viernes, 9 de abril de 2010

Alternativas a los Elogios

Ya he puesto aquí y aquì antes artículos sobre las desventajas del elogio.
El elogio conduce a la dependencia de los adultos porque promueve que los niños confíen en las figuras de autoridad para resolver los problemas por ellos y para evaluar lo que está bien o mal. Cosa que va totalmente en el camino opuesto al que buscamos para el desarrollo de la Autonomía moral.
Ginott (1972) dice que: El elogio no conduce a la autoconfianza y autodeterminación o autocontrol. Si la figura de autoridad (padre o maestro) puede juzgar positivamente, también puede hacerlo en forma negativa. Al emitir cualquier juicio, hay una implicación de superioridad y se resta poder al niño para sus juicios sobre su propio trabajo”.
El elogio bienintencionado se ha visto en la práctica como elemento que promueve las comparaciones y la competencia, y para incrementar la dependencia del adulto por parte del niño. Demasiados elogios pueden generara en el niño ansiedad sobre sus habilidades, rechazo a la toma de riesgos y a intentar cosas nuevas, e inseguridad sobre la evaluación de sus propios esfuerzos.

Ante estas desventajas no es difícil decidirse a dar el paso de intentar dejar de lado los elogios que hacemos a nuestros niños. Pero, ¿cómo? Estamos tan habituados a los elogios que es difícil que no nos nazca desde las entrañas y con la mejor de las intenciones un ¡oh, qué bonito! Por cada logro que hacen nuestros pollitos.

Tampoco se trata de quedarnos mudos, siempre apostemos a ser auténticos.

En la convivencia con niños hay tres alternativas al elogio que podemos aplicar en el día a día. Usando estas estrategias los niños poco a poco van descubriendo que pueden confiar menos en el elogio, creando un ambiente en el que pueden cometer errores y aprender de ellos sin ser evaluados o juzgados, en resumen a confiar en ellos mismos y en su trabajo en vez de depender del juicio de un adulto.
Las tres alternativas:

1. Participar en el juego del niño.
Esto es, involucrarnos en lo que los niños están haciendo, apoyar las experiencias en el juego sin usar juicios de valor. Se trata de “decirles” a los niños por medio de nuestras acciones que lo que están haciendo es valioso y aceptado.
Ejemplo: cuando llegamos del cine Santi dibuja a los personajes de la película, y me pide un disfraz de vikingo. Tomamos uno de sus dibujos como “plano” y entre los dos hacemos y pintamos el casco vikingo al día siguiente.
Al participar de su juego, no sólo se demuestra que se valoran sus actividades sino también se le anima para desarrollarlas, abriendo las posibilidades para otros aprendizajes. Los adultos tomamos el rol de “catalizadores” para los niños mientras estos construyen con base en sus propios intereses.

2. Ayudar a los niños a describir sus esfuerzos y productos
- Mira mi dibujo!
- Oh, qué bonito!

Hay muchos problemas potenciales con esta frase. Primero: ¿qué significa bonito para el niño? A veces decimos palabras que no son realmente significativas para los niños. Dos: esta afirmación, aunque positiva, es un JUICIO del adulto que lo coloca como autoridad. Tres, ¿qué pasa con el dibujo del hermano que está pintando en la misma mesa? Elogiar a uno puede provocar que el otro niño busque lo mismo. En este caso, el comentario bien intencionado de la madre resulta en la comparación de los esfuerzos de los niños y en la competencia entre ellos, además de colocar a la madre en la postura de quien juzga.
La alternativa es animar al niño a que él mismo describa lo que está haciendo, cómo lo hace y cualquier otra cosa que a él le parezca importante. Una manera de hacer surgir estos comentarios es plantear preguntas abiertas: “¿quieres decirme sobre tu dibujo?

Y una vez que el niño comienza el proceso de discusión sobre el dibujo, el adulto puede extender la conversación de diversas formas. Una de ellas es referir en términos generales lo que el niño dijo para hacerle ver que está escuchando con atención: “Ah, hiciste a toda la familia en esta hoja”
Con este tipo de preguntas el adulto inicia el diálogo en el que el niño es el experto sobre su trabajo. Animar al niño a describir sus actividades estimula el proceso de pensamiento reflexivo.

Usadas adecuadamente, las preguntas abiertas ayudan a los niños a observar y describir lo que han hecho. Ellos recuerdan los puntos positivos y negativos de sus experiencias y los problemas que encontraron y resolvieron. Son mas concientes de su propio pensamiento y la solución de problemas y más capaces de apreciar y evaluar sus propias experiencias y logros.

3. Reconocer el trabajo o ideas de los niños haciendo comentarios específicos
Habrá ocasiones en que por mucho que nos queramos contener de hacer comentarios directos sobre el trabajo del niño será imposible, ya sea porque surge la necesidad como parte del diálogo con el niño o porque ese niño parece estar pidiendo reconocimiento por sus esfuerzos. En esos casos, en lugar de usar comentarios subjetivos como “qué bonito” “qué lindo” “muy bien”, los adultos podemos hacer referencia especifica a los detalles del producto del trabajo del niño o del proceso. Ejemplo: “es la primera vez que veo que armas este rompecabezas!” “veo que has trabajado mucho tiempo en ello” Estos comentarios específicos tienen la ventaja de ser inicio de una conversación.

En cambio, las frases de elogio con frecuencia entorpecen una conversación. “Buen trabajo!” puede comunicar el mensaje de que la conversación ha terminado y el adulto se está despidiendo o que no tiene tiempo y/o interés en dialogar sobre el trabajo.

**La imagen es de Josèe Bisaillon

6 comentarios:

Mari dijo...

He leído en varios sitios sobre este tema. Y siempre me quedo con mal sabor de boca. Siempre pienso que no hacemos nada bien.
Creo que no somos conscientes de lo lejos que llega un ¡Muy mal!, pero me cuesta todavía asumir que un ¡Muy bien! puede conseguir lo mismo.
Son muchos años perfeccionando los mismos errores, es difícil dejarlos en el camino y frustrante descubrir que las buenas intenciones no son suficiente.
Me informo, intento aplicarme, "hacer las cosas bien", pero me cuesta mucho prestar atención a todo, aplicarlo todo a la vez.
Ufff, es difícil esto de educar, enseñar, guiar, ... o cualquiera que sea la palabra adecuada.
Gracias por todo lo que enseñas, me hace aprender y crecer como persona.
Saludos.

Ale dijo...

Gracias Mari por comentar, no es nada fàcil es cierto, sobretodo por toda la carga que traemos "de serie", lo que cuesta màs es cambiarse el chip al inicio.
Pero poco a poco, entre màs relajadas mejor ;)
Saludos.

Fémina dijo...

Increible el libro "Cómo hablar para que sus hijos escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen". Tiene capítulo para todo lo que comentas...
Y cuando lo acabas, te dices: "Por favoooor, tengo que desaprender y volver a empezar de cero, y además lo tengo que hacer YA!!!"
:(

Mari dijo...

Hola Ale, quisiera ponerme en contacto contigo de una forma más privada, ¿cómo puedo hacerlo?.
Mari.

Ale dijo...

Totalmente de acuerdo Fémina =S =)

Mari, mi mail es alegmont@hotmail.com

Abrazos,

Anónimo dijo...

necesidad de comprobar:)