lunes, 3 de noviembre de 2008

Nuestro altar-ofrenda (día de Muertos)


En el año de 2003, la UNESCO declara a la "Festividad indígena dedicada a los muertos" en México como "Obra Maestra del Patrimonio Intangible de la Humanidad".

El origen del aspecto festivo se halla en la concepción de la muerte en la sociedad mexica, que formó parte del ciclo cosmogónico del devenir y no se entendía como un fin. La muerte es vista como un despertar, como un renacimiento a otro mundo, el mundo de los muertos. Según la forma de morir, se accedía a determinado lugar del inframundo.
Los guerreros muertos en la batalla y los que perecían en la piedra de los sacrificios iban al Tonatiuhichan (la Casa del Sol); se les llamaba los cuauhteca (gente del águila), y se convertían por cuatro años en compañeros del Sol desde el amanecer hasta el cenit, periodo después del cual volvían a la tierra transformados en colibríes.
Las mujeres que morían durante el parto iban a Cihuatlampa, el lado de las mujeres, y se las denominaba las cihuateteo; ellas se volvían compañeras del Sol desde el cenit hasta el crepúsculo, obtenían una vida inmortal y en algunos días funestos descendían a la tierra y provocaban enfermedades y terror.
Aquellos que morían por alguna causa relacionada con el agua (ahogados, de hidropesía, fiebre) iban al Tlalocan, el paraíso de Tláloc, y se hacían de una vida inmortal plena de placeres y abundancia.
Los niños pequeños tenían como destino el Xo-chatlapan o Tamoanchan (Lugar de nuestro origen), donde eran alimentados por un árbol nodriza que daba leche, el Chichihuacuauhco.
Los que tenían una muerte natural iban al Mictlán (Lugar de los muertos), en donde viajaban por cuatro años para finalmente extinguirse en la nada.

La imposición del cristianismo al mundo mexica, a pesar de la violencia con que llegó a realizarse, no consiguió desterrar del todo las antiguas creencias y cultos prehispánicos. Pero ciertas coincidencias entre ambas culturas –como las ofrendas, las penitencias y la vigilia– hicieron más sencilla esta tarea.
El culto azteca a la muerte fue casi totalmente erradicado. No obstante, el culto a los muertos se fusionó con el modo católico de honrar a los difuntos, lo cual se hacía al día siguiente de la celebración de Todos los Santos, el 2 de noviembre.
Fray Diego de Durán relata que los indígenas colocaban una ofrenda el día primero y otra el día 2, y explica que esto sucedía por ser una costumbre muy antigua entre los naturales. Es decir, que los indígenas adaptaron la primera fecha para el Mihcailhuitontli y la segunda para el Hueymihcáilhuitl.

En la festividad del Día de Muertos la ofrenda tiene un papel preponderante en la atención y servicio a los difuntos. La ofrenda no es de ningún modo un obsequio, sino un ofrecimiento. Un modo de compartir con los parientes fallecidos los frutos obtenidos durante el año.
Ella se prepara con antelación y solemnidad. La creación de la ofrenda muestra sentimientos de gratitud, amor y veneración, pero tras éstos se hallan también el miedo al disgusto y la insatisfacción que los muertos pueden sentir hacia sus familiares por olvidarlos.
Aunque los elementos que conforman la ofrenda son variados de una región a otra del país, pueden señalarse básicamente los siguientes:
1. Altar doméstico. Adornado con papel picado, palmillas.
2. Flores. Cempasúchil, cacalosúchil, crisantemos.
3. Ceras. Velas y veladoras dedicadas a cada uno de los difuntos, las cuales los guían en su camino a las moradas de sus familiares.
4. Alimentos. Desde las más humildes viandas, como los frijoles, hasta platillos muy sofisticados como el mole de guajolote.
5. Bebidas. Agua, café, chocolate, mezcal, aguardiente, cerveza, brandy.
6. Copal e incienso.
7. Dulces. Éstos destinados a los niños y dependiendo de la región del país se hacen con formas de animales o querubines; y también están las tradicionales calaveritas de azúcar.
6. Ritos de recepción.
7. Ritos de atención a los difuntos.
8. Ritos de despedida.

