lunes, 31 de agosto de 2009

Meriendacuento pendiente: Hermanos


Me pongo al día con mis pendientes jejeje...La semana pasada aduvimos agotados con el regreso - nuevo inicio de la escuela con todo lo que implica: se trastoca la rutina que llevabamos, las siestas, las horas de salir a jugar, de leer, etc... Tuvimos cumple de un amiguito el viernes... Aunado a ello, hemos estado un poco accidentados. San jugaba a carreras de obstáculos con papá, tropezó y "estalló" (como él dice) contra una de las bancas del parquecito de afuera de nuestra casa. La herida fué considerable, le puse dos puntos de sutura.
Con todo, ni el fin de semana hubo ganas de meriendaleer. Hemos leído, eso sí, pero sin merienda especial...Más bien estas tardes hemos estado leyendo tirados en el tapete de nuestra microbiblioteca.

Nuestro cuento sobre "Hermanos" es: El cocodrilo de la tina de Christian Lehmann.


Para Almendra la hora del baño significaba una momento muy placentero, único, se quedaba largos ratos en la tina hasta que los dedos se le arrugaban como uvas pasas; imaginemos su molestia cuando, por decreto de su madre, comenzó a compartir su momento especial con su hermanito Tomás, quien se metía en el agua con todos sus juguetes y se bebía el shampoo. Como en toda rivalidad de hermanos, la revancha de alguna de las partes no se hará esperar, y Almendra a partir de una historia que inventa a propósito de la pérdida de un juguete de su hermano, descubrirá que tiene una gran habilidad para contar historias, y que a través de ella podrá reinventar la hora del baño y la manera de relacionarse con su hermano.

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Zulema y sus peques Meriendaleyeron puntualmente: "22 huérfanos", en su blog el elefante-merienda...


El reto para la semana, meriendaleer algo relacionado con la palabra Escuela.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Revistas


Normalmente no compramos revistas, pero como teníamos que conseguir algunas para la escuela, el fin de semana fuimos a husmear el estante de revistas infantiles de Sanborns...Y Santi hizo un todo hallazgo, mi niño que es un naturalista no podía estar más contento de encontrar una "revista de animales"!

Se trata de la National Geographic Kids, la misma idea de la revista de NG pero para niños, encontramos tres distintas: la edición para México, la edición gringa ambas pensadas para niños a partir de seis años, y la National Geographic Little Kids, para niños de 3-6 años. Las tres nos gustan aunque la mexicana es la más accesible; San prefiere la "little kids" yo creo que por el formato.
Los últimos dos links que aparecen en gris no se pierdan de visitarlos ;) hay cosillas interesantes y actividades para los enanos.

Y luego, papá y yo decidimos que es buena idea suscribirlo para que la reciba en la casa cada mes y abrir una sección de nuestra microbiblioteca como revistero; al verlo cómo pasa las páginas y disfruta cada imagen, y la guarda, y vuelve a sacarla para ver de nuevo las imágenes, creemos que vale la pena. Además queremos regalarle esa mariposilla en la panza que se siente cuando llega por correo a casa un paquete y descubres que está a tu nombre.

martes, 25 de agosto de 2009

lunes, 24 de agosto de 2009

Lunch


Ahora que mis dos críos almuerzan en la escuelita, me toca preocuparme por lo que llevarán en las loncheras.

No soy nada hábil en la cocina y nunca en la vida he hecho lunch ni para mi, esto, aunado al hecho de que intento no re-surtir el jamón y las salchichas de mi refrigerador, puede implicarme un problemilla cada mañana.

Para resolverlo de una vez por todas, llevo varios días trabajando en ello. Por un lado, he pedido ideas de lunch saludables a amigas virtuales. Por otro lado, he visitado cuanta galería de fotos me encuentro, me encanta ver las famosas "bento-boxes" desde que leí el reportaje sobre ellas en la "mothering" pasada; aunque creo que nunca en mi vida podría hacer algo así, primero por mi falta de pericia pero sobretodo porque prefiero no complicarme la existencia (y dicho sea de paso no desmañanarme en exceso)...Pero dan ideas.

Ayer conseguí estos topers que me parecieron practiquísimos, no son para nada tan fashion como las bento-boxes y símiles pero cumplen la función, los encontramos en nuestro super cercano, caben perfectamente en las loncheras que tenemos y además son económicos...


