jueves, 24 de abril de 2008

Rebozo o el continuum de mi país


Comentaba en un foro sobre el día que entendí el concepto del continuum:

....un día, esperando el verde del semáforo volteo a mi izquierda y veo una señora humilde con un chiquito de la edad de mi hija colgado a la espalda con un rebozo vendiendo chicles y dulces en una canastita...tras ella, sobre el camellón jugaban tres niños de unos 3 a 5 años. Yo confieso que antes (mi Yo de antes de la crianza con apego) pensaba: uy pobre bebé, todo encogido en el rebozo, no le hará mal para su desarrollo psicomotor? no le hará deformes los piecillos? Y uy que madre irresponsable, los niños jugando en el camellón y si se bajan a la carretera? es una vía rápida por dios! - Y de pronto ese día en el carro lo ví bajo el cristal del continuum, y entendí porque ninguno de esos niños habia sido nunca atropellado!


Y desde este día reconozco que me quedo embobada cuando veo pasar a una de estas mujeres indígenas, sin acceso a libros, a revistas, a blogs, a foros de crianza, es más sin saber leer o escribir...pero que siguen fervorosamente su instinto, y no se despegan de sus crias hasta que el niño mismo con sus pasitos se va alejando de ellas; no saben hacerlo de otra manera, pero ni falta que les hace...lo hacen como pueden si, pero curiosamente, lo hacen bien.
Esos niños si que tienen carencias y muchas, pero a cambio tienen algo que otros perdieron en aras de esta vida moderna, contacto con mamá las 24 hrs del día. Tal vez muchas mamás tenemos algo que aprender de estas mujeres, a confiar en nuestra naturaleza, en nuestro cuerpo, en asalvajarnos como diría la Gutman y reconocer que somos el mejor alimento y el mejor sustento de nuestra cría por lo menos hasta los dos años.
Ojalá nos atrevieramos a defender ese nuestro rol más importante, el de criar, ojalá pudieramos como ellas, hacer continuum aún trabajando, con el bebé colgado a la espalda y con el mayor rondándonos la falda...


El ejemplo de amor y de trabajo de nuestras madres indígenas nos llega en forma de pañuelo o tela portabebé. Puede tener formas simples, más complejas, las telas pueden ser abrigadas o frescas, pero el objetivo es el mismo: acunar y proteger al recién nacido de una manera natural y anatómica que permita continuar con el trabajo en la tierra, en la casa o atender a los niños más grandes.
Desde su nacimiento el bebé centra su atención en su mamá y la reconoce por el olfato, por la voz y el ritmo de su corazón. La pérdida de la experiencia de estar dentro del vientre materno se elabora con el contacto físico con la mamá. Por este motivo, este sistema está recomendado para recién nacidos y especialmente para bebés prematuros, ya que maximiza el contacto con la mamá al permitirle a ella moverse con su niño a cuesta sin descuidar sus quehaceres. Una experiencia satisfactoria de este contacto es lo que garantizará el buen desarrollo motriz y psíquico del niño en sus primeros meses de vida. Bien cerca de mamá, el bebé está abrigado y tiene el pecho a disposición. La mamá, por su parte, puede usar sus manos para las tareas habituales y llevar a su hijo consigo a donde quiera que vaya sin temor a que se caiga, sin esforzar los brazos ni la columna y protegiéndolo en todo momento con su calor. Aún se siguen viendo las sillitas porta-bebé que no sólo lastiman la espalda de la mamá sino que son perjudiciales para la columna en desarrollo del bebé! Estas sillitas lo obligan a adoptar la posición vertical cuando aún no está preparado para ello. Además, cuando el chiquito duerme su cabeza queda colgando hacia un lado, siendo esta una posición muy incómoda y antinatural para dormir. ¡Qué distinto se ve un bebé dormido en un rebozo, envuelto en una tela suave y recostado sobre el pecho de su mamá!
El rebozo significa el amor de la madre hacia el hijo, la salud y el bienestar de ambos, el trabajo en la tierra y en la casa; es la simpleza de una tela que abraza y protege a nuestro pequeño. Una manera natural de acompañar el crecimiento de nuestros hijos.

lunes, 21 de abril de 2008

Malcriar = Criar mal, con poco cariño.

Es lo que predica el Dr Carlos González, y yo no puedo estar más de acuerdo.


Ilustración de Patricia Metola


Encontré esta entrevista:



Entrevista a Carlos González
Fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna.
Se ha impuesto la moda de no coger en brazos a los niños porque, según se dice, se les malcría.
Pues se trata de todo lo contrario. Malcriar significa criar mal, con poco cariño, sin cubrir las necesidades básicas del niño. La relación con otras personas, particularmente con la madre, es una necesidad básica del ser humano. Por exceso de cariño no se educa mal a nadie.

¿Hasta qué edad es conveniente hacer caso en todo momento al bebé?
Hay que usar la lógica: ¿no pretendemos que se nos haga caso toda la vida a los adultos? Pues con los niños igual. Lo normal es atenderles.

¿Pero no pueden aflorar así generaciones de niños consentidos?
El riesgo está en ofrecerles cosas que uno cree que no hay que darles. Si un niño te pide veinte caramelos, es evidente que no se los vas a dar. Pero el problema es que, según ciertas teorías educativas, a pesar de que el pequeño te pida algo que no es malo para su salud y que está a tu alcance, te dicen que se lo niegues por decreto para que aprenda que no lo puede tener todo. ¡Pero es que eso ya lo va a aprender en la medida que pide cosas imposibles! Por eso, cuando deseen algo tan normal como ser cogidos en brazos, hay que hacerlo. El concepto de prohibir para demostrar quién manda aquí es aberrante.

No parece muy amigo de la frase 'hay que educar frustrando'.
No creo que la frustración eduque. De lo contrario, estarían todos muy instruidos. De las miles de cosas que pide un hijo hay muy pocas que realmente le puedas dar ¡Puñetas, pues démoselas! Si el padre se tiene que ir a trabajar y no puede atender al chaval, qué le vamos a hacer, pero si el poco tiempo que estamos con él nos pide que juguemos y no le hacemos ni caso, ¿qué relación mantenemos? Circulan teorías que dicen que el problema es que los niños están muy consentidos. Eso es falso. A los chavales se les da mucho menos de lo que se ha dado a cualquier otro niño de la historia. No me refiero al que te pide la Play sino al pobre chaval que quiere abrazos, mimos y jugar.

¿La generación que menos afecto recibe de la historia?
Pues sí, por un motivo muy sencillo: nunca antes habían acudido niños de pocos meses a pasar 8 ó 10 horas en una guardería, un recurso que no existía hasta los años 50. Incluso hay quien cree que es una experiencia deseable, porque allí les estimulan. Como mínimo debemos aceptar una cosa: los niños de hoy pasan mucho menos tiempo con sus padres que hace unos años, que es precisamente lo que más quieren. No se puede decir que se salgan siempre con la suya. Es más bien al contrario.

¿Por qué abomina de las guarderías?
En algunos casos son necesarias, pero deberíamos tener bien claro que son un mal menor. El niño está mejor si le cuidan sus propios padres.

Pero en la guardería comienza el proceso de socialización...
Ni mucho menos. Eso es un mito. A los niños de menos de tres años les importa un rábano que haya otro niño al lado. Les ves jugando y no socializan. Sientas a cuatro en el suelo y cada uno está a lo suyo. Los niños socializan cuando son mayores.

No comulga en absoluto con esa visión de niños consentidos, incluso tiranos, que observan psicólogos como Javier Urra.
No me he leído su libro, pero quienes lo han hecho me han dicho que el título espanta aunque su contenido no está mal. Javier Urra, en todo caso, era el Defensor del menor en Madrid. Desde luego que con defensores así no hacen falta fiscales. Si por algún motivo han llegado a criarse los niños como son ahora, no se puede decir que sea por exceso de cariño. Estamos hablando de jóvenes atiborrados de actividades extraescolares, que han crecido entre canguros, que lo han tenido todo menos afecto. Los padres, eso sí, compensan todo ello con muchos juguetes. A ese niño le están dando sustitutos baratos de lo que de verdad es niño pide.

¿Qué opina del famoso Duérmete niño ? ¿Es mano de santo?
Estevil, al autor, propugna dejar al niño llorar un día un minuto, luego tres, cinco... Sí, el sistema funciona. Al cabo de unos días ya no se despierta a media noche ni se molesta en meter ruido porque sabe que sus padres no van a venir. Pero, después de unos años, ¿cómo pretenden esos padres que su hijo les confiese que se droga si desde los dos años le han enseñado que no le van a hacer caso?



