jueves, 22 de mayo de 2008

Hija de Hirkani


Navegando por la página de "La Liga de la Leche" me encontré gratamente con el libro Las Hijas de Hirkani, producido por LLL y WABA. Es un libro que recopila testimonios de madres que aún trabajando fuera de casa han tenido lactancias satisfactorias. Traje un pedacito del prólogo y por supuesto, la historia de Hirkani.

Luego me tomaré el atrevimiento de escribir aquí mi propio testimonio porque, orgullosamente lo escribo, soy una hija de Hirkani.

El libro entero está AQUI.


Un pedacito del prólogo, como aperitivo:
Las Hijas de Hirkani ¿sobre qué trata este libro? Es la pregunta que
quizás te estás haciendo ahora que tienes el documento en tus
manos.
También podrías estar pensando pero si hace millones de años que
las mujeres combinamos lactancia materna y trabajo. Cuando uno sale
de las grandes ciudades del mundo y vuelve a lo que fue la vida antes
una puede observar: mujeres lavando ropa en los ríos con sus niños
amamantados y cerca de ellas; mujeres que cortan leña con un niño en
la espalda y quizás otro en el pecho; mujeres que hacen pan o tortillas
con los hijos jugando y participando de la vida familiar; mujeres que
plantan legumbres en el campo también con sus hijos por ahí… pechos
al viento, brazos a la obra. ¿Te suena familiar?
El cambio más grande y profundo es que madres e hijos se separaron.
Ahora parece que trabajar y estar con los niños no fueran compatibles
. Se produjo una ruptura. Además como para separar más las
relaciones a muchas madres les dicen que para volver a trabajar tienen
que comprar leche no humana y hacer biberones. Esto no es cierto y
aquí tendrás muchos testimonios de madres que lograron trabajar
fuera del hogar y amamantar a sus hijos.
Para lograr mantener el vínculo madre e hijo se construyó toda una
estrategia que permite que las madres sigan proporcionando leche
materna. Dejar su leche es como dejar un poco de sí mismas. Esto por
supuesto es muy beneficioso para los niños pero también para la
madre: le alivia un poco la culpa de alejarse. Y le asegura una manera
de reencuentro al final de su jornada de trabajo.
En esta versión en español, de las Hijas de Hirkani encontrarás
mucha información sobre cómo puedes seguir con tu trabajo fuera de
casa y amamantar.