Aterrizando, con todas las ideas reunidas analicé qué cosas sí acostumbran a comer mis hijos y qué cosas nunca se comerían aunque se las ponga en forma de flor o de dinosaurio, de esas elegí las que soy capaz de preparar en quince minutos y escribí una "lista básica" de cinco almuerzos, con ella nos fuimos al super y yo me siento mucho más tranquila porque tengo planeada la semana:

- Lunes: arroz chino (ayer fuimos a la comida china) + bastones de papá frita + fresas
- Martes: tiras de pechuga de pollo asada + brócoli + uvas
- Miércoles: atún con mayonesa + galletita salada + melón en cubos
- Jueves: enfrijolada + dados de queso gouda + kiwi
- Viernes: sandwich de aguacate + medio elote cocido + manzana

Mi pequeña loba

Lunes por la mañana, despierta contenta, contagiada de la alegría que demuestra su hermano porque hoy volverá a la escuela. Lo imita y me ayudan a vestirse, desayunan poco entre risas y pláticas sobre cómo es la escuela y los amigos. Preparamos el lunch, lo colocan en sus mochilas y nos vamos.
Hoy será el primer día de escuela de Azul, dos años 9 meses, aún con pañal, aún necesitando "bubis" para dormir. Hemos hablado mucho de la escuela, no se niega pero tampoco le emociona. Me ha acompañado a dejar y recoger a su hermano todo el año escolar pasado, y él le ha contado cada detalle de lo que sucede así que tiene una idea de lo que se trata este asunto...

Entramos a la escuela y San le indica: mira Azu, aquí van las mochilas, tú en esta caja y yo en esta con las de mis amigos. Se presenta la nueva maestra de San, la saluda, voltea me da un beso y adios mamá! se va feliz.

M, la maestra de Azu, se presenta con ella, se saludan, intercambian unas palabras y le dice "despidete de mamá, vamos con los amigos"... Azu voltea, me sonríe, me da un beso. Yo le digo que volveré en un rato, que si necesita llamarme le puede decir a M, que se divierta, nos abrazamos. Se da la media vuelta, sonriendo aunque con las manitas frías, camina dos pasos, toma de la mano a M y me dejan ahí con un nudo en la garganta y con el corazón rebozante de orgullo de ver que mi nena pequeña es toda una loba, decidida y valiente. Y que crece.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Meriendacuento Mamá

Con frecuencia leemos libros que hablan de "Mamá" y normalmente son enternecedores pero esta última vez que fuimos a la librería nos encontramos "El globo" de Isol... Una historia simple, medio catártica para los niños, y a las mamás que alguna vez se nos ha escapado un grito (a todas se nos ha escapado alguna vez un grito ¿no?), nos deja con la boca seca...Como siempre con un humor medio irreverente que no acabo de entender pero me atrae...



Merendamos un globo rojo y brillante de gelatina.
Camila es una niña que tiene una mamá algo diferente al resto. La suya grita más de lo normal. “Le gritaba al perro, al horno, a mí, a todo lo que se moviera”, nos cuenta nuestra simpática protagonista. Pero un día, la mamá de Camila, en medio de uno de sus ensordecedores trances, se puso colorada y se hinchó y, de repente, sin previo aviso, sobrevino la magnífica calma de un hermoso globo rojo. Luego de que Camila se recuperase de su primer asombro, la relación con su mamá, es decir, con su globo, fue totalmente distinta; ahora se divertían juntas.


El reto para meriendaleer la próxima semana: alguna historia que trate sobre "Hermanos". Espero los links de esta semana =D.


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Zulema nos comparte este tierno libro "Cómo es tu mamá" y una merienda preciosa...visitar su blog para más detalles.


Marta y sus cangrejos nos comparten una historia bellísima "Algún día"...qué ganas de echarle una ojeada a ese libro!

martes, 18 de agosto de 2009

Martes mudo lector



Hablando de tantas bibliotecas y al final cualquier lugar es bueno ; )
Posted by Picasa

domingo, 16 de agosto de 2009

Nuestras bibliotecas

Estas son las bibliotecas que normalmente visitamos. Algunas fotos son viejitas y otras actualizadas de esta semana...