Videos


No me puede faltar guardarme videos del Dr. Carlos González, los primeros sobre la comida, que tengo un hijo de los que "no comen nada", se dice fácil pero hay que tener mucho aguante a la frustración y temple para no obligar a un hijo a comer. Cada vez que veo estos videos mi conciencia se tranquiliza y dejo de comerme las uñas pensando en cómo sobrevive (y juega incansablemente) un niño de tres años a base de dos mamilas de leche, un pedazo de bolillo y rollitos de jamón...



Y luego estos videos sobre la lactancia, me encanta la metáfora sobre la silla de ruedas vs caminar / biberones vs lactancia materna. Definitivamente este hombre es mi ídolo.

Y es que así de simple es: yo que soy médico podría recitar los beneficios nutricionales e inmunológicos de la leche materna, y no lo hago, lacto a mi hija porque es lo que toca, porque es parte de mi vida y de su vida, porque es lo NORMAL.

viernes, 18 de abril de 2008

Autorregulación y lactancia


Traido de criaryamar.com:


Reich formuló su Teoría de la Autorregulación en oposición al psicoanálisis y su Teoría de la Frustración. Según la Teoría de la Frustración para que un niño avance en su desarrollo es necesario frustrarle, porque sino, no pasaría a la etapa siguiente, se quedaría siempre atascado en el Principio del Placer y no accedería al Principio de Realidad.

Según OTTO FENICHEL, psicoanalista, es necesario “enseñar al adulto la conducta apropiada” porque “los instintos pueden ser peligrosos” y necesitan de un control por parte del exterior. Es por ello que los psicoanalistas, aunque varían en cuanto al tiempo recomendado de lactancia, hablan siempre de un destete precoz (dentro del primer año de vida). Por ejemplo, WINNICOT recomienda el destete en torno a los 9 meses. La Teoría de la Frustración parte de la idea de que los niños no saben y hay que enseñarles, hay que marcarles el camino para que lleguen a ser seres sociales, a dormir correctamente, a comer lo debido, ... . Estas ideas están detrás de la mayoría de las costumbres en torno a la crianza que vemos a nuestro alrededor. En el fondo hay una desconfianza hacia el niño, se piensa que si se respetan sus necesidades no va a ser capaz de ser autónomo, no podrá salir de la fusión. Sin embargo, en la práctica se observa que cuanto mas placer ha podido disfrutar un niño, mas creativo se muestra, mas alegre, con mas capacidad para salir de situaciones negativas, para reivindicar lo positivo, para ser sociable, ...Para lograr la independencia es necesario un largo periodo de dependencia, que no interesa a nuestra sociedad.
Reich, que fue también en su inicio psicoanalista, se separó con el tiempo de las ideas de Freud. Hasta entonces el psicoanálisis ortodoxo había observado tan sólo lo que en su época era habitual. Reich tiene en cuenta también los datos aportados por los estudios antropológicos (Malinowsky, ...), a través de los que conoce otros tipos de crianza y sociedades. También sus descubrimientos en su labor como terapeuta le llevan a separarse del psicoanálisis tanto en su forma de trabajar como en la explicación del origen de los problemas (además, en el trabajo en terapia con adultos puede verse con claridad lo que no hay que hacer con los niñ@s).

Posteriormente Reich también amplió sus investigaciones con la observación del desarrollo de niñ@s en ausencia de intervenciones externas innecesarias y en condiciones idóneas, para tener mas datos acerca del niño sano (hasta entonces sólo se había prestado atención a los posibles trastornos y alteraciones, al niño enfermo, y no al sano).


La Autorregulación es la capacidad, presente en todos los seres vivos (unicelulares y pluricelulares), de regular espontáneamente las propias funciones vitales, de conectar con las propias necesidades básicas y buscar su satisfacción. Por necesidades básicas entendemos el alimento, el descanso, la actividad sexual (cuando hablo de actividad sexual, no me refiero a actividad genital exclusivamente, sino a la sexualidad en un sentido amplio, a todo lo relacionado con el placer) y la vivencia de seguridad afectiva (Ej.: Llevar a los bebes en brazos era una necesidad primaria para defenderlos de los depredadores). Cuando, es decir, como seres vivos que somos, nacemos con la capacidad de saber qué es lo que nos da placer, seguridad, lo que nos nutre, lo que necesitamos dormir, ... y de dar los pasos necesarios para lograrlo. Todas estas cosas no se aprenden, ya las sabemos, y cambian en función del nivel de maduración. Y desgraciadamente, si esta capacidad de autorregulación no se puede ejercer debido a intervenciones exteriores, se puede perder.
Autorregulación es algo que viene de dentro, y se opone a “Educación”, que es algo que viene de fuera.Pues bien, en el inicio de la vida extrauterina, la lactancia materna es el medio a través del cual los bebés cubren todas las necesidades primarias mencionadas: les proporciona alimento, seguridad, afecto, placer y descanso (los bebés en general se duermen al pecho).


Tanto la O.M.S. como UNICEF recomiendan un mínimo de 6 meses de lactancia exclusiva a demanda, y un mínimo de dos años de lactancia combinada con otros alimentos. La lactancia materna compensa la inmadurez de su sistema inmunológico y es sin duda el mejor alimento para el bebé, que se adapta además a sus necesidades cambiantes. Cualquier leche de fórmula no hace sino intentar imitar a la materna. Además la leche materna no es siempre exactamente igual: la del inicio contiene mas agua, la que viene a continuación mas cantidad de proteínas y la del final es mas grasa. Esto hace posible que el bebé pueda regular su ALIMENTACIÓN a través de la duración de sus tomas, del tiempo que pasa sin mamar, mamando de un pecho o de los dos, ... siempre que no introduzcamos elementos extraños (chupete, biberón, ...) o intentos de control externo (reloj, ...). Además como la producción de leche materna se origina en función de la succión, nos encontramos con que cada madre produce la cantidad de leche que su hijo, y no otro (todos somos distintos) necesita. Si sus necesidades de nutrientes se incrementan, mamará mas frecuentemente una temporada hasta lograr un nuevo equilibrio.
La lactancia materna también produce PLACER. En el inicio de la vida la boca es el lugar del cuerpo mas cargado energéticamente. El bebé, cuyo desarrollo es cefalo-caudal (es decir, madura primero sus ojos, su boca, ... después sus brazos y mitad superior del cuerpo, ... y por último sus piernas ya cercano al año de vida), se relaciona con su entorno principalmente a través de la boca. A través de la boca conoce el mundo y su propio cuerpo (primero los dedos, las manos, luego los pies, ... y poco a poco cualquier otra parte del cuerpo u objeto al que pueda tener acceso), y esta experimentación le produce placer. En palabras de Michel ODENT, “La sexualidad es un todo, en todos los episodios de la vida sexual, nacimiento, lactancia, ... son las mismas hormonas (oxitocina, prolactina, endorfinas,adrenalina) las que están implicadas y el mismo escenario el que se reproduce”. De hecho, cuando la lactancia es satisfactoria, pueden observarse en bebés muy pequeños orgasmos orales (los bebés se sonrojan, los labios comienzan a temblar, los ojos se entornan y acaban relajados y dormidos), que en un inicio los médicos confundieron con ataques epilépticos. Desde el punto de vista Reichiano, el orgasmo es el medio a través del cual regulamos la energía de nuestro organismo, evitando que se acumule energía que podría producir con el tiempo enfermedades.

La lactancia materna también debiera producir placer en las madres (y en muchas mujeres es así), y es precisamente el motivo por el cual se mantiene la lactancia en otras especies mamíferas, es lo que “motiva” a las hembras a amamantar). Los motivos que han llevado a que muchas mujeres no sientan el amamantamiento como una experiencia placentera, e incluso en muchos casos sea vivido como algo incómodo, desagradable o incluso doloroso, es un tema que nos llevaría mucho tiempo y que se relaciona estrechamente con el tipo de sociedad en el que vivimos y el modo en que hemos sido criadas.

Por lo tanto, como relación sexual que es, son muy importantes las condiciones en las que se da de mamar. Es necesario un marco de intimidad en el que la madre y el bebé puedan mirarse relajadamente a los ojos y disfrutar del momento. Una vez mas nos encontramos con que todo en la naturaleza está muy bien pensado, porque los bebés comienzan a enfocar rudimentariamente a una distancia de unos 20 cm, precisamente la distancia que separa los ojos de la madre de los del bebé en la posición de amamantamiento. Por eso una madre que mira amorosamente a su hij@ mientras lo amamanta, previene, tal como afirma Federico Navarro, durante los primeros 15 días de vida el astigmatismo, y durante los primeros meses la miopía.


