domingo, 8 de marzo de 2009

El sastrecillo valiente

Se nota por todos lados que crecen los pequeños de esta cama, uno de ellos comienza a deleitarse con las historias largas, libros sin apenas dibujos, sesiones más largas cada vez, la voz de papá como puerta de entrada a ese otro mundo en donde suceden cosas tan interesantes...

Érase una vez un sastrecillo que cosía afanosamente, y de tanto en tanto mordía una manzana.El aroma atrajo a las moscas y pronto hubo un enjambre de ellas a su alrededor. El sastrecillo tomó un trapo y lo descargó sobre la manzana. Al levantarlo descubrió que había matado a siete moscas. "¡Vaya, vaya!", dijo para sí. "¡Qué bueno soy! El mundo entero debe saber de lo que soy capaz."
El sastrecillo valiente, Narración de Arnica Esterl.
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...Papá o mamá volcados, todo voz, rostro y palabra, a la orilla de la cama. De cierta forma, sujetos, en el fluir del lenguaje. Sus ocupaciones adultas y sus prisas cotidianas, de las que nada entiende el niño pero que tan honda inquietud le causan, de repente se postergan. (Que no me pasen llamadas hasta que se acabe el cuento. Que la comida se enfríe o que se caiga el país). Entretanto, Rizos de Oro va corriendo por el bosque o Hansel y Gretel despiertan, en el terror de otro bosque. Y mientras dura la historia, el tiempo se ha detenido como en La bella durmiente . Las ruecas y los relojes y hasta el cochino en el fuego han dejado de dar vueltas. Y ese “Tiempo Otro”, el tiempo de las historias, le ha ganado la batalla al de la vida real.
¿Qué más se puede pedir? ¿Qué otra cosa es la lectura sino la revelación de que existe ese “Tiempo Otro” y de que existe también, “en un país muy lejano”, un “Reino Otro” en donde somos los amos, como el “pequeño tirano” que tiene cautivo al padre en el fluir de una historia? La exploración de ese mundo paralelo donde las cosas nos hablan, con un lenguaje cifrado, de nosotros y los otros, comienza en la primera infancia y los padres son El Libro de Cabecera: el primer texto que leen los niños. Indaguen en los vericuetos de su más antigua memoria y si no la creen confiable, busquen biografías ajenas, testimonios de escritores o incluso, vidas de santos. Todos les dirán lo mismo. Que han olvidado, quizás, el título de la historia o que el tiempo borró también sus personajes y hazañas. Pero que, entre la nebulosa, persiste inalterable la misma fascinación de haber vislumbrado aquel “Reino Otro”. Tal vez seguimos leyendo para recuperar el encantamiento de las voces que nos arrullaban y que espantaban las sombras. Y, paradójicamente también, para el efecto contrario que consiste en convocar aquellos miedos terribles que poblaban nuestra infancia y que era posible conjurar con palabras. (Los miedos y los conjuros van cambiando con los años pero, en el fondo, son los mismos hilos los que nos atan a los libros)...
Yolanda Reyes, fragmento del artículo: Dar de leer a los niños.

2 comentarios:

Meninheira dijo...

Sí! concuerdo en la importancia de los cojines!! :) nosotros tenemos un sofacito de gomaespuma y un montoncito de cojines :)

Ale dijo...

=) a ver si cuando los tengamos listos traigo foto del resultado final.
Un beso.