La Historia de Hirkani:
Hirkani fue una repartidora de leche que vivió en un pequeño
pueblo en las faldas de Raigad con su marido y su hijo. Ella y su marido
poseían ganado y sus ingresos provenían de la venta de la leche de
sus vacas. Su historia comienza durante una luna llena en el mes Hindú
de “Ashwin”, un tiempo llamado “Kojagiri Poornima”. Era un tiempo para
celebraciones jubilosas e unificadoras ya que los agricultores habían
finalizado la cosecha. Naturalmente, que los ánimos estaban altos en
estos tiempos de abundancia, especialmente en el reino del Rey Shivaji.
La ocasión demandaba extraordinarias cantidades de leche para la
cocina del palacio por lo que las repartidoras de leche de la vecindad
habían recibido instrucciones con antelación para viajar al fuerte a
entregar más leche. Hirkani nunca había visitado la capital antes; el
viaje le daría la ocasión de hacerlo. Había escuchado impresionantes
historias de palacios maravillosos, de un gran mercado y de muchas
pompas y esplendor acordes con la capital del reino. La noche anterior
a su viaje, soñó con todo lo que había escuchado. Sin embargo,
habían algunos obstáculos que harían este viaje de negocios algo difícil.
Su marido estaba fuera en una expedición militar y no había nadie
para cuidar de su pequeño. Además, debía organizar su viaje en el
intervalo de tres o cuatro horas entre las sesiones de amamantar. Era
una perspectiva atrayente y su familia necesitaba el dinero, por lo que
hizo arreglos para viajar. La tarde siguiente, Hirkani amamantó a su
pequeño abundantemente, lo acostó a dormir y lo dejó con amigos de
la familia.
Con emociones encontradas, se dispuso a cumplir su misión. El
viaje implicaba caminar unas pocas millas hasta la entrada del fuerte y
luego escalar 1,250 pies (420 metros ) hacia arriba, con adicionales
1,460 escalones para alcanzar la puerta principal del fuerte. El palacio
que había dentro estaba a media milla alejado de la puerta principal, y
la calle que llevaba hacia él pasaba por un animado mercado. Cubrir
esta distancia de un lado a otro con las pesadas jarras de leche era difícil
y parecía más complejo por el hecho que Hirkani tenía poco tiempo.
Por razones de seguridad las puertas del fuerte se cerraban a la hora
de la puesta del sol y no se volvían a abrir hasta la mañana siguiente.
Hirkani tenía miedo de ver lo que antes solamente había soñado.
Entregaron la leche en el palacio y ella y las demás repartidoras de
leche recibieron su pago. Naturalmente, el área estaba congestionada
ese día y Hirkani terminó separada de sus amigas. Las buscó en vano.
Finalmente, decidió emprender sola el regreso a casa. Sin embargo, con
la multitud y la confusión, no logró encontrar su camino hacia las puertas
principales. Hirkani había perdido tiempo muy valioso.
Pronto se asustó al escuchar a los cañones sonar, estos indicaban
que las puertas pronto se cerrarían. A cada disparo que escuchaba,
Hirkani corría más rápido. Cuando logró alcanzar la puerta principal,
era demasiado tarde. Las enormes puertas se cerraron bajo llave.
Hirkani rogó a los guardias que le abrieran pero sus suplicas fueron
vanas. Las puertas solo podían abrirse por orden del Rey Shivaji. El
imaginarse a su bebé, ahora hambriento en el pueblo de abajo, la hizo
sollozar. Su blusa estaba mojada de leche. Continuó llorando y finalmente
los guardias accedieron a llamar al oficial a cargo, quien iría a ver
al rey para intentar obtener el permiso para abrir las puertas.
El tiempo pasó y Hirkani se puso más y más nerviosa. Todo estaba
tomando mucho tiempo. El cielo estaba oscuro y la luna llena reflejaba
la preocupación o en su rostro. Su instinto materno la llevó a
explorar otra vía de salida, quizás una menos convencional. Se marchó
de la puerta principal y continuó caminando dentro del fuerte buscando
una vía de escape. Finalmente, encontró un lugar sin guardias. A lo
lejos abajo en el valle podía vislumbrar las luces de su pueblo.
Era imposible; se sentía angustiada separada de su pueblo y de su
hijo. Pero había una pendiente vertical que subía por más de 1000 pies
(330 metros ) de las profundidades de abajo. Ni siquiera el mejor soldado
de la armada del Rey podría aventurarse hacia abajo, era una
muerte segura. Mientras esperó, Hirkani no vio otra cosa sino el rostro
de su hijo y no escuchó sino su llanto. La luz de la luna llena no le ayudaba
pues la pendiente vertical estaba del otro lado. A pesar de ello
decide hacerlo. Comienza a descender y arbustos espinosos y piedras
filosas cortan su piel, inflingiendo heridas y dolor. Continuó su descenso
con gran determinación hasta que no sintió más nada. Para cuando
llegó abajo, sus ropas estaban en jirones y sus piernas temblaban.
Corrió hacia su choza y tomó en sus brazos a su bebé, sosteniéndolo
cerca de su pecho. Era casi la media noche, y la felicidad descendió
sobre la pareja madre-hijo así como los dioses poblaron el cielo para
ver la maravilla de la tierra.
En el fuerte del Rey Shivaji, la conmoción había comenzado. El Rey
había ordenado a los guardias que abrieran las puertas, pero estos no
lograron encontrar a la madre desesperada. Antorchas especiales se
encendieron para buscarla. La búsqueda finalizó junto a la jarra vacía al
borde de un precipicio. El rey se quedó horriblemente disgustado al
escuchar las noticias y asumió que la joven madre había muerto. A la
mañana siguiente, los caballos reales fueron enviados abajo para infor-
mar a su familia. Llegaron para escuchar el cuento de coraje que Hirkani
había vivido. El Rey Shivaji estaba muy impresionado con esta hazaña y
Hirkani fue apropiadamente honrada. El pueblo dónde vivió todavía
existe hoy día y se llama el pueblo de Hirkani; en su honor.
Las mujeres en las historias que ustedes están a punto de leer son,
de tantas formas, las Hijas de Hirkani. En el siglo veintiuno ellas también
están sobrellevando obstáculos para trabajar y amamantar a sus
bebés. Ellas también están buscando sus propios caminos alrededor de
las puertas que las personas cerraron delante de ellas. Y ellas también,
están ansiosas, temerosas y extrañan a sus hijos e hijas. Algunas historias,
comparten el drama de Hirkani; otras hablan con una silenciosa
calma. Todas son historias de mujeres evaluando sus opciones a través
de trepidaciones y latidos de corazón y, al final con coraje toman el
camino que mejor funciona para sus familias.
Hirkani, nuestra amiga de siempre, sabía bien la dificultad de
encontrar un equilibrio con cada uno de los peldaños que tomó cuando
descendió, despacio, pero firmemente la montaña.
_____________