1. El Centro Educativo y Cultural "Manuel Gómez Morín" Las fotos de este collage no son mías claro, son más "profesionales" jeje...pero quería mostrar el edificio. No es sólo una biblioteca, ofrece muchas actividades.


Cuando mis enanos eran más peques visitabamos mucho el espacio de la "Bebeteca", que ahora nos queda pequeña...Pero hay un área designada para los más grandecitos que incluye ludoteca.



Entre lectura y lectura, para estirar los músculos, salimos a disfrutar del área de juegos.



Tenemos expos temporales y permanentes. Como ésta de hace unos meses; y este mes "de tu cuerpo para ti".

Los fines de semana anteriormente había funciones de cuentacuento, de títeres o conciertos infantiles. Es una lástima que han dejado de ofrecer actividades como ésta, ya se sabe, en tiempos de campaña electoral y cambios de gobierno el dinero de la cultura se va a otras "prioridades"... =(






2. La biblioteca infantil del Museo de la ciudad. Un espacio más pequeño pero muy sustancioso, ahí conocimos la colección del FCE y a Anthony Browne entre otros. También ofrece exposiciones de ilustración infantil de vez en cuando, de éstas conocimos el Horripilantario por ejemplo.





Y dejé para el final nuestra favorita, como dicen por ahí, "no hay lugar como el hogar" ;)

Como pueden ver, un poco más modesta de lo que pensaron algunas de nuestras visitas ¿no?

Retomando el MERIENDACUENTO: Leamos un libro en familia y hagamos una merienda acorde a la lectura. Cada semana estaré poniendo la palabra clave de la que el libro elegido tendría que tratar y los días jueves publicamos la entrada en el blog. Esta semana leeremos con la palabra clave: Mamá.

miércoles, 12 de agosto de 2009

La primera adolescencia


El libro” denomina así la fase del desarrollo que ocurre más o menos a los dos o dos años y medio, una vez que el bebé deja de serlo pasando por una etapa de transición que le permite romper el equilibrio y alcanzar la madurez y la personalidad característica de un niño de tres años. Transcribo algunos de los conceptos matizados a mi manera ;) (quito lo que no me gusta y agrego anécdotas de mis hijos o lo que me parece pertinente según otras fuentes o según mi experiencia).

El niño en esta edad no es un buen miembro de ningún grupo social, y realmente no está preparado para una relación de grupo con sus iguales. Todavía necesita a su madre.
Tiende a ser rígido e inflexible. Le resulta difícil transigir, ceder un poco o adaptarse. Todo tiene que ser justamente como él desea. Se muestra exigente y le gusta dar órdenes. Puede invertir por completo sus demandas de manera brusca y vehemente (-quiero agua en el vaso verde! No, en el verde chiquito! No en el azul! No, la quería en el vaso verde grande!...).

Quizás intente hacer algo que evidentemente no puede hacer, como por ejemplo, atarse sólo los zapatos, pero rechazará furioso cualquier ayuda. Luego, cuando compruebe que no es capaz de hacerlo, romperá en llanto e incluso podrá reprocharte por no haberlo ayudado.
Es un periodo de emociones impetuosas, de borrascas y tensiones, y frecuentes cambios de humor. Es una edad de extremismos. A menudo le es difícil al niño efectuar una elección sencilla y clara, y atenerse a ella.

Con frecuencia resulta difícil presentarle cosas nuevas, tales como nuevas comidas o nuevas ropas. Prefiere la seguridad de lo viejo y lo familiar (-esta popa no es mía!, -pero la compramos ayer para la fiesta, recuerdas?, -no, no es mía, no la quiero!). El niño de dos años y medio es famoso por su rigidez, y cuando tropieza con unos padres rígidos hay que tener cuidado. El niño a esta edad requiere que tengamos mucha paciencia. Su capacidad para compartir, esperar y guardar turno es muy limitada.

Desde el punto de vista positivo, el niño en esta etapa es típicamente vigoroso, entusiasta y enérgico. Son encantadores por su exuberancia, su ingenuidad, su embelesamiento ante el mundo nuevo e intacto que perciben, su imaginación, su entusiasta pasión por la vida y su generosidad.

