viernes, 18 de febrero de 2011

En crisis...

Mi niño crece, estamos por llegar al cumple número 6. Y noto que estamos entrando en un periodo de "crisis".

Uno de estos días por la noche me disponía a iniciar la rutina de dormir. Dí la "Segunda llamada" para leer el cuento y los niños ya estaban acomodándose en la cama... "tercera llamada", me disponía a comenzar la lectura y San se levantó de la cama y decidió irse al cuarto de tv...
"San, te vas a perder el cuento?" -Sí!!!...
Ok, continué la historia con su hermana, terminamos, apagué la luz.
Entra Santiago, se acomoda en la cama y me dice: ahora lee el cuento de nuevo mamá!
- No, lo siento, ya terminamos y tu hermana ya está durmiendo, es hora de dormir.
- Pero quiero que lo leas porque me lo perdí!! -gritando-
- Mañana lo volvemos a leer, ahora es tiempo de dormir -hablando bajito-
- Pero quiero que lo leaaaas!!
- Hijo, decidiste ver tv, estoy segura que disfrutaste la tv. No se pueden hacer dos cosas al mismo tiempo. Puedes elegir una, elegiste tv. Mañana si quieres, eliges cuento.
- Rabieta, golpeando las almohadas.
- Estás muy molesto porque te hubiera gustado escuchar el cuento, pero ya no podemos encender la luz, Azul está dormida, es hora de dormir...
- Siiii ! Y porque quiero que me cantes una canción para dormirmeee!
- te puedo cantar una canción y te puedo abrazar...
- (ya más tranquilo, acercándose a mi) mañana voy a elegir escuchar el cuento, no me gustó perdérmelo. Pero tienes que leer el mismo de hoy de acuerdo?
- De acuerdo...


El llamado a escuchar el cuento para dormir es libre, no quiero imponerlo. Así que este conflicto me dió la oportunidad de llevar a la práctica lo que había predicado, porque antes de este día ninguno de mis hijos había decidido no asistir. No me molestó en absoluto que San decidiera irse, y por supuesto que me hubiese tomado menos tiempo y esfuerzo leer nuevamente el cuento... Pero intuí que debía mantener mi postura para que él pudiera valorar el peso de su decisión. Claro que al hacerlo me dispuse también a tolerar su enojo, no podía esperar que lo tomara tan campantemente. Así que mientras él bufaba y golpeaba almohadas yo me mantuve con la misma serenidad, y reflejándole en palabras su enojo.

Pensaba que una vez calmado podíamos discutir soluciones y hasta estaba dispuesta a proponer leer la mitad del cuento a la luz de la ventana... Pero antes de lo que pensaba mi hijo logró desahogar la rabia y recomponerse para proponerme la solución que había encontrado por sí sólo.

Creo que el haberle reflejado su enojo con palabras le dió validez a su rabia y pudo sacarla rápidamente para encontrar el sentimiento de fondo: no quería cuento, quería mamá... Por eso me pidió que le cantara...

Obviamente el cuento era lo de menos, se trataba de un libro que hemos leído infinidad de veces... Creo que en realidad mi hijo está probando qué se siente alejarse de mamá, estirar el vínculo, y aún quiso volver dos pasos atrás, aceptó mi abrazo y me pidió arrullo.

Estos episodios se han dado varias veces últimamente, me recuerda mucho cuando tenía alrededor de dos años: cuando su cabecita va ideando a una velocidad nueva, y se siente seguro de dar un paso más allá, pero luego vuelve, y luego se va.

Rebeca Wild en su "Amor y límtites..." menciona tres crisis de crecimiento en donde suceden estos reajustes en los límites: alrededor de los dos años, alrededor de los 6-7 cuando pasan a la fase operativa, y por supuesto la adolescencia.

Encontré este artículo en la red y también me pareció muy cercano a lo que estamos viviendo estos días. Las negritas son mías, resalto los conceptos con los que me identifico. Y no está completo (en el link se puede leer completo, de la fuente original). Yo quité todo lo que no me gusta o no me sirve.