MI TESTIMONIO.

Alejandra

Yo en la escuela de medicina aprendí que la leche materna era el mejor alimento para los bebés hasta los seis meses y a esta edad se comenzaba con la "ablactación": alimentación complementaria y el destete...lo juro, puse eso en mi exámen de pediatría y así me titulé de médico! Todos mis conocimientos de pediatría me han servido sólo para eso, para pasar excelentemente los exámenes pues el camino que siguió mi profesión está alejado de la atención a los niños. Y mi camino personal, bueno, cuando quise aplicar lo que dicen los libros a mi hijo recién nacido todo resultó en un desastre!

Así, mi primer parto fue inducido por pre-eclampsia moderada, totalmente controlado por oxitocina sintética, cuatro semanas antes de la FPP. Por supuesto, el primer alimento de mi hijo fue un biberón de fórmula. Seguido de lactancia mixta durante cuatro o cinco meses, luego, el destete.

Dicen que peor que no saber es pensar que se sabe.

Mi segunda hija vino, afortunadamente, a revolucionar toda mi vida. Nació por cesárea urgente eso si: con dos circulares a cuello, uno en la pierna, uno en el brazo y taquicardia fetal no se escapó de ser alcanzada por todo el rigor del razonamiento médico. Pero llegó a nuestras vidas exigente de lo que le correspondía: estar siempre en brazos, dormir entre nosotros y por supuesto alimentarse única y exclusivamente de lactancia materna. Esto lo traduzco hoy así de fácil, pero en su tiempo fue: llora si no la cargo, no duerme por las noches, llora si la pongo en la cuna, vomita siempre que le doy bibe, moriré de dolor por las grietas en los pezones...Fueron días de cambio, de cambio de ideas preconcebidas sobre todo, que me llevaron a ponerme a leer, por suerte pude cobijarme con las mejores fuentes de información, las que apoyan la crianza con apego y respeto.

Así comencé a ver que no era malo meterla en nuestra cama, que no era ningún "pecado" traerla cargada todo el tiempo sino todo lo contrario, era simple y sencillamente criar con el instinto, con el corazón abierto, con respeto a sus necesitades básicas.

Y comencé a leer sobre la lactancia materna pero no desde el punto de vista científico o médico (ese ya me lo sabía y no me sirvió de nada la primera vez), sino desde el punto de vista de una madre con el corazón recién abierto por todo lo que estaba aprendiendo sobre la vida, dolorida de saber que tenía que dejarla, a sus 30 días de nacida, para trabajar. Contrariada, entre la espada y la pared del instinto (no separarnos) y razón (no nos alcanza con un sueldo).

