miércoles, 6 de octubre de 2010

Semana Internacional de la Crianza en Brazos 2010


Quienes hemos criado a nuestros hijos entre nuestros brazos sentimos en carne propia la teoría de Jean Liedloff: que el estar en contacto constante con un cuidador activo es esencial para el desarrollo del bebé, que pone al niño en un papel participativo pasivo de lo que implica vivir en el mundo en el que le tocó (a través de su porteador(a) corre, camina, ríe, charla, cocina, va, viene...).

Y sin embargo puedo decir, ahora que ya no cargo casi a mis hijos (porque ya no se dejan), que no sólo (o casi que NO) los cargábamos por los beneficios para el desarrollo; el traer a tu bebé todo el tiempo posible en brazos es una experiencia de la que ningún padre debería perderse por el simple hecho de que esos momentos en el correr del tiempo se vuelven efímeros, pasan, y no vuelven.

Los hijos crecen, se bajan de tus brazos y se van alejando, cada día más. Tú por lo pronto te quedas con la satisfacción de haberte dado por completo, con el orgullo de verle alejarse y con la esperanza de que de cuando en cuando vuelva por un abrazo amoroso que tal vez te hace más falta a ti que a él.

Del cajón de la nostalgia:


Extracto de "Fase en Brazos" de Jean Liedloff.

El Papel Formativo de la Fase de en Brazos
¿Cómo llegué a ver en la fase de ir en brazos aquella etapa crucial para el desarrollo de una persona? Primero, vi la gente feliz y relajada en la jungla de Sudamérica, cargando siempre a sus bebés sin dejarlos nunca. Poco a poco, fui capaz de ver una conexión entre ese hecho tan sencillo y la calidad de sus vidas. Incluso, más tarde, llegué a ciertas conclusiones sobre cómo y por qué el estar en contacto constante con un cuidador activo es esencial en el estadio inicial del desarrollo tras el nacimiento.

Por un lado, parece que la persona que carga el bebé (normalmente la madre durante los primeros meses, y luego un niño de cuatro a doce años que devuelve el bebé a la madre para alimentarlo) está formando los cimientos para las experiencias posteriores. El bebé participa pasivamente en las carreras, paseos, risas, charlas, tareas y juegos del porteador. Las actividades particulares, el ritmo, las inflexiones del lenguaje, la variedad de vistas, noche y día, el rango de temperaturas, sequedad y humedad, y los sonidos de la vida en comunidad forman una base para la participación activa que empezará a los seis u ocho meses de vida con el arrastre, gateo y luego andar. Un bebé que ha pasado ese tiempo tumbado en una tranquila cuna o mirando el interior de una sillita, o al cielo, habrá perdido la mayor parte de esta experiencia tan esencial.

Debido a la necesidad del niño de participar, es también muy importante que los cuidadores no se queden sentados mirando al bebé ni que continuamente le pregunten lo que quiere, sino que lleven vidas activas ellos mismos. Ocasionalmente, uno no puede resistir darle al bebé un chorro de besos, pero, de todos modos, un bebé que está programado para observar la ajetreada vida que llevas se confunde y frustra cuando dedicas tu tiempo mirando como él vive la suya. Un bebé dedicado a absorber lo que es la vida, siendo vivida por ti, se sumerge en la confusión si le preguntas que sea él quien la dirija.

La segunda función esencial de la experiencia de la fase en brazos parece no haber sido percibida por nadie (incluyéndome a mí, hasta mediados de la década de los 1960). Se refiere a proveer a los bebés de un mecanismo de descarga de su exceso de energía hasta que no son capaces de hacerlo por sí mismos. En los meses anteriores a ser capaces de moverse por sí mismos, los bebés acumulan energía por la absorción de comida y de luz solar. Es entonces cuando el bebé necesita contacto constante con el campo de energía de una persona activa que pueda descargar el exceso no usado de ambos. Esto explica porque los bebés Yequana estaban tan extrañamente relajados y porque no se ponían rígidos, daban patadas o arqueaban la espalda para relajarse ante una incómoda acumulación de energía.

Para poder proveer una óptima experiencia de la fase en brazos tenemos que descargar nuestra propia energía de manera efectiva. Se puede calmar muy rápidamente a un bebé corriendo o saltando con él, o bailando o haciendo lo que sea para eliminar el exceso de energía propio. Una madre o padre que deben marchar de repente a buscar algo no necesitan decir “oye, toma el bebé que voy corriendo a la tienda”. El que tenga que correr que se lleve al bebé. ¡Cuanta más acción mejor!

Los bebés y los adultos experimentan tensiones cuando la circulación de energía en sus músculos está impedida. Un bebé repleto de energía no descargada está pidiendo acción: una carrera a galope alrededor del salón o un baile movido con el niño de la mano. El campo de energía del bebé se aprovechará inmediatamente del del adulto, descargándose. Los bebés no son las cositas frágiles que hemos tomado con guantes. De hecho, un bebé tratado como frágil en este estado de formación puede ser persuadido de que es frágil. Jean Liedloff

4 comentarios:

Patri dijo...

ME encanta que exista esta semana, no lo sabía. Sí, lo de criar en brazos es lo que te pide el cuerpo.

Mi padre nos metía dentro de su camiseta de tirantes y ahí nos callábamos siempre. Estaba inventando su propia mochila :))

Albertina dijo...

Wow, me encanto el extracto!! Ahora me explico porque mi hija siempre se calla cuando salimos por ahí y llora en la cuna... exceso de energía!!

Nosotros usamos el Baby Bag, pero estamos pensando en pasar a la manduca, el mei-tai o el fular... pero siempre en brazos!!

Ana dijo...

EL libro es buenisimo, y llevar a nuestros hijos en brazos, lo mejor que podemos hacer tanto por ellos como por nosotros mismos. Nosotros ahora estamos utilizando un mei-hip y estamos encantados!

Maulina dijo...

Llegué a pensar que me haría un hoyo en la cadera de tanto acarrear a mis niños en ella. ¡Una época feliz!