Crisis de los 6 años, un pequeño adolescente.
Súbitamente, nuestro hijo de seis años, en el que ya percibíamos algunos rasgos de madurez, ha sufrido una sensible transformación que parece un paso atrás en su evolución. De ser una criatura mimosa y encantadora, ha pasado -sin previo aviso- a ser todo un carácter impredecible: se rebela para imponer su voluntad sobre los demás, no acepta la autoridad, ríe hasta llorar, llora hasta perder el control... No hay quien entienda sus salidas.

¿Qué le ha pasado? Pues nada más ni nada menos que acaba de atravesar la llamada "crisis de los seis años".

Los seis años marcan, dentro del desarrollo del niño, una importante etapa de transición que conlleva toda una serie de reacciones fisiológicas y psíquicas.

Como ya ocurrió alrededor de los dos años y medio -y ocurrirá de nuevo en la adolescencia- el niño se sentirá durante unos meses desorientado, incómodo y con miedo, reaccionando a veces de forma desproporcionada, violenta o -como mínimo- desconcertante. Las causas son el propio desarrollo, los cambios que experimenta y las nuevas realidades de las que ahora toma conciencia.

En cualquier caso, no podemos olvidar que esas reacciones, propias de la segunda crisis de la madurez, tienen su origen simplemente en el acelerado desarrollo de su sistema nervioso, ante el cual el niño reacciona con todo su cuerpo y atravesando todo el espectro de emociones. Sus reacciones, por tanto, han de ser interpretadas como síntomas de su crecimiento, que tendremos que saber orientar acertadamente.

Del blanco al negro

Durante los meses que dura esta etapa de transición, la bipolaridad es uno de los rasgos más señalados en el niños, ya que siempre está entre los dos extremos... de lo que sea. Pasa de la risa al llanto, de la más tierna mansedumbre a una explosión violenta, del amor apasionado al más sincero desdén,... Va del blanco al negro con toda facilidad, pero tampoco es capaz de decidirse por ninguna opción en concreto, pues no es reflexivo y las alternativas le abruman.

Esta dificultad en el manejo de las ideas opuestas no tiene, sin embargo, mayor problema, pues irá superándola pronto, lo que significará para él un incremento madurativo. Podremos ayudarle explicándole los pro y los contras de cada opinión, o sugiriéndole -sin imponerle, salvo que se trate de algo importante- la más adecuada. Podemos explicarle lo que nosostros, en su caso, escogeríamos...

Sin medida

Ahora, casi todo es desproporcionado en sus reacciones: corre, entra, sale, le pega a su hermanito, lo colma de besos... No es capaz de controlar sus reacciones, ni de dominar sus impulsos.

Percibe más cosas de las que puede manejar, y esto le hace desarrollar un afán mayor de su propia capacidad. Las persigue y al minuto siguiente se muestra caviloso antes ellas.

Es mejor comprender su situación e intentar suplir esa falta de seguridad ofreciéndole puntos fijos, rituales inalterables que se repitan cada día. Como el beso de buenos días, recibirle con la merienda sobre la mesa, arroparle cuando se acueste, que los vea en la casa a las misma horas...

En este momento, vuestro hijo ya comienza a entender las horas y relacionarlas con el desayuno, la vuelta del colegio, etc. Si procuramos ser puntuales, estaremos ayudándole.

Rasgos de madurez

Aún con todo lo dicho, el niño de seis años ya puede tener algunos rasgos de madurez, que debemos estimular. Uno de ellos es su gran dinamismo.

Por ejemplo, le encanta comenzar actividades, pero no le desagrada que le hagan interrumpirlas porque aún no se concentra en ellas: simplemente, las olvida.

Una forma de orientar este activismo puede ser animarle a hacer deportes o practicar juegos que desarrollen sus músculos y estimulen sus sentidos.

Además, ya se acuesta sin armar un drama y le gusta desarrollar alguna actividad tranquila antes de dormir.