Por primera vez estaba sintiendo la lactancia como un lazo de amor, el alimentar quedaba en segundo plano ante la maravilla del contacto físico constante, la sensación de plenitud que da el sentirse "indispensable" para tu cría.

Así, cuando comencé a dejarla para irme a trabajar decidí que nuestra lactancia no terminaría ahí, no le iba a dar leche de fórmula NUNCA, para qué si yo era capaz de producir gratuitamente el mejor alimento para mi hija?, para qué si lo normal y natural es la leche materna.

Compramos un extractor de leche, con muchas dudas y temores...hasta entonces el único que yo conocía era un cono de cristal espantoso con una perilla de goma en un extremo que compré con mi primer hijo, lo usé una sola vez, un sólo "jalón" y solté un grito de dolor como pocos he soltado en la vida y se fué al bote de la basura...Así que es de entenderse mi "temor". Mi José, siempre a mi lado, me llevó y me ayudó a buscar el aparato que se viera "más amable". Compramos un extractor manual de Gerber.

Me leí el instructivo como cuatro veces y por fin me animé. Me costó trabajo encontrarle el truco, pero poco a poco, conforme pasaban los días, me iba haciendo una experta en "ordeñarme". Me iba a trabajar todos los días con mi extractor y dos biberones limpios. Afortunadamente en mi trabajo tenía todas las facilidaes, trabajaba en el consultorio de una empresa,tenía refrigerador a la mano, lavabo, y un cuartito -dónde se almacenaban los medicamentos- que acondicioné para sacarme leche: metí una silla cómoda y dejé libre un estante de medicinas para poner ahí mis utensilios. Así que todos los días me desaparecía 10 minutos, dos veces por día, y salía del cuartito con un biberón lleno de leche tibia...me lo guardaba en la bolsa de la bata y lo metía en el refri. Al irme a casa, metía en mi bolsa una bolsa de plástico con los dos bibes y una compresa de gel fría para que se mantuviera la temperatura. Luego en casa, si era entresemana, la leche se guardaba en el refri; si era viernes se iba al congelador.
Un día en plena extracción zaz, se botaron unos tornillos del extractor y dejó de funcionar. Yo medio en pánico salí de mi "cuartito" y en plan urgencia bajé de internet este documento con las instrucciones de cómo sacarse leche manualmente. Lo imprimí y me volví a meter a terminar lo comenzado. A partir de ese día todo fué mucho más fácil, la extracción manual para mi es la más práctica, más rápida y sin complicaciones.

La niña era cuidada por mi mamá y por mi suegra, en días alternos de la semana. Aleccioné a las dos abuelas sobre cómo calentar y descongelar mi leche...tuve todo el apoyo. Nunca las enseñé a darle con vasito o cuchara, eso lo aprendí mucho después, cuando ya estaban todos habituados a darle mi leche en el bibe. Afortunadamente nunca tuvo "confusión tetina-pezón". Todas las tardes, noches y fines de semana eran de "teta a barra libre".

Así estuvimos hasta los 11 meses, cuando dejé de trabajar por una temporada. Por razones que no vienen al caso comentar aquí estuve en casa con mis hijos unos cuatro meses y la más felíz fué la nena, por supuesto con la teta a libre demanda...tan felíz que se olvidó por completo del concepto "biberón" hoy en día no sabe tomar de un bibe, lo que no es teta lo come con cuchara, tenedor o vaso jeje.

Como ahora que regresé sólo trabajo medio día, ella ya tiene 18 meses y come de TODO, dejé de sacarme leche. Ahora desayuna teta antes de levantarnos, luego la dejo con las abuelas y come todo lo comestible que le pongan en frente hasta que llegó por ella...me recibe con una sonrisota de oreja a oreja y un grito feliz: -Mamáaa buba! Y de ahí hasta el día siguiente su dieta es "buba".
No recuerdo si alguna vez se ha enfermado, bueno si, creo que en una ocasión tuvo unas décimas de fiebre...pero nada más...las diarreas las pasamos sin pena ni gloria, igual que los mocos...le duran uno o dos días y tarán -desaparecen. Una vez como a los ocho-nueve meses tuvimos cándidas ella en la boquita y yo en los pezones, nos medicamos -la única vez en año y medio que ha tomado antibiótico- y pasó en unos días.