De hecho, lo primero que hace un bebé al nacer, si el ambiente es lo suficientemente tranquilo y las luces no demasiado potentes, es buscar los ojos de su madre. Busca los ojos de su madre y después su pecho. El mejor momento para comenzar la lactancia es dentro de la primera hora de vida, cuando el instinto de succión es mas fuerte. En ese momento la lactancia no se inicia por hambre (por necesidad de nutrientes), sino por una búsqueda de placer y SEGURIDAD. El bebé acaba de estar unido a través del cordón umbilical a su madre hasta ese mismo momento, por lo que no puede tener hambre. Además, aunque tuviera hambre el calostro no podría saciarle porque, aunque cumple una función muy importante a nivel inmunitario, el calostro no tiene apenas calorías. El contacto de la boca y el pezón y el contacto ocular vienen a sustituir la unión entre la madre y el bebé que durante el embarazo se ha producido a través del cordón umbilical. Por eso proporciona también seguridad. Su madre (sus sonidos, su presencia) es lo único que conoce y su mundo se ampliará muy poco a poco a través de ella. Los bebés necesitan mucho contacto, y ante cualquier susto es lo que les devuelve la calma. La teta es el recurso mas útil para calmar a un bebé (si la madre está calmada, claro) y el mas recomendable, porque un bebé, especialmente durante el primer año de vida, se ve desbordado por sus emociones para las que aun no tiene filtro ni defensa ninguna (así será hasta que el neocortex se ponga en funcionamiento con la aparición del lenguaje, ...). En palabras de OSTERREICH: “las emociones infantiles, mientras duran, ocupan toda la “escena psíquica”, y no dejan sitio para otros elementos; de ahí su carácter total y absoluto”.

¿Y por qué los bebés necesitan tanto contacto? Los cachorros de cualquier otra especie tienen desde muy pronto diversos recursos con los que defenderse: unos vuelan, otros tiene pinchos, otros veneno, otros se camuflan, otros corren, ... En cambio, dada la inmadurez del bebé humano y el largo tiempo en que esta permanece, la especie humana ha tenido que desarrollar otros recursos para poder sobrevivir. El recurso que ha desarrollado nuestra especie es el vínculo. BOWLBY fue el primer autor que comenzó a investigar sobre el tema y su Teoría del Vínculo es el resultado de ello. El vínculo es un lazo establecido entre dos personas que garantiza la supervivencia de la especie, ya que supone la tendencia natural a lograr y mantener un cierto grado de proximidad corporal con respecto a la figura de apego.


La primera hora de vida, tal como afirma MICHEL ODENT, es un momento crítico en el que hay una impronta hormonal que favorece después el vínculo. También hemos dicho que es el momento crítico para el inicio de la lactancia (una casualidad mas). Pero el vínculo no es algo inmediato, sino que a partir de aquí hay que ir fomentándolo. El contacto corporal tan estrecho que supone la lactancia, asì como las hormonas que se producen durante ella (por ej.: la oxitocina es conocida también como la hormona del amor y la producción de endorfinas hace mas probable que la madre y el bebé deseen permanecer juntos) favorecen el establecimiento de un vínculo seguro.

En realidad cuando hablamos del vínculo, hablamos de seguridad, pero también y sobre todo de AFECTO. Afecto y seguridad son dos palabras que en las primeras etapas de la vida son prácticamente inseparables. Un niño que se siente querido es un niño que se siente seguro. De la misma manera que no tiene sentido mirar al reloj para ver si es el momento de dar un abrazo, tampoco tiene mucho sentido mirar al reloj para decidir si amantamos al bebé o no. Si nuestra pareja nos pide un beso, no creo que nos daría por decirle, “no, que te acabo de dar uno hace 5 minutos”. La lactancia a demanda va generando una confianza básica en la vida (mis necesidades son atendidas, el mundo es un lugar agradable) y en uno mismo (“de mi depende, yo valgo” o “de mi no depende, y yo no valgo nada”) que suponen el fundamento de la autoestima. Un niño amamantado a demanda con contacto será confiado, sin alto nivel de ansiedad, y buscará la relación con el otro llegado el momento.

Otra de las necesidades básicas de los bebés es el descanso, y si se lo permitimos, los bebés prefieren dormirse al pecho. Este dormirse en la teta no es un capricho, sino que forma parte de los mecanismos de supervivencia de nuestra especie. Un bebé para sobrevivir necesita de su madre, así que no puede permitirse el lujo de quedarse dormido en cualquier parte. Si se “despiertan” de vez en cuando es también para comprobar que su madre permanece por allí. Necesita tener la seguridad de que su madre está cerca para velar su sueño, sino fuera así los depredadores hubieran acabado con los cachorros humanos en un santiamén.Además prolongar el sueño artificialmente es peligroso.

Otra cuestión es ¿hasta cuando?. Como decía al inicio, se recomienda un mínimo de dos años de lactancia, pero la verdad es que los dos años son una época difícil para añadir cualquier cambio importante (destete, la llegada de un hermanito, ...) a los que ya se dan de por sí ( vuelta a la madre, control de esfínteres, comienzo del lenguaje, aparecen los rudimentos del pensamiento racional, ...). YOLANDA GONZALEZ recomienda llevar a cabo el destete cercano a los 3 años porque es mucho mas sencillo. A esta edad la etapa oral finaliza y la succión pasa de ser una necesidad a un placer, que además va perdiendo su fuerza frente a otros placeres (masturbación, juegos sexuales con otros niños) que a partir de ahora tomarán protagonismo siempre que su entorno lo permita. Sin embargo, la lactancia puede aun continuar. Diversos estudios que hacen extrapolaciones a partir de otros mamíferos teniendo en cuenta diversos factores (momento de la salida de los dientes definitivos, peso alcanzado en relación a la del adulto, ...) sitúan el fin de la lactancia en torno a los 6 años.


Resumiendo: La alimentación no es el motivo por el cual la lactancia se inicia, ni tampoco después es su única función. La lactancia proporciona, además de nutrientes, placer y una vivencia de seguridad afectiva. Además la lactancia y otros procesos madurativos se ven estrechamente relacionados y recíprocamente potenciados, permitiendo y favoreciendo la autorregulación de muchos procesos madurativos (desarrollo sensorial, desarrollo psicomotor, influencia de la succión en el sistema craneo-sacral...).
De todas maneras creo que amamantar a un bebé no puede ser algo impuesto desde fuera, y hay algunos casos en que puede incluso ser contraproducente si ciertos conflictos personales no han podido ser resueltos.


Charla impartida por Estíbalitz Vegas Gonzalez, psicóloga para la Jornada sobre "Parto, Lactancia y Crianza para la mujer de hoy” organizada por la Asociación Amamantar

martes, 15 de abril de 2008

Mujeres cercanas al otro lado del mar


Tengo varias vecinas con hijos pequeños, salimos por las tardes y mientras nuestros hijos juegan juntos nosotras intercambiamos algún comentario, nada más. No son mis amigas, no comparto muchas de las cosas que pienso y siento. Están ahí a mi lado y las siento tan lejanas a mi.


Sin embargo, soy afortunada de decir que tengo un grupo de amigas, mi red de madres, con las que mi identifico totalmente, con quienes discuto mis pensamientos a quienes confieso mis sentimientos...qué raro es decirlo pero mis amigas más cercanas la mayoría viven en otro país, y las más en otro continente. Nunca nos hemos visto a la cara y nos conocemos tan bien, no he escuchado nunca sus voces y lo que dicen me parece tan conocido, no nos hemos dado la mano y caminamos por los mismos rumbos, nunca nos hemos abrazado y nos queremos. Nos separa un océano y somos tan entrañablemente unidas...

Me siento así, afortunada de tenerlas, de saber que cada una dedica un poquito de sí, un poquito de su tiempo y su realidad para entrar en este mundo virtual y alimentar esa tribu que somos, que necesitamos.




Como escribe Laura Gutman:


No me cabe ninguna duda que los seres humanos estamos diseñados para vivir en comunidad. En cambio la modalidad que impera en las grandes ciudades modernas, da prioridad a las familias nucleares, prefiriendo aún más a las familias constituidas por una sola persona. Este sistema suele generar buenos frutos económicos, al menos para unos pocos.


Por otra parte, la mayoría de las mujeres modernas hemos elegido terminar una carrera universitaria o lograr un buen puesto de trabajo, en lugar de tener una vida semejante a la de nuestras madres y abuelas.


