos hemos detenido mucho a pensar en la idea de "transmitir" una religión a los niños. Y es que nos cuesta tanto trabajo a nosotros mismos digerir la idea Religión!

Por un lado está nuestra propia visión: Si, hay un orden que equilibra este universo, existe el bien y el mal, pero existen mezclados, en constante equilibrio...Y por otro lado están las costumbres religiosas, las iglesias, que no nos atrevemos a imponer a los niños por conflictos de principios. No se puede llevar a la práctica total la Autonomía Moral (tú decides como actuar y eres respnsable de las consecuencias agradables o desagradables) y al mismo tiempo "apelar" a la idea de un dios que todo lo ve, todo lo registra y juzga como bueno o malo.

Para nosotros la idea de espiritualidad se manifiesta en cada uno de nosotros mismos, en el destello que se percibe en las entrañas cuando nos abrazamos, cuando nos sonreimos, cuando contribuimos a que este mundo sea un mejor hogar para todos los que estamos en él.

El otro día mi hijo (confundido por enfrentarse a las ideas de su abuela) me dice: -Mamá, pero dios es un señor o una estatuita? -Mamá, pero tu dices que como papá y tú se aman tanto decidieron unirse y entonces nacimos mi hermana y yo, nos formamos en tu panza y nacimos...pero dice mi abuela que dios nos hizo...¿dios nos hizo chiquitos y nos puso en tu panza? ¿cómo? ¿nos metió por tu boca?...

Dice Clarissa Pinkola que las mujeres en busca de su parte "salvaje" alguna vez se encuentran en un claro del bosque una calavera que contiene dentro una vela, cuya luz ilumina hasta los rincones más recónditos de la psique. Para mi, mi calavera han sido mis hijos. Bajo la luz de su mirada y de sus interrogantes sobre la vida he visto mis fortalezas y mis miserias, ante esa luz no es posible esconder nada o fingir nada, somos lo que somos, hay que ser auténticos y sólo de ahí se alimentan y crecen los hijos. Por eso es que las respuestas que busco para darles deben ser las más auténticas, las más simples pero completas, las más apegadas a mi intuición; por eso es que no hay lugar en mi modo de crianza para una religión.

Toda esta reflexión viene al caso porque quiero agradecer públicamente a Ximena Ianantuoni que amable y cariñosamente hizo llegar su libro hasta mis manos. Xime, a nombre de los grandes de esta cama te repito que es un honor y un placer haberlo leído, nos sentimos acompañados en este sinuoso (y hasta mal visto) camino de la crianza sin dios.

*Aunque no puedo llamarla crianza atea aún, tal vez por lo que mencionas en el libro, que es dura la palabra y para ciertas personas no es fácil asumirla. Nos quedamos como agnósticos, -nos encanta la definición de la Wikipedia- a lo mejor por comodidad, a lo mejor porque nos falta crecer un poco más, a lo mejor porque aún no terminamos el duelo del dios de nuestra historia personal.

Este es un artículo de Ximena, que refleja la escencia del libro (haciendo click se hace un poco más grande y se puede leer mejor):

martes, 12 de enero de 2010

jueves, 7 de enero de 2010

Los niños hacen lo que ven

Me llegó hoy a mi correo este video, ya lo había visto antes... Y ambas ocasiones me ha puesto a pensar. No tanto ya en mi manera de actuar -qué ya sería todo un tema-, pero también, qué cosas actualmente vemos como "normales" y son dañinas para nuestra tribu, para la humanidad, para nuestro planeta.

El ejemplo más doloroso, lo que comentabamos el domingo con una amiga, para casi todo el mundo es absolutamente normal ver a un bebé llorando en la carreola, a una mamá jalonear a un niño en el super, etc...Ya saben, cómo dice Laura Gutman, nosotros los adultos, los peores depredadores de la cría humana (y ya no digo la del vecino, =0 de la cría propia de nuestras entrañas ).