Ahora que lo veo un poco a distancia nuestra historia ha sido fácil, siempre encontré la forma de ir solucionando los pequeños baches que me encontraba, acompañada de el excelente foro de Crianza Natural y otros documentos que andan por ahí en la red, a pesar del sueño y el cansancio, con kilos de paciencia y mucha perseverancia. Ni mi mamá ni mi suegra lactaron a sus hijos, y sin embargo han sabido apoyarme incondicionalmente. Y cuando sentía que algo me rebasaba, siempre he tenido a mi lado un hombre maravilloso, que me hace ver el lado amable, que me da alas para continuar, que sana todo con un abrazo.

No me desgarré las ropas como Hirkani, sólo un poco el corazón cada mañana que dejo a mis hijos para ir a trabajar, afortunadamente son heridillas que sanan en cuanto nos reencontramos por la tarde y nos sentamos, con mi hija mamando por un lado y mi hijo abrazado por el otro contándome sus aventuras del día.

Llevamos 18 meses y cuando me preguntan que ¿Hasta cuándo? No sé que contestar, lo disfrutamos las dos tanto aún...Supongo que algún día terminará, pero no puedo decir ahora cuándo. YO todavía no me siento preparada, necesito ese vínculo, no tengo prisa por verla crecer, y bueno, no me levantaría a media noche para traerle un bibe teniendo la teta tan a la mano jeje. ¿Cómo será el destete? Creo que la primera de las dos que esté preparada convencerá a la otra y cerraremos el ciclo juntas, espero que con tanto amor y tanta entrega como lo comenzamos.

5 comentarios:

Noelia dijo...

Qué bonito haber encontrado tu testimonio y la historia de Hirkani en estos días tan difíciles que estoy empezando a dejar a mi hijo de 8 meses en la guardería para pasar 10 horas sin verle. No sé quién está llorando mas, si él o yo. Aunque él podría aguantar sin tomar leche todo este tiempo porque hace tres comidas al día siempre le dejo un poquito de leche para que le recuerde a mamá, y sí, para sentirme yo un poquito menos culpable por dejar a mi hijo que no entiende el motivo de nuestra separación. Buf, pensaba que ya lo estaba llevando un poco mejor pero necesito un pañuelo urgentemente, jeje.
Muchas gracias, me ha parecido precioso.

Ale dijo...

Gracias a ti por leer y tomarte el tiempo de dejar unas palabras, una nunca sabe a quién le pueden servir.
Compartir el dolor con quien nos entiende lo hace más llevadero. Así que te dejo un abrazo a ti y a tu peque...
Supongo que ya lo haces, pero ayuda mucho que las 14 horas que les quedan juntos no se separen ni un milímetro!

lactabia dijo...

Alejandra, gracias por este enlace...

Voy leyendo tu blog de a pocos, te "encontré" en CN, y me resultan muy interesantes tus artículos...

Si me permites, me gustaría enlazar este post en mi propio blog, y si ni te importa, añadirte a mis "páginas amigas".

Un besiño muy grande.

Patricia

Ale dijo...

Patricia por supuesto que puedes añadirme, muchas gracias!!
Iré a conocerte ;)
un beso para ti.

Anónimo dijo...

Que hermoso testimonio, muchas líneas con las que me indentifico al grado de me preguntarme cuando escribí esto :) muchas gracias en verdad, algún día llega el destete, mi hija se desteto a los 5 años y 6 meses y hasta la fecha no se sí aún estaba preparada para que se fuera de mí, pero ahora tengo un hermoso de 7meses que disfruto alimentar