No perdamos de vista que en esta etapa nuestros hijos están aprendiendo su propia identidad frente a la conformidad social (es una versión en miniatura de la tarea que habrán de llevar a cabo mucho más tarde, en la segunda adolescencia a los 13-19 años).
Hay que tener en cuenta que el niño nace sin ningún sentido de su Yo o de su “individualidad”. En esta etapa del desarrollo es cuando el niño por primera vez adquiere una intuición real de su mismidad única y peculiar. Y una de las cosas que tiene que hacer para establecer su personal sentimiento de identidad es rebelarse contra sus padres y volverse negador. Con objeto de llegar a definir quién es él y qué quiere, tiene que pasar por una etapa de negación y desafío ante lo que nosotros queremos que haga.
Por primera vez en su tierna vida, está luchando contra sólidas tendencias dentro de sí. Con su comportamiento se está preguntando: ¿quiero hacer lo que mis padres me dicen que haga, o quiero hacer lo que me de la gana, que es justamente lo contrario? ¿O no es en realidad lo contrario? ¿y quién es ese “yo” que quiere hacer estas cosas? ¿quién soy yo a fin de cuentas?...


Gran parte del tiempo de esta etapa se caracteriza por una actitud que se podría resumir en una frase: ¡Por favor mamá, prefreiría hacerlo yo solo! Unas veces rehúsan la ayuda de su madre para vestirse, con el indignado comentario de ¡yo lo haré! Pero en otras ocasiones declaran que son bebés y que mamá debe hacerles todo: entre el afán de ser independientes y el deseo de prolongar la infantil dependencia de la madre.

Las normas y las coartaciones deben ser muy flexibles en esta edad. Sencillamente las reglas absolutas y rígidas no se ajustan a esta etapa del desarrollo, porque dicha etapa está llena de sentimientos e impulsos ambivalentes. En general es conveniente que los padres tengan normas y prescripciones firmes cuando el niño alcance los tres años en adelante. Pero entre el segundo y tercer cumpleaños, los padres harían bien en adoptar el sabio consejo de Emerson: “una necia firmeza es el fantasma de las mentes mezquinas”.

Lo primero que se ha de hacer con un niño en la fase de la primera adolescencia es ayudarle a fijar límites razonables a sus acciones. Pero, ¿cuáles son las limitaciones razonables para un niño pequeño? No hay una norma estricta, comienza por preguntarte a ti misma ¿cuál es el mínimo absoluto de negativas que debo imponerle a mi hijo a esta edad? Quizá te sorprenda descubrir que el número mínimo es más pequeño de lo que creías.
Pregúntate, respecto a lo que quieres que haga tu hijo de dos años: ¿Cuánta es la importancia de que haga algo o se abstenga de hacerlo? ¿Es lo bastante importante para convertirlo en un asunto de litigio? Hay suficientes negativas realmente importantes en relación con un niño de dos años (tocar una estufa encendida, cruzar la calle o tirarle arena a otros niños), para que tengamos que complicarnos nuestra vida y la suya con un montón de prescripciones verdaderamente insignificantes.
No hay una “lista mágica de prohibiciones” para un niño de dos años, cada familia, cada pareja de padres tiene un conjunto diferente de características y estilo de vida. Puede ser que un matrimonio sea relativamente complaciente y sólo considere importantes unas cuantas restricciones; a otro matrimonio sin embargo le resultaría muy penoso que sus hijos hicieran algunas de las cosas que aquellos les consienten a los suyos.
Dice textualmente Dodson: “no creo que sea de gran trascendencia cuáles son las limitaciones que impones a las ACCIONES de tus hijos, mientras esas limitaciones sean razonables y firmes, y puedas justificarlas ante ti misma y ante tu hijo”.

Cualquier madre de un niño de esta edad sabe que la palabra favorita de ellos es NO! Y no debería sorprendernos, después de todo, ha escuchado de sus padres la palabra No infinidad de veces más que la palabra Sí. Si reducimos al mínimo nuestros noes cuando el niño comienza a andar, seguramente se los escuchemos menos frecuentemente en la fase de la primera adolescencia. Pero de cualquier modo, seguiremos oyéndole la palabra no, junto con otras manifestaciones de negativismo: escaparse cuando lo llamamos, da patadas, caminar cojeando cuando queremos que lo haga rápido, o estallar en accesos de ira a gran escala. O como mi hija, que no me dice que No cuando la llamo, me dice amablemente –ya voy mami!, mientras se dispone a hacer otra cosa para entretenerse un rato más antes de acudir a mi llamado (se sienta y abre un libro por ejemplo).

