miércoles, 12 de agosto de 2009

La primera adolescencia


El libro” denomina así la fase del desarrollo que ocurre más o menos a los dos o dos años y medio, una vez que el bebé deja de serlo pasando por una etapa de transición que le permite romper el equilibrio y alcanzar la madurez y la personalidad característica de un niño de tres años. Transcribo algunos de los conceptos matizados a mi manera ;) (quito lo que no me gusta y agrego anécdotas de mis hijos o lo que me parece pertinente según otras fuentes o según mi experiencia).

El niño en esta edad no es un buen miembro de ningún grupo social, y realmente no está preparado para una relación de grupo con sus iguales. Todavía necesita a su madre.
Tiende a ser rígido e inflexible. Le resulta difícil transigir, ceder un poco o adaptarse. Todo tiene que ser justamente como él desea. Se muestra exigente y le gusta dar órdenes. Puede invertir por completo sus demandas de manera brusca y vehemente (-quiero agua en el vaso verde! No, en el verde chiquito! No en el azul! No, la quería en el vaso verde grande!...).

Quizás intente hacer algo que evidentemente no puede hacer, como por ejemplo, atarse sólo los zapatos, pero rechazará furioso cualquier ayuda. Luego, cuando compruebe que no es capaz de hacerlo, romperá en llanto e incluso podrá reprocharte por no haberlo ayudado.
Es un periodo de emociones impetuosas, de borrascas y tensiones, y frecuentes cambios de humor. Es una edad de extremismos. A menudo le es difícil al niño efectuar una elección sencilla y clara, y atenerse a ella.

Con frecuencia resulta difícil presentarle cosas nuevas, tales como nuevas comidas o nuevas ropas. Prefiere la seguridad de lo viejo y lo familiar (-esta popa no es mía!, -pero la compramos ayer para la fiesta, recuerdas?, -no, no es mía, no la quiero!). El niño de dos años y medio es famoso por su rigidez, y cuando tropieza con unos padres rígidos hay que tener cuidado. El niño a esta edad requiere que tengamos mucha paciencia. Su capacidad para compartir, esperar y guardar turno es muy limitada.

Desde el punto de vista positivo, el niño en esta etapa es típicamente vigoroso, entusiasta y enérgico. Son encantadores por su exuberancia, su ingenuidad, su embelesamiento ante el mundo nuevo e intacto que perciben, su imaginación, su entusiasta pasión por la vida y su generosidad.

No perdamos de vista que en esta etapa nuestros hijos están aprendiendo su propia identidad frente a la conformidad social (es una versión en miniatura de la tarea que habrán de llevar a cabo mucho más tarde, en la segunda adolescencia a los 13-19 años).
Hay que tener en cuenta que el niño nace sin ningún sentido de su Yo o de su “individualidad”. En esta etapa del desarrollo es cuando el niño por primera vez adquiere una intuición real de su mismidad única y peculiar. Y una de las cosas que tiene que hacer para establecer su personal sentimiento de identidad es rebelarse contra sus padres y volverse negador. Con objeto de llegar a definir quién es él y qué quiere, tiene que pasar por una etapa de negación y desafío ante lo que nosotros queremos que haga.
Por primera vez en su tierna vida, está luchando contra sólidas tendencias dentro de sí. Con su comportamiento se está preguntando: ¿quiero hacer lo que mis padres me dicen que haga, o quiero hacer lo que me de la gana, que es justamente lo contrario? ¿O no es en realidad lo contrario? ¿y quién es ese “yo” que quiere hacer estas cosas? ¿quién soy yo a fin de cuentas?...


Gran parte del tiempo de esta etapa se caracteriza por una actitud que se podría resumir en una frase: ¡Por favor mamá, prefreiría hacerlo yo solo! Unas veces rehúsan la ayuda de su madre para vestirse, con el indignado comentario de ¡yo lo haré! Pero en otras ocasiones declaran que son bebés y que mamá debe hacerles todo: entre el afán de ser independientes y el deseo de prolongar la infantil dependencia de la madre.

Las normas y las coartaciones deben ser muy flexibles en esta edad. Sencillamente las reglas absolutas y rígidas no se ajustan a esta etapa del desarrollo, porque dicha etapa está llena de sentimientos e impulsos ambivalentes. En general es conveniente que los padres tengan normas y prescripciones firmes cuando el niño alcance los tres años en adelante. Pero entre el segundo y tercer cumpleaños, los padres harían bien en adoptar el sabio consejo de Emerson: “una necia firmeza es el fantasma de las mentes mezquinas”.

Lo primero que se ha de hacer con un niño en la fase de la primera adolescencia es ayudarle a fijar límites razonables a sus acciones. Pero, ¿cuáles son las limitaciones razonables para un niño pequeño? No hay una norma estricta, comienza por preguntarte a ti misma ¿cuál es el mínimo absoluto de negativas que debo imponerle a mi hijo a esta edad? Quizá te sorprenda descubrir que el número mínimo es más pequeño de lo que creías.
Pregúntate, respecto a lo que quieres que haga tu hijo de dos años: ¿Cuánta es la importancia de que haga algo o se abstenga de hacerlo? ¿Es lo bastante importante para convertirlo en un asunto de litigio? Hay suficientes negativas realmente importantes en relación con un niño de dos años (tocar una estufa encendida, cruzar la calle o tirarle arena a otros niños), para que tengamos que complicarnos nuestra vida y la suya con un montón de prescripciones verdaderamente insignificantes.
No hay una “lista mágica de prohibiciones” para un niño de dos años, cada familia, cada pareja de padres tiene un conjunto diferente de características y estilo de vida. Puede ser que un matrimonio sea relativamente complaciente y sólo considere importantes unas cuantas restricciones; a otro matrimonio sin embargo le resultaría muy penoso que sus hijos hicieran algunas de las cosas que aquellos les consienten a los suyos.
Dice textualmente Dodson: “no creo que sea de gran trascendencia cuáles son las limitaciones que impones a las ACCIONES de tus hijos, mientras esas limitaciones sean razonables y firmes, y puedas justificarlas ante ti misma y ante tu hijo”.

