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¿Por qué escribo este Blog?

Cuando me tocaba presentarme solía decir que era una persona “normal” hasta que tuve a mi segunda hija. Ahora puedo decir que era “normópata”. Una persona que va por la vida sin cuestionarse mucho. Tuve a mi primer hijo, al que amamanté por 5 meses para después entregarlo a los horarios del biberón, simplemente porque en aquel momento creí que era lo adecuado, que el niño durmiera sólo en su cuarto, que el padre pudiera dormirlo para que “participara en la crianza”… Como madre normópata trabajaba de 8 de la mañana a cinco de la tarde, tiempo durante el cual mi hijo era hijo de sus abuelas (afortunadamente no pisó guardería, sus abuelas siempre estuvieron dispuestas a hacerle un nido cálido y amoroso mientras yo “aprovechaba el tiempo” con mi profesión).

En esa inercia de vida llegó a nuestra familia la segunda hija. Y fue hasta entonces, en mi segundo puerperio, cuando comencé a darme cuenta de cuántos rincones oscuros había en mi. Resulta que mi hija no venía dispuesta a ceder, que no se quedaba sola en la cuna, que no aceptaba ni gota de leche de fórmula, que no dormía (y no dejaba de llorar) mientras no estaba en mis brazos.

Así, con una hija colgada en la teta y un bebé de casi dos años que nunca había tenido a la mamá en casa por tantas horas seguidas navegué en la oscuridad del puerperio, cuestionándome si las decisiones tomadas tenían algún sentido para mi felicidad, para la felicidad de mis hijos. Ahí comenzó el giro de 180 grados que dio mi vida como madre, pero yo aún no me había dado cuenta de ello.

Como a esas alturas no había posibilidad de dar marcha atrás, tuve que seguir trabajando. Todas las mañanas dejaba a mis hijos con alguna de las abuelas y partía hacia el trabajo disfrazada de “mujer moderna”, la imagen a la que aspiran muchas, esa que nos vende el sistema para engancharnos como esclavas: la moderna mujer que tiene una casita blanca con jardín, una familia feliz, marido, dos hijos, un perro, pero además –y casi casi por sobre todas las cosas- una vida profesional exitosa.

Oculto bajo la bata blanca, bajo el olor a perfume y la sonrisa ejecutiva, llevaba el vientre machacado por una faja posparto, llevaba los pechos doloridos y goteando leche, llevaba el instinto de madre amordazado para poder abandonar a mis crías sin culpa.

Como dije antes mi segunda hija no aceptaba la fórmula, y no podía quedarse sin comer hasta que yo volviera del trabajo, así que abrí un buscador de internet y escribí: Extracción de leche materna. Nunca hubiera imaginado -y creo que en ese momento no me percaté de- el mundo que se abría ante mis ojos, el mundo de las mamás conectadas por la internet.

Con la perspectiva que me dan poco más de cuatro años de distancia y las experiencias vividas hasta ahora podría narrarlo casi novelescamente.

Una tribu virtual me esperaba del otro lado de la pantalla, hermanas a distancia viviendo las mismas experiencias que yo, en tiempo real pero en espacios tan alejados que ni siquiera compartían el mismo continente.

La pantalla de mi consultorio se transformó en una ventana abierta en donde siempre podía encontrar compañía y comprensión. La mayor parte del tiempo seguía realizando mi trabajo como médico de empresa pero ahora además cada uno de los minutos de ocio los podía aprovechar para abrir aquella ventana y encontrar a mi tribu: Un foro de mujeres con las que a golpe de tecla compartía cada detalle de la experiencia más intensa que he tenido en la vida, ser madre.

Aprendí claro sobre extractores, sobre tiempos de almacenamiento de la leche. Iba resolviendo todos y cada uno de los baches que se presentaban en mi lactancia, de la mano (virtual) desinteresada de mujeres a quienes ni siquiera les conozco la cara o la voz o siquiera el nombre real, mujeres al otro lado del mundo que tuvieron cinco o diez minutos para regalarme y que les debo lo impagable, haber propiciado en mi cabeza un cambio radical de ideas.

Todo comenzó por resolver dudas de lactancia pero día a día, renglón tras renglón aquellas relaciones del foro se hacían más cercanas, más intensas y más variadas. Así que ahora también escribía mis dudas de la crianza.