Pero cuando –casualmente y contra todos los pronósticos- nace un niño, la soledad y el desconcierto para las madres es moneda corriente. Porque no hay comunidad que nos avale, nos sostenga, nos ampare, nos transmita sabiduría interior, o satisfaga cualquier necesidad, física o emocional.


Muchas de nosotras pretendemos atravesar la maternidad utilizando los mismos parámetros con los que estudiamos, trabajamos, tomamos decisiones, luchamos, nos hacemos valer, generamos dinero, elaboramos pensamientos o practicamos deportes. Confiamos en que la maternidad no podría ser más compleja que lidiar con cincuenta empleados a cargo todos los días.


Sin embargo...solemos comprobar que se trata de otro nivel de complejidad.La mayor dificultad consiste en “dejar el mundo real” para “ingresar en el mundo onírico” de la fusión mamá-bebé, y aunque cada una de nosotras reacciona en forma diferente durante el puerperio, sólo en la medida en que estemos bien sostenidas, estaremos en condiciones de sostener al bebé.


Hoy no tenemos aldea, ni comunidad ni tribu ni vecindad en muchos casos. A veces tampoco familia extendida. Pues bien, necesitamos crear apoyos modernos y solidarios. De lo contrario no es posible entrar en fusión con el bebé.


No es posible amamantarlo, ni fundirse en sus necesidades permanentes.Las mujeres tenemos que organizarnos. Una posibilidad es crear grupos de apoyo, o de encuentro, o grupos de crianza abiertos para que las madres encontremos compañía con nuestros hijos en brazos, comprensión de nuestros estados emocionales y aceptación de nuestras ambivalencias....


la imagen es de Patricia Metola

viernes, 11 de abril de 2008

Semillas...


Hoy vengo con una sonrisa en la cara, hace unos días comencé un nuevo "proyecto" en casa, sembrar semillas de plantas medicinales (comencé con tomillo, caléndula, manzanilla y menta). Ayer por la tarde descubrí el primer botoncito verde que nació, una caléndula crecerá en mi maceta!

Puede parecer una tontería -o no- la alegría que me causa, depende del cristal con que se mire...como todo en la vida...tú decides si es mágico o si es un hecho ordinario.

Nació mi semilla dándome la alegría de decir que soy capaz de sembrar caléndulas (antes de ayer sólo tenía cuatro macetas llenas de tierra).
La ilustración es de Pati Metola

Y eso me recuerda que desde hace tiempo quería guardarme aquí un pedacito del libro "El nacimiento de una madre" de Pascale Rosfelter:


"Cualquiera sea la diversidad de las sociedades humanas y sus costumbres específicas, son siempre los "momentos culminantes de la vida" - nacimiento, pubertad, casamiento y muerte - los que originan los ritos y las ceremonias. Porque en todas partes y en todas las épocas, convertirse en padre es dejar de ser nada más que un niño nacido de sus padres. Se cambia de lugar en el orden de las generaciones y eso provoca inseguridad. Ningún ser humano escapa al vértigo de esta etapa de su vida en la que uno se convierte a su vez en padre de un ser todavía desocnocido, surgido de un acto amoroso. Y calquiera sea su cultura, los padres que testimonian en este libro evocan el vértigo de la toma de conciencia de su propia finitud, de su relatividad. Poner un niño en el mundo es un criterio de verdad.
Como la muerte, la irrupción de la vida trastorna al individuo que somos y a la idea que tenemos de nosotros mismos.
Porque en el fondo, recordémoslo, el único contrato que tenemos con respecto a nuestros hijos es el de poner a su disposición un período de nuestra propia vida, ese que ellos necesitan para llegar a su autonomía. Y para esto no hace falta ser un padre "perfecto"; conviene simplemente conducirse como un adulto responsable y, si es posible, justo.

los bebes dan nacimiento a sus padres..."

jueves, 10 de abril de 2008

Una mirada diferente (religión)

Nosotros, los grandes de la cama, no nos hemos detenido mucho a pensar en la idea de "transmitir" una religión a los niños. Y es que nos cuesta tanto trabajo a nosotros mismos digerir la idea Religión! Por un lado está nuestra propia visión: Si, hay una luz, hay un orden supremo que equilibra este universo, existe el bien y el mal...Y por otro lado están las costumbres religiosas, las iglesias, que no nos atrevemos a imponer a los niños simplemente porque ni nosotros mismos aguantaríamos.

Para nosotros Dios existe pero no se manifiesta dentro de la iglesia sino en nosotros mismos, en el destello que se percibe en las entrañas cuando nos abrazamos, cuando nos sonreimos, cuando contribuimos a que este mundo sea un mejor hogar para todos los que estamos en él. Dios no es una persona concreta, es ACCIÓN.

Hoy me quedo masticando esta reflexión por este artículo que leí en el blog "vamosviendo". Y es que no me considero "atea", creo en un Dios, está implicito en mi relación con mis hijos y así se los transmito (oramos, nos damos la bendición al despedirnos). Aunque, al menos por ahora, los excento de la mayor parte de las tradiciones impuestas por la iglesia y la religión de sus abuelas.

Ilustra Pati Metola



El verdadero valor del juego


El próximo agosto entraremos en el "mundo escolar" y creemos haber encontrado la mejor opción de escuelita para nuestro crío mayor...pasamos de largo aquellas con método directivo en dónde la maestra se para en frente de la clase, lo sabe todo, lo resuelve todo, lo guía todo. La escuela elegida lo fue porque tiene como columna vertebral el JUEGO, las relaciones interpersonales, la resolución de conflictos.

No me interesa que mi hijo de tres años aprenda otro idioma, ni siquiera a leer o a escribir. Me interesa que vaya contento a la escuela, a jugar, a compartir su tiempo, que el mundo de las letras y los números se le presenten como una forma de hacer el juego más interesante, la lectura como un medio y no como un fin por ejemplo.

Ilustra Pati Metola.


Pone Luis María Pescetti en su blog:


"…el hombre es más frágil ante la racionalidad tecnológica o administrativa de lo que nunca fue ante las instituciones tradicionales. En la marea del crecimiento y del delirio organizativo o planificador, aumenta el prestigio que se concede a las actividades útiles. El trabajo invade la totalidad del campo de la experiencia del hombre y los comportamientos cuya redituabilidad no es evidente se debilitan o desaparecen. El pensamiento institucional nunca ha sido tan fecundante y tan integrista. El hombre nunca ha tratado, con tanta obstinación, de borrar de su horizonte la parte de utopía, de azar y de imprevisto sin la cual su vida no sería distinta de la vida de las abejas o las hormigas."
Jean Duvignaud. El juego del juego.


