jueves, 24 de abril de 2008

Rebozo o el continuum de mi país


Comentaba en un foro sobre el día que entendí el concepto del continuum:

....un día, esperando el verde del semáforo volteo a mi izquierda y veo una señora humilde con un chiquito de la edad de mi hija colgado a la espalda con un rebozo vendiendo chicles y dulces en una canastita...tras ella, sobre el camellón jugaban tres niños de unos 3 a 5 años. Yo confieso que antes (mi Yo de antes de la crianza con apego) pensaba: uy pobre bebé, todo encogido en el rebozo, no le hará mal para su desarrollo psicomotor? no le hará deformes los piecillos? Y uy que madre irresponsable, los niños jugando en el camellón y si se bajan a la carretera? es una vía rápida por dios! - Y de pronto ese día en el carro lo ví bajo el cristal del continuum, y entendí porque ninguno de esos niños habia sido nunca atropellado!


Y desde este día reconozco que me quedo embobada cuando veo pasar a una de estas mujeres indígenas, sin acceso a libros, a revistas, a blogs, a foros de crianza, es más sin saber leer o escribir...pero que siguen fervorosamente su instinto, y no se despegan de sus crias hasta que el niño mismo con sus pasitos se va alejando de ellas; no saben hacerlo de otra manera, pero ni falta que les hace...lo hacen como pueden si, pero curiosamente, lo hacen bien.
Esos niños si que tienen carencias y muchas, pero a cambio tienen algo que otros perdieron en aras de esta vida moderna, contacto con mamá las 24 hrs del día. Tal vez muchas mamás tenemos algo que aprender de estas mujeres, a confiar en nuestra naturaleza, en nuestro cuerpo, en asalvajarnos como diría la Gutman y reconocer que somos el mejor alimento y el mejor sustento de nuestra cría por lo menos hasta los dos años.
Ojalá nos atrevieramos a defender ese nuestro rol más importante, el de criar, ojalá pudieramos como ellas, hacer continuum aún trabajando, con el bebé colgado a la espalda y con el mayor rondándonos la falda...


El ejemplo de amor y de trabajo de nuestras madres indígenas nos llega en forma de pañuelo o tela portabebé. Puede tener formas simples, más complejas, las telas pueden ser abrigadas o frescas, pero el objetivo es el mismo: acunar y proteger al recién nacido de una manera natural y anatómica que permita continuar con el trabajo en la tierra, en la casa o atender a los niños más grandes.
Desde su nacimiento el bebé centra su atención en su mamá y la reconoce por el olfato, por la voz y el ritmo de su corazón. La pérdida de la experiencia de estar dentro del vientre materno se elabora con el contacto físico con la mamá. Por este motivo, este sistema está recomendado para recién nacidos y especialmente para bebés prematuros, ya que maximiza el contacto con la mamá al permitirle a ella moverse con su niño a cuesta sin descuidar sus quehaceres. Una experiencia satisfactoria de este contacto es lo que garantizará el buen desarrollo motriz y psíquico del niño en sus primeros meses de vida. Bien cerca de mamá, el bebé está abrigado y tiene el pecho a disposición. La mamá, por su parte, puede usar sus manos para las tareas habituales y llevar a su hijo consigo a donde quiera que vaya sin temor a que se caiga, sin esforzar los brazos ni la columna y protegiéndolo en todo momento con su calor. Aún se siguen viendo las sillitas porta-bebé que no sólo lastiman la espalda de la mamá sino que son perjudiciales para la columna en desarrollo del bebé! Estas sillitas lo obligan a adoptar la posición vertical cuando aún no está preparado para ello. Además, cuando el chiquito duerme su cabeza queda colgando hacia un lado, siendo esta una posición muy incómoda y antinatural para dormir. ¡Qué distinto se ve un bebé dormido en un rebozo, envuelto en una tela suave y recostado sobre el pecho de su mamá!
El rebozo significa el amor de la madre hacia el hijo, la salud y el bienestar de ambos, el trabajo en la tierra y en la casa; es la simpleza de una tela que abraza y protege a nuestro pequeño. Una manera natural de acompañar el crecimiento de nuestros hijos.

1 comentario:

Ana Demetra dijo...

Yo quería una bandolera superfashion, pero mi cuñada me regaló un fular. Tardé mucho en probarlo, me tropezaba en la tela, en los nudos...El día que lo conseguí, Dario se durmió con su cabecita apoyada en mi pecho, un hilillo de saliva descendiendo entre mis pechos, su carita sudadita y roja por el contacto con mi piel...Y sentí una serenidad sin igual...Había hecho por fin las paces con mis instintos, había alejado a la Ana racional y había hecho sitio para la Ana-mamá.