Un ejemplo más "light" pero no tanto... A Azul le trajeron los reyes magos una muñeca que viene con todo un kit de doctora (porque le fascina jugar a inyectar, vacunar, auscultar y por supuesto consolar a sus muñecos, -otro punto para el tema "hacen lo que ven"-) ...Sacamos todos los aditamentos y me dice -Este es su bibedón? -No hija, es un termómetro. A lo cual responde -No mamá, es el bibedón poque sino con qué va a tomar su leche?
Plop!! Como para irse de espaldas ¿no? ... Ella, a quien he amamantado por más de tres años y ni siquiera sabe tomar en biberón!


lunes, 4 de enero de 2010

Laura Gutman


Comienza mi 2010 con muchas cosas recién estrenadas, entre ellas dos libros. El primero: Crianza, violencias y adicciones de Laura Gutman.

Las cosas no están fáciles para nosotras, las mujeres, divididas entre la conquista del mundo externo y la reapropiación de las instancias femeninas. Cuando, además, aparece el niño pequeño con necesidades básicas impostergables, demandando amor, brazos, paciencia, comprensión, leche, cuerpo, mirada y sostén, sentimos que la voracidad del bebé es exagerada y que no podemos abarcarlo todo. Si no comprendemos la angustia y desesperación que nos inunda, solemos utilizar las opiniones actuales sobre educación y crianza de los niños para resguardarnos en el hecho de abandonar al niño y salvarnos. Así, se establece una "guerra de deseos" en el vínculo con el propio hijo, aun cuando se trate de un bebé deseado, esperado y amado, que también nos llena de ternura y compasión.

Y como también estreno la ilusión de tener dos amigas-casihermanas embarazadas, quiero dedicarles a ellas esta entrada para presentarles a Laura Gutman. Qué mejor forma de presentar a alguien que dejarlo hablar por sí mismo...
Estos videos son de una entrevista que le realiza Rolando Graña, en seis partes. Duración total unos cincuenta minutos, pónganse cómodas...












sábado, 2 de enero de 2010

Más sobre mi dilema "Reyes Magos"


- Papá, quisiera que me compraran unos "guerreros Gormiti" (ahhh la mercadotecnia...unos monos que conocimos en la juguetería en días pasados, y San no ha dejado de hablar de ellos)

- y por qué no se los pides a los Reyes, sabes, faltan pocos días para que vengan

- es que yo prefiero que me los compren ustedes...


Hoy vengo a releerme y no sé si tendré que comerme mis palabras del otro día... Cuando son peques los hijos es mucho más fácil eso de contarles la historia de los reyes magos, hacerse a la ilusión con ellos y dejarse llevar. Yo hasta hace unos días pensaba que mi respuesta correcta al dilema mentir-no mentir sobre los reyes magos era: no, no es mentira, es alimentar la ilusión, hacerlos vivir la magia que recuerdo haber vivido yo.

Pero estos días me he enfrentado a uno que otro dialogo con mi hijo de cuatro años y la verdad, ante su mirada inquisidora y sus preguntas totalmente bien estructuradas y fundamentadas, me he sentido muy incómoda de darle falsas explicaciones. Me siento rarísima, no lo siento correcto. La mayoría de las veces me he quedado callada y su padre ha respondido pero luego, hablándolo nosotros sólos, tampoco él se siente cómodo.

Ese "yo prefiero que me los compren ustedes" me caló en el corazón. Mi hijo confía cien por ciento en nosotros, y prefiere hacernos la petición directamente a sus padres y no a tres ajenos, imagino que por la simple y sencilla razón de que tratándose de sus padres sabe de cierto que será escuchado y tarde o temprano complacido.

Así que, vuelvo a estar en un dilema... Debemos o no, queremos o no, que nuestros hijos "crean" en los reyes magos?

Por lo pronto -por hacerme de una conclusión e irme a la cama hoy sin razones para el insomnio-, pienso que la pauta la marcan ellos, el día que vea en uno de mis hijos el menor atizbo de duda, me sentiré libre de darle fin a este cuento. Eso sí, conservando (como fué en mi caso), la tradición y la ilusión de recibir regalos el seis de enero.