Llanto o dolor no existen, pues no es motivo de tristeza la visita cordial de los difuntos. La exagerada hospitalidad de los mexicanos es proverbial. Ésta se manifiesta a la menor provocación, aún más si los visitantes son sus parientes ya fallecidos. Hay que deleitarlos y dejarlos satisfechos con todo aquello que es de su mayor agrado y asombro: la comida.

Actualmente, el Día de Muertos en México, representa una mezcla de la devoción cristiana con las costumbres y creencias prehispánicas y se materializa en el tradicional altar-ofrenda, una de las tradiciones más mexicanas. El altar-ofrenda es un rito respetuoso a la memoria de los muertos, su propósito es atraer sus espíritus. Consiste en obsequiar a los difuntos que regresan ese día a convivir con sus familiares, con los alimentos y objetos preferidos por ellos en vida, para que vuelvan a gozar durante su breve visita. En la ofrenda o altar de los muertos no deben faltar la representación de los cuatro elementos primordiales de la naturaleza.Tierra, representada por sus frutos que alimentan a las ánimás con su aroma.Viento, representado por algo que se mueva, tan ligero como el viento, empleándose generalmente papel picado o papel de china.Agua, un recipiente para que las ánimas calmen su sed después del largo camino que recorren para llegar hasta su altar.Fuego, una vela por cada alma que se recuerde y una por el alma olvidada.En la ofrenda también se coloca sal que purifica, copal para que las ánimas se guíen por el olfato, flor de cempasúchitl que se riega desde la puerta hasta el altar para indicar el camino a las almas.
Ver más:
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Por toda la ciudad nos tocó en este fin de semana ver y disfrutar de las ofrendas. La más hermosa y representativa:




Y la nuestra: un altar dedicado a los niños pequeños que mueren y a los que aún no han nacido, que habitan -según la cultura mexica- en el Xo-chatlapan o Tamoanchan (Lugar de nuestro origen), donde son alimentados por un árbol nodriza que da leche, el Chichihuacuauhco.
Lo hicimos de dos niveles (simbolizando cielo y tierra).
- En el nivel de arriba, el cielo, los elementos agua y fuego: veladoras formando una cruz y florero. Las flores de cempasúchitl amarillas -color de luto prehispánico- y flores moradas -color del luto católico.
- En el nivel de abajo, la tierra: los productos de ésta frijol, arroz, frutas. Agua para apagar la sed del difunto, Pan de muerto .
El viento está representado por el papel picado.
- En el piso: una cruz de sal para purificar el alma del difunto y un camino de flores de cempasúchitl cuyo olor guía al difunto de la puerta de la casa a la ofrenda.
Sobre el altar también colocamos las tradicionales calaveras de azúcar que personifican a cada uno de la familia y que se regalan y se comen aquí en México en un ambiente festivo, haciendo eco del pensamiento pehispánico mexica que tenemos por herencia (el concepto de la muerte como un eslabón generador de energía).

5 comentarios:

Meninheira dijo...

Qué bonito cómo lo celebrais y qué bonito el altar que les habéis hecho a vuestros muertos. Aquí también hay una mezcla entre el catolicismo y las religiones anteriores.

Un besito

Ale dijo...

Gracias Meninheira, la verdad me quedé corta para exponer el cómo se celebra, es tan amplio que sólo me limité a poner lo relativo al altar-ofrenda.

Un abrazo.

soulwoman dijo...

Con tu permiso te enlazo la entrada. Un beso y felicitaciones.

Ale dijo...

Gracias soulwoman, un beso para ti también.

BLON LOUP BLANC dijo...

ESTA CHIDA TODA ESA INFORMACION