¿Cómo afrontar ese negativismo nunca visto hasta esta edad en ellos?
En primer lugar, hay que distinguir el “negativismo verbal” del comportamiento verdaderamente negativo. Podemos decirle a nuestro hijo de dos años y medio. “Muy bien, tienes que ponerte el abrigo para salir a la calle” Y empezamos a ponerle el abrigo. “¡No, no quiero!” dice él mientras contradice sus palabras ayudándonos a meter los brazos en las mangas. Este es un buen ejemplo de negativismo verbal. Es como si estuviera diciéndonos “Yo se que afuera hace frío y que, en realidad necesito el abrigo. Y sé que tú eres más grande que yo y puedes obligarme a ponérmelo. Pero mira, mamà, reconoce que soy también una persona y déjame por lo menos protestar un poco.” Hay algo de diversión en este negativismo, que indica que el niño está jugando con su madre a una especie de “juego de desobediencia”. Si la madre no reconoce el carácter de travesura y de juego en ese negativismo y reacciona con rigidez ante la situación, puede crear una crisis de conformidad donde ciertamente no existía ninguna.
La autentica conducta negativa, no la mera resistencia verbal, se manifestaría en esta misma situación mediante el hecho de salir corriendo o de forcejear violentamente con su madre para evitar que le pusiera el abrigo. Si hace esto, aún le quedan a la madre varios modos de obrar. Si trata de ir a jugar al patio podrá decirle: “bueno, para jugar afuera necesitas el abrigo; pero a lo mejor prefieres jugar en casa”. Si él desea realmente jugar afuera, hay muchas probabilidades de que, a regañadientes, se deje poner el abrigo. Pero cabe la posibilidad de una situación diferente: por ejemplo si la madre va a llevarlo con ella a la calle, tiene prisa y no tiene tiempo para permitirse ser condescendiente. Entonces quizá haga falta que refleje los sentimientos de cólera de su hijo (“Ya sé que no quieres ponerte el abrigo; ya sé que eso te pone furioso”), al tiempo que continúa metiéndole los brazos en las mangas del abrigo.

Los adultos no son las únicas personas para quienes es importante una humillación. Tampoco a los niños de esa edad les agrada perder la dignidad. Podemos procurar eludir la confrontación total con un niño reacio, y hacer un pequeño gesto para salvar las apariencias, como el ofrecerle una actividad sucedánea, o darle además un abrazo o dos, si lo vemos conveniente. Pero sobretodo, al reflejar sus sentimientos negativos estamos impidiendo que quede mortificado. En efecto, le estamos diciendo: “sé que te sientes muy contrariado con esto, y tienes razón en sentirte así. Yo lo lamento de veras, porque sé lo que sientes. Pero temo que, sin embargo, tendrás que someterte a mi petición.”

Hay mucho más sobre esta etapa, el control de esfínteres, la entrada a la escuela, el tema de las diferencias de sexo... El libro le da varios capítulos de hecho, y me parece que lo aborda de una forma muy coherente y muy práctica. Ya me daré el tiempo de transcribir más de mis anotaciones porque a mi me han caido como anillo al dedo para guíarme en esta edad de mi Azul que es de un carácter más "reacio" que su hermano.

**La imagen es de Vicente Di Nguyen.

martes, 11 de agosto de 2009

Martes mudo: librería


Quería presumir nuestro lugar favorito para comprar literatura infantil, así que esta última vez me llevé la cámara ;)

La Librería Ricardo Pozas, del FCE: Calle Próspero C. Vega 1 y 3, esq. Av. 16 de Septiembre Col. Centro Santiago Querétaro, Querétaro.