El sistema tradicional de educación siempre está preocupado por ser científico, y no sólo científico en general, sino por parecerse a una ciencia exacta. Algún oscuro complejo de inferioridad debe haber atrás de esa errónea pretensión. "Ser científico" da un respaldo que nos vuelve inobjetables: no estamos en el continuamente cambiante terreno de la experiencia humana, sino en el de la ciencia con todo el aura de poder que da el "conocimiento objetivo". De esa manera nuestro discurso, al estar respaldado por datos científicos, se vuelve tan cierto como la distancia de la luna al sol o el punto de ebullición del agua.Así se gastan enormes cantidades de tiempo y energía en hacer métodos y planificaciones que, las más de las veces, se quedan en el intento de atrapar la realidad. Eso que tendría que ser una ayuda para ordenar la tarea, facilitarla, se vuelve un elemento más que hay que atender; no hay que seguir el tiempo del grupo sino el del programa.Pero no queda sólo ahí: cualquier cosa que se intente hacer con los niños tiene que estar justificada "científicamente" y en relación al programa. Es entonces que aparecen libros de recreación con indicaciones tales como: "Este juego desarrolla la memoria y la atención", "Este juego desarrolla la coordinación psicomotriz", "…desarrolla la coordinación en el espacio", "…el sentido de equipo". Como si fuéramos máquinas con botones o engranajes que necesitan tal ajuste, tanto de aceite.De la misma manera que a los cuentos se los utilizó como vehículos de mensajes morales, a los juegos se los usa con objetivos pedagógicos. Lo repetiremos: las lecciones disfrazadas de juego son una trampa que el niño siempre reconoce.Claro que los juegos enseñan, pero es imposible traducir a palabras todo lo que ocurre en un juego, como es difícil buscar el "mensaje" de un cuento y traducirlo a palabras. Cuanto mejor es el cuento esto es más imposible.He encontrado libros con excelente material, pero que tenían una lista que aclaraba qué desarrollaba cada juego: astucia, rapidez, agilidad, imaginación, ritmo, concentración, reflejos, gusto por el riesgo, etc. De poco sirve un material bueno si está en función de una idea equivocada. Es un error grave ver al niño como un montón de facultades a desarrollar (memoria, sensorialidad, músculos, etc.).Debemos hacernos dos preguntas:¿Cuál es la mentalidad que busca la justificación de un juego en el desarrollo de potencialidades (memoria, atención, etc.)?¿Qué visión del hombre es la que, aún si darnos cuenta, estamos utilizando y desarrollando? (¿Una concepción mecanicista? ¿El hombre como una máquina de producir?)Este es un aspecto clave para debatir, al menos para que cada uno tenga en claro al servicio de qué idea está poniendo sus esfuerzos.Sólo una sociedad enferma como la nuestra necesita una justificación para permitir el juego.En el otro extremo están quienes utilizan los juegos como elementos de mero entretenimiento, de distracción, para calmar a los niños cuando el grupo está muy excitado. Hacer esto es como utilizar un piano para sostener libros o una guitarra para leña; se puede, pero nos estamos perdiendo lo mejor.Un juego es una totalidad muy compleja que apunta a una infinidad de aspectos. No es una herramienta de adiestramiento. Se parece más a una obra de arte: nadie ve un cuadro para desarrollar su sensibilidad al amarillo. Podríamos decir que un juego es como una obra de arte (en la mayoría de los casos: anónima y colectiva) que sólo existe cuando se la practica y para quienes la practican, no para los que miran de afuera.Los juegos son importantes porque enseñan alegría, porque nos arrancan de nuestra pasividad y nos colocan en situación de compartir con otros. Así como la danza nos cuenta de algo que sólo con danza se puede contar, los juegos enseñan algo que sólo los juegos enseñan y que no se traduce en palabras. Brindan un buen clima de encuentro, una actitud distendida, nos revelan torpezas de un modo que no nos duele descubrirlas, cambian los roles fijos en un grupo, son otra manera de incorporar una sana y necesaria picardía, despiertan, "desactivan la bomba". Por sobre todo, y esto corre el riesgo de sonar a telenovela barata, son un constante mensaje de vitalidad que se graba en quienes los realizan, aportan una especie de combustible vital básico.Al igual que el carnaval nos invitan a que nos olvidemos de nuestra propia cara, de nuestra manera habitual de ser y nos pongamos otras máscaras, otros roles. Quizás veamos que en nosotros también hay otros y que esos juegos los despiertan e invitan a salir y revelarse. Obtendremos, por un momento, aquello que tanto anhelaba Borges: el alivio que da dejar de ser nosotros mismos.Como señala Jean Duvignaud, lo valioso de los juegos es que rompen el orden establecido y nos colocan en una zona, en un "caos", que está más allá de toda preocupación de eficacia, de finalidad, de utilidad. Zona de "caos" que está cargada de intensa vitalidad y de frescura.La justificación de los juegos radica en su misma intensidad, en cierta fascinación perturbadora que producen, en su vértigo.Una actividad lúdica bien utilizada es una poderosa herramienta de cambio.Los juegos son herramientas de la alegría, y la alegría además de valer en sí misma es una herramienta de la libertad.


viernes, 4 de abril de 2008

...entendiendo el Continuum...


Voy a guardar hoy una traducción de mi amiga Marta para un artículo de Abigail Warren encontrada en la página del continnum (www.continuum-concept.org). Y la guardo porque después de haberla leido y masticado, viene a revolucionar un poco mi propia forma de maternar. Esto de ser madre es definitivamente un eterno despertar, una lucha diaria. Hoy toca contra el "child-centered"...sigamos aprendiendo.


Gracias a Marta-Ledi por el esfuerzo de ponerse a traducir aún con Tres rondándola y gracias a Pati Metola por la ilustración.


Restableciendo la Armonía

Una historia de una madre


"When you're doing it right, your needs are the same as the child'sand you don't have to choose between them." Jean Liedloff


“Cuándo lo estas haciendo bien, tus necesidades son las mismas que las del niño y no tienes que elegir entre ellas.” Jean Liedloff


Mi “crisis maternal” empezó pronto después del nacimiento de mi hijo, Jacob. En aquel momento me dí cuenta que una intensa ira emergía de mi hija Becky, que acababa de cumplir tres años. Empezó a tener frecuentes rabietas, a comportarse mal deliberadamente, y lo más descorazonador, a golpear a su hermano Jacob. Becky había sido una pequeña bastante sociable y llevadera. Sí claro, habíamos tenido momentos que no eran precisamente perfectos y unas cuantas “batallas de intereses”, pero habían sido infrecuentes y breves. Siempre me había sentido en armonía con Becky. Ahora, había algo que iba mal, y su ira se intensificó y se hizo más profunda entre su tercer y cuarto cumpleaños.

¿Como mi preciosa pequeña, que había sido amamantada amorosamente a demanda (y seguía siendo amamantada), que había dormido en la cama familiar desde su nacimiento, a la que nunca se le regañó, se le gritó, ni se le castigó, me podía hacer esto a mí?. Yo siempre me había considerado una madre “culta”, me había leído toda la literatura “correcta” acerca de “guiar con amor”. Y ¿no había yo hecho todas las cosas que se suponen que una madre amorosa debe hacer- llevarla al parque casi todos los días, pasar interminables horas jugando con ella, y lo más importante, dedicar mi vida a ser madre, postponer todas mis necesidades y sacrificar hasta mi alma por mi niña?

Mientras pasaba ese año, y yo observaba a mi adorada hija ponerse cada vez más agresiva, me convencí a mí misma que aunque había satisfecho muchas de sus necesidades amamantandola y durmiendo con ella, su comportamiento adverso era el resultado de no haber tenido la completa experiencia en su fase en brazos, que acababa de leer en “El concepto del Continuum”, que no había leído hasta que Becky tuvo tres años. El mensaje de Jean Liedloff era tan poderoso, y mientras llevaba a mi recién nacido en brazos, me dolía la pérdida de esa experiencia en Becky. Trataba de consolarme centrándome en las cosas que había hecho bien. La había transportado en bandolera o en mochila gran parte del tiempo, desde luego había sido amamantada y acogida en la cama familiar desde su nacimiento… pero no había estado en brazos las venticuatro horas del día. Su nacimiento había sido muy traumático, y se pasó tres días en el hospital, aislada y con mínimo contacto humano. Yo respondía inmediatamente siempre que ella lloraba, pero ella había llorado mucho en muchas ocasiones en su silla del coche.

Si hubiera sabido antes, pensaba yo desconsoladamente. La hubiese llevado en mi cuerpo esos seis primeros meses de su vida, más o menos. Y si lo hubiera sabido antes, pensaba, ahora no estaría teniendo esos problemas.


La transformación empieza

Después de volverme agónica sobre esto durante de un año, y habiéndose endurecido las explosiones de rabia de Becky, telefoneé a Jean Liedloff para una consulta por teléfono, justo antes del cuarto cumpleaños de Becky. Los ataques de Becky a Jacob se producían totalmente fuera de control, y yo me sentía totalmente fuera de control. Me sentía deprimida; nunca había imaginado que la maternidad se podía convertir en algo tan doloroso. Necesitaba comprobar a través de Jean que la rabia de Becky era el resultado de no haber estado en brazos 24 horas al día. O ¿había algo más- algo a lo que yo permanecía ciega? Después de todo, ¿porqué no estaban todos los otros niños que yo conocía, que no habían tenido esta fase en brazos, tan rabiosos?.

Con comprensión y calidez, Jean inmediatamente me capacitó para enterrar mi culpa sobre el nacimiento de Becky, su terrible experiencia hospitalaria, y su falta de una completa experiencia en brazos. Tuve que reconocerle todo lo bien que lo había hecho, y darme cuenta que era mucho más dañino llevar a cuestas mi culpa y remordimiento. Basándose en lo que yo le conté, ella inmediatamente sospechó de dónde venía la ira de Becky. No era la consecuencia de no haber sido llevada en brazos 24 horas al día, era el resultado de que yo había estado demasiado centrada en ella, me explicó.