Es muy espontáneo, busca crear su propio campo de intimidad y compartirlo. Empieza a tomar conciencia de sí, y se preocupa. Sobrevienen también los miedos y las pesadillas.

También este espectro de rasgos es aprovechable, sobretodo porque podemos sacar partida de los momentos de calma previos a la noche para interesarle en la lectura u otras actividades de concentración.

Le encantará que prestemos atención a todo lo que espontáneamente nos cuenta y que le ayudemos a empezar a reflexionar sobre ello.

Será imprescindible, sin embargo, que respetemos su deseo de intimidad y hagamos surgir con naturalidad el flujo mutuo de secretos entre él y nosostros.

Él nos contará que se peleó con su amigo, y nosotros que el sábado le llevaremos al zoológico a él y a sus hermanos, de "sorpresa".

*** Imagen de Graham Francoise.

9 comentarios:

Patricia dijo...

Qué vértigo Ale...6!!!

Aquí me tienes que nos vamos a la cama en breve...(aquí tampoco gusta demasiado!!!)

María dijo...

Que buena reacción tuviste frente al enfado del peque!!! Yo no llevo bien que se me pongan "burricos", griten y no respeten el sueño de sus hermanos. Suelo acabar sacándolos de la habitación porque si no, se despiertan los otros dos y ya no hay manera...... y me cuesta muchísimo no enfadarme yo también y tener mi propia "rabieta personal2. En fin, tomo nota y espero saber tomármelo con más calma la próxima vez.

Mina dijo...

oooooooooooooooOoooOOOh!
Me ha servido mucho la información para entender algunas cosas que también nos están pasando.


Nosotros también hemos experimentado arranques de enojo. Y su forma de expresarlos es impulsiva y con violencia. Lo que sí me ha sacado de onda.

Me ayuda mucho tu experiencia. Gracias

Ale dijo...

Santiago siempre había respondido tolerante, hacía tiempo que resolvía conflictos casi por sí mismo sin ayuda adulta, se mostraba cooperador, dispuesto y respetuoso de las normas de la casa o del juego.
Y estos días uf! Sin ir más lejos hace cinco minutos:
- niños a lavarnos los dientes
- Odio lavarme los dientes así que no lo haré!
...

Sólo nos queda sacar paciencia de todos los resquicios y apelar a "San Padres liberados-hijos liberados" y a Sta Rebeca Wild para mantenernos en el papel de adultos racionales y no explotar a la par de nuestro pequeño que se hace grande a pasos agigantados!

Abrazos!

Albertina dijo...

Genial y de gran ayuda tu post, y buenísima tu reacción con San, te admiro :)

Anónimo dijo...

Me ha servido de mucho este artículo, mi hijo acaba de cumplir 7 años y parece que la crisis le ha venido un poco tarde, es ahora cuando está cogiendo las rabietas y se encierra en si mismo. Ahora lo comprenderé mucho mejor y dejare de enfadarme por no saber lo que quiere. Muchas gracias

Laura dijo...

Ale, gracias por el post. Al igual que anónimo, Gaia cumple 7 en 15 días, y su crisis toma forma mediante la rebeldía de no hacer, ni siquiera cosas básicas que ya tenía incorporadas (como lavarse los dientes o recoger su plato al terminar de comer).
Imprimí el artículo que adjuntaste, más algunas otras lecturas por ahí, para compartir con mi compi y llegar a acuerdos en cuanto a la manera de ayudarla a superar este momento de su vida.
Te mando un beso!

vilmati dijo...

"San padres liberados y Sta Reveca Wild" jajajaj me muero :D
Apelo a ellos también... que iluminen mi camino!

bebis dijo...

Creo que en nuestro caso ya la pasamos, pero la verdad,en su momento creo que a la que le costo mas trabajo fue a mi, ya que combinar la parte emocional con la intelectual para seguir respetando y demostrando amor, paciencia y empatía. Gracias.