Cuando a nadie a mi alrededor le hubiese interesado oírme hablar de mis hijos y mucho menos hubiesen podido opinar acertadamente, tuve la suerte de contar con esa ventana en mis horas laborales.

Afortunadamente la tribu virtual (el foro) que elegí me fue proporcionando la capacidad de discernir qué clase de persona, qué clase de madre quería ofrecer a mis hijos. Y fui llenándome de lecturas que me revolucionaban las ideas, que me cuestionaban hasta las entrañas de mi propia infancia.

Las semillas que leía germinaron hacia la vida diaria y los cambios se fueron haciendo patentes poco a poco, lenta pero consistentemente fui desgranando cada una de las sentencias que antes consideraba inamovibles: el trabajo de tiempo completo, el estilo de crianza (dónde duermen los bebés, qué implica un castigo, qué es un castigo, qué significa respetar a un hijo, qué esperan mis hijos de mi, qué espero yo de mi misma como madre, como mujer?).

Una mañana cualquiera me topé con Blogger, y decidí que era buena idea ir guardándome en este formato un “cuaderno de campo” en donde podía almacenar información, tenerla a la mano para futuras consultas y poder compartirla vía internet con mi esposo. Era algo así como nuestro archivero virtual de lecturas interesantes sobre la crianza de los niños.

Quienquiera que sea madre me entenderá, la maternidad es una experiencia tan intensa que todo el tiempo sientes que se te resbala por entre los dedos, se vive tanto y tan profundo que una quisiera guardárselo todo, todas las palabras dichas en legua floja, todos los gestos, todos los olores y colores. Mi cabeza no da para tanto así que aquel Blog de artículos de crianza comenzó a ser además el reservorio extra que necesitaba mi memoria.

Sin haberlo planeado así, también en torno al blog encontré tribu, mamás que al igual que yo cuentan con una “casa” en el séptimo continente y que tienen las puertas abiertas para compartir sus propias vivencias a cambio de leer las mías.


Dice Laura Gutman que una pareja de padres no es suficiente para criar un hijo, que se necesita toda una aldea. Lo sé de cierto, lo he vivido. En la sociedad actual nos creemos tan modernos que nos hacemos de la vista gorda ante las dificultades y nos empeñamos en tratar de subsistir como familias nucleares (mamá, papá e hijos) en casas cerradas, cuadradas y perfectamente urbanizadas, solos. Menos mal que a las madres que no nos resignamos nos queda esta vía de escape que ofrece la internet, hay muchos caminos:

Social media es excelente por supuesto, te mantiene en contacto rápido y eficaz con tus conocidos, basta cambiar tu estado para obtener apoyo, aliento, respuestas de aquellos que consideras tus amigos.

Los foros virtuales, que algunos consideran obsoletos, yo creo que no han caducado. En un foro no sólo tus amigos opinan, sino también gente que puede tener una visión muy distinta a ti. Lo cual siempre es útil. Gracias a un foro virtual yo comencé a cuestionarme el rumbo de mi vida y nunca estaré lo suficientemente agradecida por ello.

Los blogs y páginas personales. El blog sin duda es mi sitio preferido. Es mi salita de estar en el séptimo continente, quien viene de visita pasa y se toma una taza de té conmigo, le cuento las últimas anécdotas de mis enanos, mis reflexiones diarias, mis fotos de cómo han crecido en tan poco tiempo estos niños que me dejan boquiabierta, en resumen me siento acompañada en mi maternaje. Gracias a este espacio satisfago mi arcaica necesidad femenina de sentarme de cuando en cuando en círculo alrededor de la fogata junto a las mujeres de la tribu para celebrar la vida, para aprender de las más viejas y para mostrar el camino a las más novatas.



Ale Gutiérrez.


2 comentarios:

Carolina dijo...

querida Ale, me han encantado tus porques, se aproximan tanto a los míos!!!
Me siento muyyyy acompañada a una gran distancia, miles de KM entre madres y una cercanía extrema!
Desde España!

Chío López dijo...

No tenía idea de que fueras una mamá con un Blog. Me encanta escucharte, y ahora me encanta leerte.
Yo por mi parte me siento dichosa de haber encontrado una tribu urbana no-tan-virtual, y bueno, mi pequeño y segundo bebé, Emilio, es tan feliz como yo de haberte encontrando.