Jean procedió a describir todos los errores comunes cometidos por padres que genuinamente tratan de hacerlo todo bien (llevando en brazos a sus hijos, amamantando y durmiendo con ellos). Aterrorizados por hacer algo mal y tratando duramente de salvar a nuestros chicos de toda la agonía que nosotros sufrimos de pequeños, nos sobrepasamos, precisamente en la dirección contraria (a lo que Jean se refiere como centrados-en el niño). Tratamos demasiado duramente de complacerles, y demasiado duramente de no enfrentarnos a ellos. Estamos demasiado atentos y demasiado sacrificados (¿Cómo Jean me conocía tan bien?). Parecemos culpables y ansiosos en nuestro trato con nuestros hijos, les pedimos permiso, y continuamente razonamos, explicamos y pedimos perdón. Todo esto pone al niño al control, y desde que lo que el niño por naturaleza quiere y necesita no es estar al control, sino una madre que lo esté, hace al niño inseguro y a veces enfadado.

“La niña necesita una madre que confíe y sea tranquila”, explicó Jean. “Una madre que sepa lo que hay que hacer, y que no le pida permiso a su hija. Puede parecer lo contrario, que la niña esté luchando por más control, pero irónicamente ella está luchando para no llevar el control y te está presionando para que te mantengas firme. Cuándo un niño siente que puede llevar el control, su impulso es presionar para ello. Ella no resiste esto, ya que es la naturaleza humana y es para lo que está programada.”


“La vida de un niño depende de sus padres. Ella espera de ellos protección, fuerza, y certeza. Ella quiere que ellos sepan qué es qué, lo que está bien, lo que está mal, qué hacer y a dónde ir. “Tu eres la adulta, mami, así que no me preguntes qué quiero hacer. Quiero que tu sepas, así puedo observarte, y seguirte, y ayudarte. Estoy tratando de empujarte hasta que te mantengas de pié y calmada, hasta que te mantengas firme. Así podré sentirme a salvo y segura, me podré relajar y contar contigo. No quiero ser capaz de presionarte, eso me pone nerviosa, pero si tu pareces tambaleante voy a seguir empujándote hasta estar segura que no te caerás. Empujaré y empujaré hasta que haga que tu sepas lo que haces, y entonces me encontraré bien. Entonces pararé de observarte y de probar tu fiabilidad”.

“No le ruegues y supliques por todo” Jean siguió. “Si le suplicas, tiene el poder, y eso la pone nerviosa porque significa que tu no estás segura de ti misma, y que le ruegas aceptación. Cualquier mujer adulta que le suplica a una niña de cuatro no es de fiar. No le preguntes a ella qué quiere hacer, díselo, pero asegúrate que no se lo dices de forma enfadada. Sé práctica y dulcemente dile lo que tú quieres que ella haga. Trátala como tu aliada, como si ella quisiese hacer lo que le dices, y como si ella estuviese escuchando. Y no le des interminables explicaciones y razonamientos; eso tiende de nuevo a sonar como súplicas.

“Incluso cuándo abraces a tu niña, mira si de alguna forma le pides perdón, o le suplicas de alguna forma”.

Jean tenía razón, había tratado tan duramente de complacer a Becky y siempre tratando de darle sus propias elecciones. Le habían preguntado a dónde quería ir, y lo que quería hacer. Ella no había sido una pequeña muy demandante, pero sí se había convertido en una niña muy demandante, pareciendo que quisiese constante atención. A la mayor parte de sus reclamos, yo (y mi marido) acudiríamos obedientemente a sentarnos y jugar juegos infantiles. Si tuviese que declinar la petición de Becky para jugar, le suplicaría ansiosamente perdón, “Oh, Becky, lo siento, de verdad que tengo que terminar de hacer la cena. Te prometo que jugaré contigo más tarde, vale?” Me sentiría culpable cuándo realizase tareas de adulto porque pensaría que debería pasar más tiempo con Becky, haciendo lo que ella quisiera. Nunca se me ocurriría que hacer lo que yo quisiese, no significase pasar menos tiempo con Becky.

Yo estaba tan influenciada por las historias de esas madres devotas que felizmente dejan sus casas todas revueltas, las facturas sin pagar, y la ropa sucia apilada, sintiendo que lo importante es estar con sus hijos, inmersas en sus actividades porque “después de todo, solo son pequeños una vez”. Cuánto más leía, más me veía inmersa en esto.


“La niña no debería sentir que se espera de ella que te dirija, y tu no deberías estar centrada en ella” dijo Jean. “Haz cosas de adultos, lo que incluye mantener tu casa limpia si es eso lo que deseas. La niña hace lo que quiere hacer, y de vez en cuándo lo que ella querrá hacer es lo que tu haces, y debería sentirse simepre bien recibida a estar contigo. Así que no intentes enredarla con sus juegos infantiles, sino deja que te ayude, tenla como tu satélite, no tú como su satélite.


Jean continuo, “ Deja que te cuente lo que está haciendo la niña. Durante la fase en brazos, un bebé está pasivamente observando toda la vida a su alrededor dónde él se va a ver inmerso. Así que necesita estar en brazos, en el medio de todo, pero la madre no debe estar centrando su atención en el bebé. Después, el bebé saltará de su regazo, y a ratos caminará y correrá, probando, sintiendo y experimentando y mirando como funciona todo. El niño está ahora siguiendo a su madre de forma activa, observando como vive y ocupa su vida. Si su madre pasa su tiempo mirando como su pequeño vive la suya, le frustra, y le lanza en la confusión porque él está programado para seguirla a ella. Toda su orientación de millones de años, se paraliza.


Qué liberador fué, le dije a Jean, escuchar que no debía ser tan sacrificada, siempre poniendo las necesidades de Becky por delante, y las mías después.“Cuándo lo estas haciendo bien” Jean respondió rápidamente, “tus necesidades son las mismas que las del niño y tu no tienes que elegir entre ellas. Esto es bueno para mí, o, esto es bueno para el niño, es el vocabulario de nuestro tiempo y está basado en la falsa premisa de “ Bueno, tengo que pensar en mí misma algunas veces también”. Lo que sientes como bueno para ti, es bueno para el niño también, y lo que es lo mejor para el niño es placentero para la madre porque es lo que a ti, por naturaleza, te apetece hacer. Todo lo que yo te sugiero es lo mejor para el niño, absolutamente lo mejor, y resulta ser lo más confortable para el padre. Esto no es por casualidad, porque la evolución está prevista de este modo.”

Después de varias sesiones con Jean, me quedó claro que el primer paso para conseguir una familia más saludable pasaba por arrancarme la culpa basada en falso. Esto me permitió estar menos centrada en los niños, y empezar a vivir mi vida como adulta, haciendo lo que tenía que hacer con los niños a mi alrededor, o participando ellos conmigo.


El segundo paso fué introducir el profundo entendimiento de que los niños son por naturaleza sociables y quieren cooperar, imitar, seguirte y ser parte de tu equipo.

“Uno puede observar esto en cualquier lugar que no haya estado bajo la influencia de la civilización Occidental” explicó Jean. “En las sociedades primitivas, discusiones, tensión, conflictos, competencia, los “terribles 2”, la rebelión adolescente y la rivalidad entre hermanos no existe. Los niños no están molestando, interrumpiendo o desviando la atención de un adulto. Ellos están ayudando a los adultos, y obedeciendo instantánea y voluntariosamente. Ya que la conducta del adulto no es permisiva, no existe el castigo.

Pero si la premisa básica es que el niño no es sociable por naturaleza, tenemos que amenazarles, y sobornarles para que cooperen. Si esto fuera cierto, no hubiesemos sobrevivido como especie durante estos cientos de miles de años. En la sociedad tribal los niños tienen que estar ayudando. Se espera del niño que haga lo correcto (y lo siente así por todo el mundo) y se observa que esto sea así. Así, cuándo el padre Occidental actúa correctamente y espera de su hija que sea sociable y que coopere, la niña percibe que se espera de ella que haga lo correcto, y desde el punto de vista de que está construida en su naturaleza para cumplir las expectativas de sus padres, ella actuará en consecuencia.


Te prometo que todos los niños tienen un radar para saber el tratamiento que necesitan, y cuándo es el correcto, se instalan allí rápidamente. Funciona como la magia porque verdaderamente les contacta con su naturaleza. Es lo que la evolución ha programado que ellos deseen. Así que realmente convéncete que somos unos animales verdaderamente sociables, si nos dejan.