lunes, 10 de agosto de 2009

No esconder los sentimientos


Sigo comentando mis lecturas de El libro, en este post para hablar de la importancia de reconocer los sentimientos, los nuestros y los de los hijos, los "positivos" y sobretodo los "negativos".
**La imagen es de Carolina Farias.
Lo primero que necesitamos hacer los padres al tratar con un hijo es distinguir entre sentimientos y acciones.
Por acciones entiendo el comportamiento externo del niño. Un niño cruza la calle cuando tú has dicho que no cruce. Un niño que pega a otro cuando tú has dicho “no pegues”. Un niño le echa arena a otro cuando le has dicho “no eches arena”. Todas estas cosas son acciones.
Llamo sentimientos a las emociones internas del niño, un niño puede estar enfadado, contento, asustado, cariñoso, huraño.
Es importante establecer esta distinción entre sentimientos y acciones, porque un niño puede aprender a dominar sus acciones, pero no sus sentimientos.
Los sentimientos del niño, como sus pensamientos, surgen en su mente espontáneamente. No tiene control alguno respecto a cuándo o cómo le sobrevienen.
Tomemos el sentimiento de la ira, un niño no puede por menos de sentirse a veces enojado u hostil. Es irrazonable esperar que controle el sentimiento de la ira. Pero es razonable esperar que aprenda a refrenar las acciones que expresan ese sentimiento mediante un comportamiento antisocial, tal como pegar, arrojar arena o morder.

Para educar hijos psicológicamente sanos, con un fuerte concepto de sí mismos, los padres deben permitir que los niños expresen sus sentimientos.
Tomemos un ejemplo de cientos: en un parque, un niño de unos seis años que parece muy enfadado le grita a su hermana de cuatro ¡te odio! .La madre en vez de intervenir para alentar al niño a expresar sus sentimientos (a ver Tomy, desahógate, cuéntale a tu hermana cómo te sientes y por qué), replica: ¡vamos Tomy, es tu querida hermana, tu no la odias, la amas! Eso es una mentira y el niño lo sabe. Su madre está intentando hacer trampa con sus sentimientos. Desde luego, la madre no puede cambiar la cólera que siente por su hermana. Todo lo que puede lograr es enseñarle a ser deshonesto con sus propias emociones. Puede enseñarle a ocultarlas profundamente, para que afloren luego de manera furtiva, tal como la de pegarle a su hermana cuando la madre no este mirando.
Este ejemplo ilustra el hecho de que los padres en general no toleramos que nuestros hijos nos digan cómo se sienten. En lugar de ello tratamos de disuadirlos de sus sentimientos, sobre todo de los sentimientos considerados como “negativos”, como la ira, el miedo, la timidez, la congoja o la inseguridad.
¿Por qué los padres obramos de ese modo? ¿por qué no consentimos que nuestros hijos manifiesten sus emociones negativas? Hay una razón muy sencilla, probablemente, cuando éramos niños no se nos permitió expresar nuestras emociones “negativas”. Y así, sin saberlo, imbuimos esas mismas inhibiciones psicológicas a nuestros hijos.
Es menester que permitamos a nuestros hijos expresar libremente sus sentimientos, todos sus sentimientos, tanto los negativos como los positivos.
Los sentimientos reprimidos son perniciosos para la salud mental. Los niños, en general, expresarán sus sentimientos hasta que les enseñemos a no hacerlo. Es por eso por lo que dos chiquillos pueden estar peleándose encarnizadamente por la mañana y ser de nuevo grandes amigos por la tarde. Pero los padres de esos mismos niños quizá se guarden rencor durante meses.
Los niños no solo necesitan que se les permita expresar sus sentimientos sino que necesitan cerciorarse de que sus padres comprenden verdaderamente cómo se sienten. Cuando están asustados, o desamparados, o furiosos, u ofendidos, quieren que los comprendamos. Una técnica adecuada para ello es la llamada “técnica de la retroacción” descrito por un psicólogo llamado Carl Rogers en la década de los cuarenta. Que consiste en lo siguiente:
Le demuestras a otra persona que comprendes verdaderamente cómo se siente exponiéndole sus sentimientos con tus propias palabras y reflejándoselos como en un espejo. Ejemplos:
- “Mi hermano me pegó!”
- Estás furioso porque te ha pegado tu hermano, o: por eso estás enfadado, porque tu hermano te ha pegado

