viernes, 30 de octubre de 2009

Más sobre Esfínteres


Sigue el tema vigente en casa.

Hace tiempo que no tenemos "escurrimientos" de día sobre todo. De noche alguna que otra vez por el frío supongo. De ponerse pañal de noche ni hablar, no acepta. Es cierto que es duro ser empático y respetuoso cuando por la madrugada te despierta el frío de una cama empapada, pero lo intentamos. Cuando noto que me va a salir el enojo me impongo pensar en que es un hecho de absoluta felicidad tener una niña sana que hace pipí, hecho que constata la integridad de las funciones de sus riñoncitos...(aunque suene a ello, no es broma, es muy triste el panorama de niños con insuficiencia renal, me tocó trabajar con ellos un tiempo de mi vida).

Ha logrado controlar esfinter vesical diurno y estamos muy contentas: no más charcos. Vamos al baño juntas y es divertido.

El problema, no quiere hacer popó en el baño. O no puede ¿?. Yo noto que una vez al día se pone nerviosa, va al bañito, se sienta, se levanta, se sienta, se levanta, se viste y se va. Nada. A los cinco minutos viene:

- mami, me cambias el calzón? Este tiene popó.
- hiciste popó en tu calzón, y dónde va la popó?
- en maño mami, te acuedas que un día hice en el maño, tenía foma de sempiente!
- aja, quieres hacer más popó en el baño?
- oto día mami.
Limpieza y se va tan campante como vino. Esto se repite toodos los días. Yo quiero creer que oto día llegará pronto...

Dicen los libros que es más fácil el control anal, que se logra primero que el vesical.
Dice M, toda una experta en el tema porque tiene toda una vida trabajando en la escuelita de mis hijos como responsable de cambiar pañales y acompañar al baño a cientos de niños de estas edades, que la mayoría controlan primero la pipí y luego la popó.

Desde luego que intento respetar a mi hija en el proceso, aunque haya días -o momentos- en que esto requiere de mi toda la paciencia y apoyo y comprensión que soy capaz de dar, como aquel día por la mañana que ibamos ya tarde para la escuela, yo con todas las bolsas-loncheras en mano, cierro la puerta de la casa, rebusco las llaves, abro el carro, trato de subirlos al carro y...pero mami, no me subas, tengo popó en el calzón...

Leí estos párrafos, en El libro, que vale la pena transcribir:

Hasta aquí, las cosas que he discutido en cuanto al control de las funciones excretorias son enteramente posibles de ejecutar por una madre, porque tienen que ver con sus acciones. Ahora quiero hablar de algo que cae fuera del control conciente de la madre: sus sentimientos sobre dicho control. Hemos de encarar francamente el hecho de que los adultos y los niños pequeños reaccionan de muy diferente manera a los productos de desecho del organismo. A un niño pequeño no le molestan unos pañales sucios. Hasta es probable que disfrute con su olor y su contacto. La mayoría de las madres no parecen experimentar tal grado de entusiasmo por los pañales. Para un crío sus heces fecales son una clase interesante de "barro marrón". Incluso le embarga una especie de orgullo por este "barro marrón" particular, ya que él mismo lo ha producido.

Ahora bien; es conveniente enseñar al niño a depositar este barro marrón peculiar en el retrete mediante una evacuación de vientre. Pero, a ser posible, hemos de evitarle que adquiera un conjunto de sentimientos negativos sobre ello. Esto quizá resulte difícil a causa de todos los sentimientos negativos que nos enseñaron a nosotros respecto a los excrementos y la orina (que se remontan a los lejanos días en que nosotros mismos fuimos adiestrados en estos menesteres). Nuestra mente inconciente sin embargo, no ha olvidado aquellos dìas. Es por esto por lo que una madre se comportará de un modo distinto cuando limpia a un niño que se ha ensuciado que cuando le está dando un baño. Suele manifestar repugnancia en sus ademanes y en las facciones de su rostro. Incluso puede que use ciertas expresiones típicas "Uf" "cómo apesta" "qué mal huele el nene"

Si la madre comunica tales emociones de asco al niño, este pensará que es "sucio" o "malo" por producir heces u orina. Esas actitudes pueden tener efectos nocivos sobre el desarrollo sexual del niño. Puesto que los órganos del sexo y los órganos de la eliminaciòn se hallan en estrecha proximidad, las actitudes adquiridas en el curso de este aprendizaje excretorio pueden generalizarse a los órganos sexuales. El niño acaso llegue a creer que los órganos de "allá abajo" son cosas malas y sórdidas.

Una madre no puede dominar los sentimientos que surgen en su interior cuando limpia a un niño que se ha ensuciado. Pero, en la medida de lo posible, si tiene sentimientos de nausea o aversión, debe guardárselos para sí misma. Lo mejor es una actitud natural, si puede lograrse.

Durante mis veinte años de experiencia clínica me han sorprendido las ingeniosas maneras como los padres pueden embrollar lo que es, esencialmente, un simple problema de enseñar a un niño una nueva habilidad. Si no te precipitas, si abordas la cuestión de un modo despreocupado e indiferente, y si respetas las propias señales biológicas del niño de su necesidad de vaciar los intestinos o la vejiga, entonces podrá llevarse a cabo sencillamente este aprendizaje, sin causar problemas psicológicos.


Este es un video-cuento divertido que nos recomendó mi amiga Lalit muy acorde con el tema.

1 comentario:

Mamá Gallina dijo...

Justo buscaba información con respecto al tema y me encontré con éste, en el blog de Zulema. Mi hijo tiene 3 años, ya controlaba ensfínteres pero a raíz de algunos cambios en casa tuvimos que empezar de nuevo. Mi hijo es muy suceptible a los cambios y yo pienso que el no controlar es por perdida de seguridad y cierta estabilidad, algo que estoy aprendiendo a controlar para poder ayudarle. Pronto postearé al respecto, peor bueno ya tengo una referencia y hasta una bibliografía. Gracias!