Esta promesa fué la que me dio la esperanza y la determinación para hacer las cosas correctamente. Después de cada sesión yo practicaba con entusiasmo, poniendo a prueba todas las fascinantes teorías que estaba aprendiendo de Jean. Con el apoyo incondicional de mi marido, que también puso en práctica nuestra recién descubierta sabiduría, trabajé en hablar con estilo práctico, sin suplicar, dando por hecho que Becky (y Jacob) harían lo correcto. Empecé a decir, mejor que a pedir. Yo diría “Llévale esto a papá”, o “Tráeme un pañal para Jacob”, mejor que “Me traerías, por favor, …?” ya que Jean explicó: Una de las cosas más poderosas son tus esperanzas, lo que el niño percibe que tu esperas. Puede que no sea lo que esperas del niño, sino solo lo que aparentas que esperas. Cuándo dices “Me traerías, por favor, ese juguete para aquí?” hay normalmente un tono de desconfianza, de que ella no te lo traerá, y eso no debe ser la primera vez que preguntas. Así, después tendrás que preguntar cuatro o cinco veces más (lo que llamamos gruñón) con la actitud “espero que me creas pero no creo que lo hagas”. Esto es por lo que ella siente que tiene que presionarte hasta que te mantengas firme, y esa es la forma en la que se espera de ella que actúe contigo.

Becky comenzó a escuchar más. Pero si no lo hacía, yo no me repetiría, ya que Jean recalcó la importancia de decir las cosas una sola vez. Solo iría yo, y lo haría sin enfadarme.

Lo que ocurre si ella no te obedece, o se comporta mal”, Jean explicó, “es que la dejes fuera, y ningún niño soporta que lo dejen fuera. O está contigo haciendo lo correcto, o se la deja fuera, pero no está hecha para que la hagan sentirse mal, o para que la castiguen o la riñan, o le supliquen o le pidan, o cualquier otra cosa interesante. No entres en conflicto con ella sobre nada. Muéstrale que tu sabes lo que haces y que esperas de ella que obedezca y que quiera ayudar. El tema para tí es mantenerte lo más firme que puedas para que ella finalmente se sienta segura y abandone el probarte.”

Cuándo sinceramente creas que un niño es profundamente sociable, siguió Jean, le dices lo que hay que hacer correctamente, asumiendo que ella quiere saberlo, y tu le das la información como tu aliada, tu compañera de equipo en la que confiar, no como adversaria. Tu eres la que informa a tu hija, su aliada, funciona: el castigo o la permisividad, no”.


Empecé a tener pequeños éxitos. Pasaron unos cuántos días y me dí cuenta que Becky no había golpeado a Jacob. Pero después, otro día le atacó de nuevo con una explosión de ira, como si se hubiese estado recargando antes de soltar la bomba. ¿Cómo podía yo ser su aliada y no mostrar reacción cuándo ella golpeaba a Jacob? Jean me animó a la perseverancia, y a ser paciente conmigo misma. Insistió que que es mucho más fácil hacerlo bien que mal. Sólo tenía que ir cambiando los viejos hábitos, y cambiar viejos hábitos lleva trabajo y repetición, primero consciente hasta que la acción se convierte en automática.

“A veces tu quieres que tu conducta sea tu segunda naturaleza” dijo Jean. “En realidad, es la primera. Lo estarías haciendo bien tú misma, sin mi ayuda, si no hubiese interferido la civilización occidental.


Sanando una destructiva relación de amamantar

A pesar de nuestros pequeños éxitos, había aún una intensa rabia en Becky. Yo estaba convencida de que estaba siendo mucho menos “centrada en los niños”. Había parado mi carga de culpa, había parado de suplicar, de pedir perdón, de razonar, explicar y pedir permiso. Así, que ¿qué era?. ¿Porqué, porqué estaba aquella rabia aún allí? ¿Porqué continuaba lastimando a Jacob? ¿Y porqué esta intense rabia emergió cuándo tenía tres años y antes no estaba allí?.

Al fín, tres meses después de mi primera sesión con Jean, todas la piezas de mi puzzle, encajaron. Una mañana, Becky se despertó y pidió teta, como hacía normalmente todas las mañanas- el único momento del día en que lo hacía. Un fuerte ataque de ira siguió, golpeándome, gritando e insultándome. Me empleé a fondo para permanecer tranquila, difícil como era, y me marché de casa para dar un paseo. Afortunadamente mi marido trabaja en casa y tuve la opción de hacerlo. Necesitaba enfrentarme a la ira que salpicaba mi casa.

Para mi sorpresa, no me sentí enfadada mientras empecé a caminar. En vez de eso, tuve un momento de “iluminación”. Al fín entendí porqué Becky estaba tan enfadada; Becky aún tomaba pecho y yo no deseaba que lo hiciera más. Yo me resentía amamantándola y rechazaba sus peticiones para hacerlo, ¡¡y ella lo sabía!! ¿Cómo podía haber estado tan ciega?. Becky se había destetado a los dos años y medio, cuándo yo estaba embarazada de cinco meses de Jacob y se me había ido la leche. Habíamos mantenido una hermosísima relación de amamantamiento y yo acepté el destete con alegría. Era el momento de empezar una nueva fase en nuestra vida juntas. Después, cuándo nació Jacob, me dolió la pérdida de Becky como bebé. Me sentí culpable por haber interrumpido esa relación de una a una, teniendo otro bebé.

Cuándo Jacob tenía dos meses, Becky mostró interés en volver a tomar el pecho. ¡Yo estaba eufórica! Agradecida por tener de nuevo a mi primer bebé, y entusiasmada la dejé que tomase pecho siempre que quisiera, incluso aunque Jacob estuviese amamantándose. Antes de darme cuenta, ella estaba, de nuevo, dependiendo de la teta para dormir, y despertándose de noche para tomar pecho. Se volvió muy exigente en el pecho, deseándolo siempre que Jacob lo hacía.

Después de varios meses así, empecé a ponerme muy nerviosa cada vez que tenía que amamantarlos juntos y desesperadamente deseaba que Becky se retirase de mi pecho. A pesar de mis sentimientos intensos, continué permitiendo que Becky se amamantase con Jacob porque no quería que ella se sintiese despreciada o abandonada. No quería que se resintiese contra Jacob por tener más atención por mi parte.

Después de varios meses así, y sintiéndome cada vez más enfadada, más resentida, finalmente le dije a Becky que podía tomar el pecho solo después de Jacob. Ella todavía mamaba mucho, de todas formas, y empezó a ser muy doloroso para mí. Cada vez que hacía un intento de recortar esto leía algo que me hacía sentir que esto era una necesidad real para ella, y la dejaba volver a mamar libremente. Volviendo a sentirme culpable, me haría más flexible y por supuesto, mi ira volvería a comenzar.

Estuvimos así, para adelante y para atrás durante meses. Estaba tan floja. Me sentía contraria a mi propia hija. Ella llevaba el control claramente y yo me sentía perdida, sin ayuda. ¿Cómo se iba a sentir ella segura y confiada conmigo? No era coincidencia que sus ataques de ira comenzasen en ese momento. Qué tonta había sido no ver que la ira de Becky estaba asociada con nuestra relación con el amamantamiento. Trataba de ser tan buena y amorosa madre, una madre que cumple todas las necesidades de su hija a cualquier precio incluso para sí misma.

Mi cabeza hervía con todas las enseñanzas de Jean “un niño quiere una madre que sea tranquila, confiada, que se mantenga firme”. Por creer que el destete era abandono, dar de mamar a Becky le hacía enfurecerse terriblemente porque yo no me había mantenido firme. Había estado aterrorizada por destetarla y ponerla más furiosa, entonces sí que realmente dañaría a su hermano, creía yo. Irónicamente ella estaba enfadada porque yo hacía algo que ella sabía que no quería. Mamar no era ya una necesidad para ella. Era una lucha por el control, y ella necesitaba que yo mantuviese el control.

Comprendí que tenía que mantenerme firme y terminar nuestra destructiva relación de amamantar. Como había dicho Jean “ El principal objetivo de todo lo que hacemos es prevenir que la niña se encuentre mal consigo misma. Ese es el peor crimen que cometemos.” Yo ahora ví que mi furia y resentimiento acerca del hecho de dar de mamar a Becky no deseándolo, estaba haciendola sentir mal sobre sí misma.

Volví a casa, tranquila y centrada, encontrándome mejor que en muchos meses. Sin suplicar, razonar o pedir perdón, le dije a Becky en un tono amable pero firme y confiado, “ he decidido que no necesitas tomar más pecho. Ahora eres una niña mayor y puedes hacer lo que hacen las niñas mayores. Quiero llevarte en mi regazo y abrazarte, pero no vas a mamar más”. Becky miró hacia mí con sus grandes ojos azules y un gran alivio salió de su cara, como si una pesada carga se hubiese liberado. Dijo, “Oh” y ¡¡¡ eso fue todo!!! Nunca volvió a mamar, y nunca volvió a pedírmelo. No lo necesitaba. Ella finalmente tenía una madre que llevaba el control, que lo llevaba con confianza, una madre que se mantenía firme. Qué alivio para ella!