- Hay un lobo en mi cuarto.
- Vamos a ver, siéntate aquí y cuéntame cómo te sientes por culpa de ese lobo.
Y retransferirle durante toda la charla sus sentimientos, diciéndole cosas como “verdaderamente te sientes atemorizado por el lobo”, “ese viejo lobo te asusta mucho”…no pretenderemos persuadirlo de sus sentimientos, simplemente reflejaremos las emociones que él expresa.
Un ejemplo de la semana pasada mientras bañaba a San cansado y sollozando (normalmente los baña papá pero estos días llega tarde a casa porque asiste a un curso).
- Extraño a papá!
- Si ya lo creo, a esta hora normalmente esta aquí con nosotros
- Si, pero tiene que ir a esa escuela…yo lo extraño porque juega conmigo.
- Aja, te gusta jugar con él.
- Me gusta jugar al volcán y al caballo y a las motos
- Ah, te gustan los juegos de aventarse en la cama con papá!
- Si
- Ya veo
- Hmm, bueno, también me gusta que no venga porque tu me bañas en la tina
- Así es…
Ya desde el cuarto renglón no había llanto. Es fácil de entender cómo aplicar la técnica sólo que es difícil ponerla en práctica, hay que hacer a un lado el agobio que traemos y nuestros propios sentimientos para ponernos a reflejar los sentimientos que están expresando; en mi caso, me cuesta trabajo aceptar el llanto, aceptar que no debo impedirlo (ya se sabe, el típico “no, llores” “al rato viene papá” ese lo traigo en automático, es difícil hacer caso omiso de la propia educación y de el hecho de que hemos pasado muchos años de nuestra vida procurando tranquilizar a otras personas, aconsejarlas o apartarlas de sus sentimientos negativos. Así, esta técnica va a contrapelo de nuestra formación.
En una ocasión una amiga mía muy querida (sin hijos) nos visitó en la casa, ya era tarde y los niños querían irse a la cama, mi hijo expresó claramente: debes irte a tu casa porque ya tenemos sueño. Mi reacción fue apurar la plática, pedirle que me permitiera subir a dormir a los niños mientras ella revisaba unas cosas en la computadora. Luego de dormirlos bajé y ella me hizo el comentario de que sintió que mi hijo le “faltaba al respeto”. Cosa que yo no percibí en absoluto, él no hizo más que ofrecer una solución a la situación que le estaba molestando, estaba cansado, sobrepasaba la hora en que normalmente nos vamos a la cama, expresó su idea de una forma clara y además cordial, sin llantos o pataletas. Ese “me faltó al respeto” creo yo, era una vocecilla no de mi amiga, sino de la estricta educación que recibió en la infancia. Definitivamente creo que en lo general no estamos acostumbrados a expresar nuestros sentimientos libremente ni a dejar que los otros nos expresen sus sentimientos, siempre andamos “maquillándolos”.
Dodson cita un ejemplo parecido y concluye con este párrafo:
“Pero ¿no es esto dar licencia al niño para que te falte al respeto, en especial si le dejas decir que te odia?, preguntarán muchas madres. No creo que el consentir la expresión de las emociones tenga nada que ver con lo que de verdad es respeto o falta de respeto. Un niño respetará a sus padres si percibe que estos saben más que él, lo tratan afablemente y lo respetan. Mas, de vez en cuando ese niño se enojará con sus padres. Si es esto lo que el niño siente, y los padres no le permiten manifestar sus sentimientos, el niño tendrá de todos modos esos pensamientos de enojo. Es mejor consentirle expresar su cólera, porque si no lo haces va a serle mucho más difícil controlar su comportamiento. El expresar los sentimientos de ira es como dejar salir el vapor de una caldera.

domingo, 9 de agosto de 2009

Cerrando el verano...

Nos llegó el tiempo de cerrar el verano y prepararnos para todo lo nuevo que comienza con el mes de agosto, Azul irá a la escuela con su hermano y yo comenzaré un reto nuevo que nunca imaginé y que me entusiasma mucho, seré maestra en la escuela de parteras! (y esa es también una de las cosas que me ha tenido ocupada estos días).
Pero antes de regresar a la normalidad, lo prometido es deuda, unas imágenes verdes de nuestras vacaciones...














Mucho verde, mucho aire libre, paisajes hermosos; papá estuvo siempre como pez en el agua pero la verdad es que los demás somos un poco más citadinos y tuvimos que buscar un refugio para "descansar de las vacaciones" antes del regreso a casa...



Y en el camino de regreso hasta pudimos turistear un poco.