Cualquier madre de un niño de esta edad sabe que la palabra favorita de ellos es NO! Y no debería sorprendernos, después de todo, ha escuchado de sus padres la palabra No infinidad de veces más que la palabra Sí. Si reducimos al mínimo nuestros noes cuando el niño comienza a andar, seguramente se los escuchemos menos frecuentemente en la fase de la primera adolescencia. Pero de cualquier modo, seguiremos oyéndole la palabra no, junto con otras manifestaciones de negativismo: escaparse cuando lo llamamos, da patadas, caminar cojeando cuando queremos que lo haga rápido, o estallar en accesos de ira a gran escala. O como mi hija, que no me dice que No cuando la llamo, me dice amablemente –ya voy mami!, mientras se dispone a hacer otra cosa para entretenerse un rato más antes de acudir a mi llamado (se sienta y abre un libro por ejemplo).

¿Cómo afrontar ese negativismo nunca visto hasta esta edad en ellos?
En primer lugar, hay que distinguir el “negativismo verbal” del comportamiento verdaderamente negativo. Podemos decirle a nuestro hijo de dos años y medio. “Muy bien, tienes que ponerte el abrigo para salir a la calle” Y empezamos a ponerle el abrigo. “¡No, no quiero!” dice él mientras contradice sus palabras ayudándonos a meter los brazos en las mangas. Este es un buen ejemplo de negativismo verbal. Es como si estuviera diciéndonos “Yo se que afuera hace frío y que, en realidad necesito el abrigo. Y sé que tú eres más grande que yo y puedes obligarme a ponérmelo. Pero mira, mamà, reconoce que soy también una persona y déjame por lo menos protestar un poco.” Hay algo de diversión en este negativismo, que indica que el niño está jugando con su madre a una especie de “juego de desobediencia”. Si la madre no reconoce el carácter de travesura y de juego en ese negativismo y reacciona con rigidez ante la situación, puede crear una crisis de conformidad donde ciertamente no existía ninguna.
La autentica conducta negativa, no la mera resistencia verbal, se manifestaría en esta misma situación mediante el hecho de salir corriendo o de forcejear violentamente con su madre para evitar que le pusiera el abrigo. Si hace esto, aún le quedan a la madre varios modos de obrar. Si trata de ir a jugar al patio podrá decirle: “bueno, para jugar afuera necesitas el abrigo; pero a lo mejor prefieres jugar en casa”. Si él desea realmente jugar afuera, hay muchas probabilidades de que, a regañadientes, se deje poner el abrigo. Pero cabe la posibilidad de una situación diferente: por ejemplo si la madre va a llevarlo con ella a la calle, tiene prisa y no tiene tiempo para permitirse ser condescendiente. Entonces quizá haga falta que refleje los sentimientos de cólera de su hijo (“Ya sé que no quieres ponerte el abrigo; ya sé que eso te pone furioso”), al tiempo que continúa metiéndole los brazos en las mangas del abrigo.

Los adultos no son las únicas personas para quienes es importante una humillación. Tampoco a los niños de esa edad les agrada perder la dignidad. Podemos procurar eludir la confrontación total con un niño reacio, y hacer un pequeño gesto para salvar las apariencias, como el ofrecerle una actividad sucedánea, o darle además un abrazo o dos, si lo vemos conveniente. Pero sobretodo, al reflejar sus sentimientos negativos estamos impidiendo que quede mortificado. En efecto, le estamos diciendo: “sé que te sientes muy contrariado con esto, y tienes razón en sentirte así. Yo lo lamento de veras, porque sé lo que sientes. Pero temo que, sin embargo, tendrás que someterte a mi petición.”

Hay mucho más sobre esta etapa, el control de esfínteres, la entrada a la escuela, el tema de las diferencias de sexo... El libro le da varios capítulos de hecho, y me parece que lo aborda de una forma muy coherente y muy práctica. Ya me daré el tiempo de transcribir más de mis anotaciones porque a mi me han caido como anillo al dedo para guíarme en esta edad de mi Azul que es de un carácter más "reacio" que su hermano.

**La imagen es de Vicente Di Nguyen.

4 comentarios:

Mª Alejandra dijo...

Me encanto!!! y estare esperando mas anotaciones anciosa. mi bebe tiene 17 meses y esta entrando en esta primera adolecencia. Muchas graias!!!!

Mundo de Ariadna dijo...

muchisimas gracias!! como a alejandra me viene de perlas esta informacion!!!! mi peque tiene 19 meses y empieza a reafirmar su yo de manera bastante fuerte

Anónimo dijo...

Me viene como anillo al dedo con mi pequeñaadoracion de 26 meses. Lleva varios dias bastante necio y entre buscando informacion y la encontre....mil gracias, lo comparto!

Procesos dijo...

Gracias por esta informacion, la verdad es que he estado muy deseperada con esta etapa , mi hijo tiene 2 años 5 meses y esta muy rebelde y peleador con los demas niños, quiereo todo para el y su palabra favorita es no... me preocupe mucho de inicio porque antes no era asi, siempre ha sido llevado a su idea pero desde que cumplio los 2 años y 3 meses mas menos ha sido peor aun. Ojala hayan mas articulos que nos apoyen en esta dificil etapa. Gracias!