No hace falta decir que mucha de la ira de Becky remitió y que paró de golpear a Jacob. Se convirtió en una niña más tranquila, y feliz. Su verdadera naturaleza alegre emergía de nuevo. Después un día me dí cuenta de que jugaba con Jacob. Empezaron a jugar a menudo, Becky se deleitaba en compañía de Jacob y Jacob sencillamente la adoraba. Tonterías y risas habían reemplazado a golpes y lágrimas.

Avances, no perfección.

Esto no significa que ya no haya más obstáculos. Había llegado al centro de la ira de Becky y tenía un entendimiento claro de la lucha de los niños por el control, pero las dificultades esporádicamente venían. Siempre que retomaba los viejos hábitos de suplicar, razonar y parecer dubitativa, mis hijos lo notaban y actuaban en consecuencia. Pero como practicaba y ganaba experiencia, y comprobaba afirmativamente los resultados a las teorías de Jean, me convertí en experta en sortear los nuevos obstáculos. Y habiendo recuperado mi propio sentido perdido del valor y la capacidad de amar, me encuentro más capaz de mantener a mis hijos con mi confianza intacta,
cuándo me siento bien, mis hijos por naturaleza se sienten bien.

miércoles, 2 de abril de 2008

Control de esfínteres


Espero sin desesperar...


Recibimos el tercer cumpleaños aún con pañales, y a modo de tranquilizar mi conciencia guardo la siguiente recopilación de opiniones al respecto. Ya hace tiempo decidí que no lo voy a obligar ni a condicionar de ninguna manera, que no entraremos en el "planeta pipí" que describe Laura Gutman. Así que a pesar de mi misma, voy a ser respetuosa, y que mi hijo irá al baño el día que se sienta listo para ello...aunque secretamente yo espero que sea antes tener que comprarle pañales talla adulto...
Ilustración de Patricia Metola.

Controlar esfínteres supone pasar de un proceso reflejo a un acto voluntario. Los bebes pequeños, hacen pis y caca de modo reflejo o automático, sin ningún tipo de control sobre esos procesos.Adquirir el control de este procedimiento es un proceso madurativo. Al igual que todos los niños muestran interés e inicio del control sobre la marcha alrededor del año, y no hay nada que podamos hacer para acelerar este proceso. O todos los niños comienzan a poder comer sólidos alrededor de los 6 meses.Como todos estos procesos madurativos existe una enorme variabilidad personal en cuanto a los plazos: hay niños que con 10 meses dan algunos pasos y otros que lo hacen con 18 o 20 y todo ello entra dentro de la normalidad. Igualmente dentro de los plazos de adquisición del control de esfínteres es igual de normal hacerlo con 2 años que con 4.La vejiga urinaria es un órgano que sirve para almacenar la orina que llega desde los riñones continuamente. Durante el llenado, los músculos que la forman se mantienen relajados. Este órgano, con el fin de que no salga la orina de forma continua, tiene un músculo anular llamado esfínter, que por lo general permanece contraído, es decir cerrado. También se encuentra otro músculo esfínter en la uretra (tracto de salida de la vejiga). Cuando la vejiga se llena de orina, unos receptores localizados en la misma, envían al cerebro la señal para que automáticamente los esfínteres se relajen y la orina pueda salir. Esta coordinación se lleva a cabo mediante mecanismos neurológicos de gran complejidad por lo que el control voluntario (es decir: ser capaz de relajar el esfínter no de este modo automático, sino de forma voluntaria como y cuando se desea) aparece tardíamente.En el recto ocurre un fenómeno similar con las heces.Alrededor de los 18 meses o los dos años, algunos niños pueden darse cuenta de que están haciendo pis o caca y avisar para que se les cambie el pañal., pero esto no significa en ningún caso que tengan la capacidad de retrasar el momento de forma voluntaria. Es decir: no tienen CONTROL sobre sus esfínteres.La maduración de los centros nerviosos comienza entre los 18 meses y los tres años. De forma que entre los 2 y los 4 años la mayor parte de los niños puede controlar adecuadamente ambos esfínteres: anal y vesical. Siendo por tanto capaces de avisar su deseo y de retrasar la micción y la defecación para hacerlo en el momento y lugar deseado.Al tratarse de un proceso madurativo, y aunque la estimulación pueda tener algún efecto positivo (o negativo) sobre el mismo, no hay nada que los padres o el niño puedan hacer para acelerarlo: el niño adquiere control suficiente como para retener la orina y las heces, cuando los procesos neurológicos que tienen lugar entre los receptores de los órganos, el cerebro y los esfínteres, estén perfeccionados. Por tanto, enfadarse, castigar, humillar, comparar con otros tiene un efecto similar a gritarle a una oruga para que se convierta en mariposa.No se trata tampoco de un proceso lineal. Se producen a lo largo del mismo, avances, estancamientos y retrocesos que los padres deben aprender a acompañar. Puesto que el plazo normal para la adquisición del control es entre los 2 y los 4 años, hablar de regresiones o comportamientos regresivos en niños que se vuelven a hacer pis dentro de este plazo es un error. No puede considerarse regresión algo que aun forma parte de los progresos de esa edad. No se puede regresar a un sitio de donde aun no se ha salido.


Mitos:

-los dos años: haber fijado como normal la edad de dos años para el control de esfínteres, edad que esta en el INICIO del proceso madurativo, nos hemos creado un problema. Más bien se lo hemos creado a los niños. Desde que un niño empieza a avisar cuando ha hecho pis, o mientras lo esta haciendo hasta que se completa el proceso de adquisición del control pueden pasar dos años mas.

-el verano: puede que hayamos heredado este mito de la edad de los pañales de tela. Pero hoy día no tiene sentido mantenerlo. Además se utiliza la llegada del buen tiempo como disculpa para empezar el “entrenamiento” de niños de 18 meses, 24 meses o 30 meses indistintamente. Llegado el buen tiempo, les quitamos de a hecho el pañal, les perseguimos con un orinal, les llevamos al baño cada 30 minutos y les mantenemos sentados hasta que de casualidad hacen algo. Esto no es control de esfínteres.

-No se puede dar marcha atrás: siempre se puede dar marcha atrás. No hay dobles mensajes. Es muy frecuente que en las vacaciones de verano, un niño perseguido continuamente con un orinal, no se moje nunca. Ese mismo niño sin una madre a su lado todo el día, y puesto que su “control” es ficticio. (en realidad es control por parte de su madre) devuelto a la vida diaria, con mama ausente, pierda ese supuesto “control”.

Como decía antes, no se puede hablar de regresión cuando estamos en un proceso que aun no se ha completado.Es frecuente ver a mamas excusando a sus hijos “es que estaba distraído”, “es que se olvidó avisar”. Cuando el control es real, como sucede en los adultos, estas cosas no suceden. Ningún niño de 10 años se orina porque se olvidó. Y la única diferencia con el de 2 y medio, es que este ultimo no tiene un control real sobre la voluntariedad de esa función.Cuando el proceso se lleva a cabo respetando el ritmo madurativo del niño este tipo de accidentes son mínimos.


Por tanto, las normas serian:

-Esperar a que el niño este suficientemente maduro como para ser capaz de RETRASAR el momento de orinar o defecar. No solo de avisar inmediatamente antes de hacerlo

-Contar siempre con la colaboración del niño: debe ser capaz de comprender lo que sucede, como sucederá, lo que se espera de él. Así mismo tiene que ser capaz de expresarse y hacerse entender.

-Siempre animar con los buenos resultados. Nunca jamás criticar los “fallos”.

-Permitir al niño que vuelva a usar pañal siempre que crea que lo necesita. No hacerlo por conveniencia de los padres, pero sí si el niño lo necesita.


Los padres tenemos que aprender a ACOMPAÑAR los procesos madurativos, interviniendo lo menos posible. Saber cual es el proceso normal, y cuales son los plazos normales ayuda a respetar los ritmos del niño.


BIBLIOGRAFIA:

-Maria Paula Cavana. Licenciada en Psicología.


Dr Carlos Gutierrez Segura. Cirujano Pediatrico. Unidad de Urodinámica y Motilidad Digestiva Pediátrica, Hospital Central de Asturias.Unidad de Incontinencia Urinaria, Reeducación del Suelo Pélvico y Urodinámicahttp://www.sccalp.org/padres/esfinteres.htm

- Àngels Codosero Medrano. Psicóloga clínica y psicoterapeuta psicoanalíticahttp://www.psicopedagogia.com/control-esfinteres